L. D. / Martín Higueras
Desde su segunda fuga del Perú el 23 de septiembre de 2000, las autoridades peruanas han intentado descubrir sin descanso el paradero del ex asesor presidencial. Todas las investigaciones indicaron que éste se encontraba en Venezuela. Sin embargo, el Perú sólo recibió negativas por parte de Caracas. Muchos de los ministros de Chávez aseguraron que Montesinos no se encontraba en Venezuela.
Incluso el ministro del Interior venezolano, Luis Miquilena, dijo que Montesinos habría podido estar en su país, pero que probablemente habría viajado a Colombia, gracias a sus contactos con los narcotraficantes, lo cual fue desmentido de inmediato por su homólogo colombiano. Luego, se supo de su operación de cirugía estética en una clínica de Caracas.
La inevitable pregunta es entonces la siguiente: ¿es una coincidencia que Chávez anuncie la detención de Montesinos en plena Cumbre Andina? También podríamos preguntarnos la relación entre este feliz anuncio con la visita que hace unos días realizó Chávez a Lima con el fin de entrevistarse con el presidente electo de Perú, Alejandro Toledo.
No podemos dejar de lado el hecho de que tras el golpe de Estado fallido realizado por Chávez en 1992, muchos de sus seguidores uniformados fueron recibidos en la ciudad de Iquitos, en Perú. De ahí, tal vez, la relación que se sospecha tiene (o tenían) Chávez con Montesinos.
Lo cierto es que tras este arresto, más de uno debe estar temblando en el Perú por lo que pueda revelar Montesinos en los innumerables interrogatorios a los que será sujeto. También es posible que, gracias a sus declaraciones, el Perú tenga nuevas herramientas para conseguir que Japón extradite a Fujimori y sea juzgado por las acusaciones que se le imputan.
Sin temor a equivocarnos, Montesinos ha sido unos de los hombres (junto al líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán) que más daño le ha hecho al Perú en los últimos decenios. Contra él existen innumerables acusaciones de diferente calibre. Desde la compra de muchos congresistas hasta matanzas sanguinarias como las de Barrios Altos, en la que murieron 16 personas, entre ellos un menor de edad, y la de La Cantuta, donde miembros del Grupo Colina, organizado por Montesinos, ejecutaron a nueve estudiantes y un profesor, sospechosos de pertenecer al grupo terrorista Sendero Luminoso. Todo esto, pasando por su relación con el narcotráfico y el cobro de millonarias sumas de dinero por el tráfico de armas.
Si la Justicia peruana, que ya no está atrapada por la telaraña del régimen fujimontesinista, hace correctamente su trabajo, podremos ver pronto tras las rejas a Montesinos. Quién sabe, vestirá también el famoso traje a rayas que él mismo hizo utilizar a los sanguinarios terroristas.
Desde su segunda fuga del Perú el 23 de septiembre de 2000, las autoridades peruanas han intentado descubrir sin descanso el paradero del ex asesor presidencial. Todas las investigaciones indicaron que éste se encontraba en Venezuela. Sin embargo, el Perú sólo recibió negativas por parte de Caracas. Muchos de los ministros de Chávez aseguraron que Montesinos no se encontraba en Venezuela.
Incluso el ministro del Interior venezolano, Luis Miquilena, dijo que Montesinos habría podido estar en su país, pero que probablemente habría viajado a Colombia, gracias a sus contactos con los narcotraficantes, lo cual fue desmentido de inmediato por su homólogo colombiano. Luego, se supo de su operación de cirugía estética en una clínica de Caracas.
La inevitable pregunta es entonces la siguiente: ¿es una coincidencia que Chávez anuncie la detención de Montesinos en plena Cumbre Andina? También podríamos preguntarnos la relación entre este feliz anuncio con la visita que hace unos días realizó Chávez a Lima con el fin de entrevistarse con el presidente electo de Perú, Alejandro Toledo.
No podemos dejar de lado el hecho de que tras el golpe de Estado fallido realizado por Chávez en 1992, muchos de sus seguidores uniformados fueron recibidos en la ciudad de Iquitos, en Perú. De ahí, tal vez, la relación que se sospecha tiene (o tenían) Chávez con Montesinos.
Lo cierto es que tras este arresto, más de uno debe estar temblando en el Perú por lo que pueda revelar Montesinos en los innumerables interrogatorios a los que será sujeto. También es posible que, gracias a sus declaraciones, el Perú tenga nuevas herramientas para conseguir que Japón extradite a Fujimori y sea juzgado por las acusaciones que se le imputan.
Sin temor a equivocarnos, Montesinos ha sido unos de los hombres (junto al líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán) que más daño le ha hecho al Perú en los últimos decenios. Contra él existen innumerables acusaciones de diferente calibre. Desde la compra de muchos congresistas hasta matanzas sanguinarias como las de Barrios Altos, en la que murieron 16 personas, entre ellos un menor de edad, y la de La Cantuta, donde miembros del Grupo Colina, organizado por Montesinos, ejecutaron a nueve estudiantes y un profesor, sospechosos de pertenecer al grupo terrorista Sendero Luminoso. Todo esto, pasando por su relación con el narcotráfico y el cobro de millonarias sumas de dinero por el tráfico de armas.
Si la Justicia peruana, que ya no está atrapada por la telaraña del régimen fujimontesinista, hace correctamente su trabajo, podremos ver pronto tras las rejas a Montesinos. Quién sabe, vestirá también el famoso traje a rayas que él mismo hizo utilizar a los sanguinarios terroristas.
