
Una invasión sin armas ha sufrido España. La irresponsabilidad organizada del tirano Sánchez nos ha situado al borde del abismo. En este contexto ha estado oportuno Donald Trump recordándonos de dónde venimos. Nuestras derrotas militares desde 1898, o quizá antes, son celebérrimas, pero aún son más famosas las torpezas de nuestros políticos para no sacar ninguna enseñanzas de ellas. Es realista el jodido yanki. Es un gran hombre de Estado. Porque Trump es uno de los más grandes políticos (sic) que ha dado la historia política contemporánea, debemos prestarle atención: España perdió en el pasado —ha dicho el inteligente Trump— hasta lo que no está en los escritos. Para qué abundar en lo de Cuba, Filipinas, etcétera. Y parece que nuestro destino, como sabían los grandes filósofos de España del XIX y el XX, es la desaparición de lo que tantos siglos constó construir: la Nación. Yo no me resigno, pero la realidad es antes que la verdad. Y lo real está a la vista: España como nación está moribunda. Perdonen que levante acta de esta obviedad. Pero la cosa de la UE, por arriba, y lo de los separatismos "hispánicos" por nuestras partes bajas, tiene a la Nación tiritando.
La nación española, perdonen por la reiteración, apenas existe. Dicho de otro modo, el terrorismo instalado, primero, en el Norte de la península y, más tarde, extendido por todas partes, por un lado, y el nihilismo que recorre las venas del español sentado, por otra, no conseguirán que la Nación emerja de sus cenizas. La crisis de Ceuta ha sido una oportunidad para vencer esas dos lacras de la España de la Transición y de los socialistas y peperos, pero sospecho que se ha convertido en su contrario. La deriva de Ceuta y, muy pronto, de Melilla asentará sobre nuevas bases la violencia y el nihilismo hispánicos. Hoy por hoy, este entramado de arevacos y vectones, llamado España, es el hazmerreir del mundo entero… No le pongamos, pues, malas caras al heraldo norteamericano. El yanki sólo pone expresión a lo real y, además, no está muy alejado de decir la verdad.
No matemos al mensajero, porque podría vengarse de nosotros. Su apoyo al moro ha sido sólo un recordatorio de lo que nos puede pasar. Ceuta, Melilla, las Canarias, etcétera podrían fácilmente caer. No hagan aspavientos. No sean ilusos. No insulten a Trump. ¿O acaso nos salvará el Ejército español? El "glorioso" ejército español lo fue sólo por sus derrotas. Ha sido durante el siglo XIX y el XX un desastre. Ha perdido todas las guerras y, por si fuera poco, no pudo evitar la peor de todas: la Guerra Civil. Allí todos perdimos. Y parece que seguiremos perdiendo. Asumamos la derrota y, de paso, busquemos culpables, porque la cuenta atrás de esta historia ya ha comenzado. Nadie saque pecho por las instituciones que colaboran al desastre de la nación. ¿Alguien espera algo de un tirano que se va de vacaciones, mientras es invadido el territorio nacional? ¿Qué decir de unas Cortes, representantes de la "soberanía nacional", que cierran por vacaciones, mientras Europa entera clama por la invasión de Ceuta? No mencionaré al Rey porque ese negociado es un viejo asunto socialista —casi siempre la corona se plegó al rollo sociata—. Qué decir de los políticos del PP y VOX, que cacarean y cacarean contra el tirano y su monarca, pero no hacen nada efectivo.
Mandemos, pues, al carajo los lloriqueos periodísticos que inundan todas las cabeceras de los medios de comunicación y preguntemos a los historiadores: ¿cuánto tiempo de vida le queda a España como Estado-nación decente y honesto en una Unión Europea que ya huele a sangre? Si este interrogante no les gusta, corran a la IA y pregúntenle: ¿tiene sentido acusar a Sánchez por delito de Alta Traición a su nación ante la Corte Penal Internacional?
