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Agapito Maestre

El próximo veraneo

Sánchez tiene todos los ases: por un lado, él tiene la facultad exclusiva de convocar elecciones y, por otro, también de él depende retrasarlas.

Europa Press

Leo en este periódico una información muy bien redactada sobre el futuro veraneo del presidente del Gobierno. Prevé esta noticia que Sánchez podría volver a veranear en La Mareta. Calcula el redactor con buena puntería, y mejor interpretación de la ley, que Sánchez podrían apurar los plazos para convocar los comicios en medio del período vacacional: "Es posible que Pedro Sánchez vuelva a dormir en La Mareta durante la temporada estival del año que viene porque el margen legal que tiene para mantener la legislatura llega hasta el verano de 2027. Es más, la fecha máxima para celebrar los comicios sería el 22 de agosto de 2027, según los plazos que establece la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg)".

Quiero pensar que la mayoría de los lectores de esta noticia habrá sentido el mismo desánimo que un servidor de ustedes. Es desolador siquiera plantearse cómo podemos aguantar otro año este cautiverio al que nos tiene sometido el tirano Sánchez. ¿Tirano? Sí, porque retuerce la ley a su gusto y provecho personal. ¿Tirano? Sí, porque desgobierna al margen del Congreso y del Senado. ¿Tirano? Sí, persigue a la Oposición. Tirano es, sin duda alguna, por muchos otros motivos y, sobre todo, por una razón: ha reducido la democracia a una vulgar regla aritmética, a saber, el poder lo posee, sí, sólo quien tiene un voto más que un supuesto oponente. Eso es no democracia. Eso es la justificación de la tiranía. La democracia es otra cosa.

Repitamos, pues, evidencias que seguirían demostrando que esto no es una democracia. El tirano no ganó las elecciones del verano de 2023. Desde entonces hasta aquí, ha perdido por completo la poca legitimidad que alguna vez tuvo para gobernar, o mejor, para seguir desgobernando el país con el apoyo de los exterroristas y separatistas. Está rodeado de corrupción por todas partes. Ha demostrado con creces ante el mundo entero su incapacidad para gestionar cualquier problema, llámese Covid-19, DANA de Valencia, el accidente ferroviario de Adamuz, incendios forestales, etcétera, etcétera. La última de las atrocidades a las que nos ha sometido: es largarse de vacaciones, mientras unos invasores ocupan una parte del territorio de España. Ceuta es ya una tragedia nacional, pero quizá sea, por desgracia, el último clavo ardiendo al que se agarrará Sánchez.

Esta última tragedia pudiera ser utilizada por el tirano, una vez más, para perpetuarse en el poder. Es cierto que la ineptitud para abordar la crisis de Ceuta, una de las más graves de toda la historia de España, es otra prueba de que las tiranías no resuelven nada, pero, paradójicamente, pudiera serle muy útil si el asunto se empotra en los intersticios del poder como una enfermedad sin solución. En efecto, si la situación de Ceuta sigue degradándose en el tiempo y en el número víctimas, y, naturalmente, extendiéndose por toda España y Europa, nadie dude de que el tirano podría utilizar la Constitución para prorrogar la legislatura a través de la declaración del Estado de alarma, de excepción, o de sitio. Sí, sí, es difícil la operación, pero nadie la descarte en un régimen tiránico con una oposición tan blanda y sin capacidad de reacción ante catástrofes de esta envergadura (¿o acaso para entonces ya se atreverá Feijóo a plantear la moción de censura?).

Sánchez sigue teniendo todo el poder en sus manos para convocar elecciones mañana, en agosto de 2027, o peor, alargar la legislatura todo el tiempo que se lo permita el 116.5 de la Constitución: "No podrá procederse a la disolución del Congreso" (o sea no habría elecciones) "mientras estén declarados algunos de los estados comprendidos en el presente artículo (estados de alarma, de excepción y de sitio), quedando automáticamente convocadas las Cámaras si no estuviera en período de sesiones". La Constitución no permite alargar la legislatura más allá de cuatro años en situación normal, pero el artículo 116.5 permite retrasarla más allá de cuatro años en situaciones excepcionales: catástrofe natural grave, epidemia, crisis sanitaria (estado de alarma), alteración grave del orden público y de derechos fundamentales (estado de excepción); insurrección o ataque contra la soberanía de España (estado de sitio).

En fin, Sánchez tiene todos los ases en su mano: por un lado, solo él tiene la facultad exclusiva de convocar elecciones y, por otro lado, también de él depende retrasarlas… ¿Cree alguien con un poco de sentido común que Sánchez se autolimitará en el ejercicio de esos dos poderes? Quien responda con una afirmación, obviamente, estaría haciendo de Sánchez un demócrata. Pero sospecho que somos mayoría los que pensamos lo contrario. O sea, Sánchez, como dicen mis compañeros de Libertad Digital, podría muy bien pasar las próximas vacaciones en La Mareta, y yo añado: e incluso podría alargar la legislatura de 2023 hasta la fecha que a él le apetezca.

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