El primer ministro de Israel, Barak, responsabiliza al dirigente de la Autoridad Nacional Palestina, Arafat, de la ola de violencia que desde el pasado 28 de septiembre sacude a Gaza, Cisjordania y Jerusalén, y esperó hasta último momento para dar su consentimiento, en tanto que Arafat acusa a Barak de emprender una "represión brutal" contra su pueblo alzado en la defensa de su derecho a constituir un Estado.
La presencia del primer ministro israelí ha sido confirmada por su portavoz, Gadi Baltiansky, quien ha precisado que la cumbre no abordará "cuestiones de fondo" del acuerdo final entre ambos pueblos.
Yaser Arafat ha llegado ya al lugar de la reunión. Por la tarde de este sábado se espera la presencia de Kofi Annan, secretario general de la ONU, quien ha indicado que los dos líderes se reunirán “sin condiciones previas”.
Los grandes objetivos de la reunión serán concertar un acuerdo para un alto al fuego y lograr la reanudación del proceso de paz, en estado de "muerte clínica" desde que se desencadenó la "intifada" o levantamiento palestino a finales de septiembre. Desde entonces han muerto ya más de cien palestinos y siete israelíes, y resultaron heridos otros 3.000 palestinos, unos 200 de ellos soldados y policías israelíes.
En medios militares de Israel, en pie de guerra, la evaluación de la crisis antes de que se anunciara la celebración de la cumbre era "suicidas islámicos de Gaza Cisjordania lanzarán una ola de atentados" en ciudades de este país, y que la actual "guerra de baja intensidad" se prolongaría indefinidamente.
Otra de las consecuencias del previsible alto del fuego es que Barak podría renunciar a constituir un "gobierno de emergencia" con la participación del polémico general Ariel Sharón, líder de la oposición y del bloque populista de derecha Likud, y desencadenante de la ola de violencia, con su visita el pasado 28 de septiembre, a la Explanada de las Mezquitas sagradas de Al Aksa y de Omar, donde judíos y musulmanes se disputan la soberanía política.
También legisladores del bloque pacifista Merets ponían en dudas su participación en un "gobierno de emergencia", si Barak aceptaba el ingreso de Sharón al Consejo de Ministros por considerar que ello implicaría el fin del proceso de paz con los palestinos.
A diferencia de Barak, la derecha israelí se opone a un Estado palestino en territorios de Cisjordania y de la franja de Gaza, y rechaza el control palestino en los barrios árabes de Jerusalén.
Arafat ha recibido garantías de la Unión Europea (UE) de que Barak, también ministro de Defensa, ordenará el regreso a sus bases de los carros blindados y tanques que desde el jueves pasado, tras el linchamiento de dos soldados judíos en Ramala, mantienen bloqueados los accesos a la franja de Gaza y a todas las ciudades palestinas.
El ministro israelí de Asuntos Exteriores, Shlomo Ben Ami, que ha descrito a Arafat como "un factor desestabilizador" en Oriente Medio, y puso en dudas la posibilidad de concretar la paz con él, había insinuado antes de que se hiciera oficial la presencia de Barak, que asistiría a la cumbre de Sharm el-Shej si aquel renunciaba a las condiciones que ponía para un alto al fuego.
El líder palestino exigía para participar que Barak retirara antes sus efectivos del sitio que impusieron a unos tres millones de palestinos en Gaza y Cisjordania, y que una "comité internacional" investigue los orígenes de la sangrienta crisis y la represión.
La condición de Barak era que "Arafat ponga fin de inmediato a la violencia" contra sus soldados y los colonos de los asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza.
