La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, parece haber adoptado una particular forma de medir el pulso social de España: a través de encuentros fortuitos en su vida cotidiana. Díaz ha decidido trasladar el debate político desde el Congreso a las puertas de los colegios y al interior de los taxis madrileños, recurriendo a relatos que rozan lo novelesco.
En su última intervención tras el Consejo de Ministros, Díaz ha querido escenificar el supuesto apoyo de votantes de la derecha a sus medidas asegurando que su actividad física diaria se ha convertido en un foro de consulta ciudadana. "Ayer me fui a correr con mi hija; claro, me han parado muchas personas por la calle que están pendientes de esta votación", relató Díaz, refiriéndose al decreto del alquiler. Según su testimonio, los ciudadanos la abordan para transmitirle su preocupación por la vivienda, asegurándole que, aunque no voten por ella, lo que quieren "es que me mantengan un precio del alquiler razonable".
Sin embargo, esta tendencia a la anécdota personal alcanzó su punto álgido al analizar su choque con la formación de Ione Belarra. Ya el pasado año, Díaz, que calificó de "incomprensible" el voto negativo de los morados, no dudó en utilizar el entorno escolar de su hija para reforzar su postura. "Esta mañana he ido a llevar a mi hija al colegio... y había, desde luego, un enfado... muchísimo enfado con las formaciones que han tumbado una norma", afirmó con énfasis. Para la ministra, el termómetro de la indignación nacional se encontraba en ese momento en la puerta del centro educativo.
El repertorio se completó con la figura de un taxista cuya identidad gramatical se desdibujó en el relato de la vicepresidenta: "Este día iba con un taxista y me decía, pues efectivamente, que estaba asombrada con lo que había hecho Podemos". Esta mezcla de géneros en una misma frase y la conveniencia de los testimonios recogidos han levantado suspicacias sobre la veracidad de estos encuentros. Mientras la realidad legislativa le asesta golpes, Yolanda Díaz parece decidida a construir una realidad paralela donde cada ciudadano que se cruza en su camino, ya sea al volante de un taxi o en un parque, avala su gestión y condena a sus rivales políticos.
