
Ningún país de la Unión Europea ha sufrido una invasión 'migratoria' tan dura como España. La ciudad de Ceuta figura ya en el centro del mapa de las guerras híbridas o bastardas del siglo XXI. El mundo entero sabe que Marruecos ha invadido España. Sin embargo, el Gobierno sanchista niega con facundia y chulería que Marruecos tenga culpabilidad alguna en el asalto al territorio español. La mentira sanchista, aparte de abochornar a cualquier ciudadano de bien, circula con toda normalidad por España. Basándose en ese engaño es obvio que Sánchez puede hacer cualquier cosa por terrible que nos parezca. Por ejemplo, está culpando al PP de ser el responsable de la mala gestión de la crisis ceutí. Puede resultarnos obsceno que el Gobierno de Sánchez culpe a Vivas, presidente de Ceuta, de no saber administrar los recursos de la ciudad para expulsar a los miles de ocupantes, pero es un asunto real que está calando en las almas purulentas y enfermas de los millones de votantes socialistas.
El sanchismo insulta a la inteligencia cuando culpa a Vivas de la crisis de Ceuta, pero tiene efectos reales en una población cuyo principal ideal es llenar la andorga… Por otro lado, es menester reconocer que el tal Vivas, un tipo del PP que desprecia a VOX, se ha ganado a pulso el insulto de Sánchez por gobernar con el PSOE. ¡Quizá a Vivas le haya faltado coraje para tomar medidas cuando se inició el regreso de parte de los ocupantes! Pero, por favor, culparlo de la crisis de Ceuta resulta una tropelía propia de Sánchez, o sea, de un tirano del siglo XXI.
Nadie es capaz de prever cómo acabará la invasión de Ceuta administrada por Sánchez, pero lleva camino de convertirnos a todos los españoles en cómplices de Marruecos. Sí, cacareamos y nos quejamos en las redes y en los periódicos de la invasión de Ceuta, pero reconozcamos que apenas existe tensión, fuerza y energía en la sociedad civil española para enfrentarnos al sanchismo. La prueba de lo que digo es que Sánchez sigue en La Mareta de vacaciones, mientras España se hunde. Desaparece. Sí, nadie ha tenido el valor de convocar ni siquiera una mísera manifestación contra la invasión. Sí, la sociedad civil española está tan muerta como la anodina oposición de PP y VOX. Sí, Sánchez es el único tipo vivo y coleando en este infierno político. Sigue mandando.
Todos estamos esperando que llegue septiembre para ver qué hace Sánchez, los más optimistas creen que convocará elecciones, pero no hará nada. Por eso, precisamente, es un tirano. Él se sabe ganador, porque ha conseguido imponer ya su ideologema totalitario: "Marruecos no es culpable de la invasión de Ceuta". Eso lo repiten hasta el hartazgo todos sus ministros y sus miles de voceros. Y si no es Marruecos el culpable, entonces ¿quizá sean las mismas mafias que lo mantienen a él en el poder? Hasta el más indocumentado sabe que el primer culpable de la crisis de Ceuta es Marruecos, pero Sánchez mantiene todo lo contrario. He ahí la esencia de un tirano: la absoluta arbitrariedad. Esa terrible veleidad política, ese desafuero ideológico, en fin, esa canallada contra el sentido común confirma mi peor predicción: el daño es irreparable, dije el otro día de la invasión de Ceuta, que ha sido patrocinada por el gobierno de Marruecos y silenciada por la tiranía sanchista. El sujeto patrocinador de la invasión es tan obvio que no perderé una línea más en denunciarlo. Pero debemos reparar en la canalla que oculta con su silencio al invasor, o peor, lo apoya y defiende de múltiples maneras…
En fin, el moro de Marruecos y su amigo Sánchez han conseguido dejar sin presente y, lo que es peor, sin futuro la ciudad de Ceuta. Eso es lo terrible. La mayoría de los españoles dan por perdida una parte del territorio español. ¿Qué hacemos los españoles? Quejarnos. ¿Hasta dónde llega la queja? No creo que pase del vocerío del bar de la esquina y del chiringuito de la playa… La España moderna, fundada por los Reyes Católicos y mantenida hasta Carlos IV y su hijo, desapareció (sic) con la secesión de la España de ultramar y no pasó nada. Ni siquiera don Benito Pérez Galdós, el mayor escritor de España después de Cervantes, le dedicó un Episodio nacional a una de las cien guerras civiles que condujeron a la ruptura orgánica de España, o sea a la separación de la España peninsular de la de ultramar. La pérdida final de Cuba y Filipinas, en 1998, no fue otra cosa que un toque de atención para quienes no se habían enterado de que España ya no era nada sin la América española, o sea, en el 98 se armó un poco de escandalera en los corrales literarios, pero también se olvidó muy pronto lo esencial: España había muerto con la separación orgánica de América. Por lo tanto, nadie se extrañe ahora de la crisis de Ceuta… España, hoy, es más un gentío que una nación.
