Sólo treinta y siete días después de ser elevada a la categoría de candidata del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos tras el golpe de mano interno que llevó a la renuncia de Joe Biden, Kamala Harris por fin se ha decidido a sentarse con una periodista a contestar preguntas. Algo que, pese a su estado, hacía Joe Biden continuamente, le ha llevado mes y medio a la nueva esperanza de la izquierda norteamericana.
La elegida para la ocasión ha sido Dana Bash, de CNN, una periodista de plena confianza para el partido y decidió que fuera conjunta, con Tim Walz a su lado, porque tanto ella como su campaña tienen tanta confianza en su capacidad de meter la pata que prefirieron acudir a la prensa amiga con guardaespaldas. Entrevista grabada y editada, de la que sólo han emitido menos de la mitad del material y con papeles en la mesa que leía con frecuencia para poder contestar.
Una de las principales cuestiones que esta entrevista debía aclarar es cuál es exactamente su posición sobre varios asuntos fundamentales que en su carrera política, especialmente en las primarias de hace cuatro años, la sitúan en el ala más izquierda de la política norteamericana. Kamala Harris entonces apoyaba medidas como la eliminación de los seguros sanitarios privados, la eliminación del delito de inmigración ilegal así como la prohibición del fracking y de los coches de combustión interna a partir de 2035. En general, su respuesta fue un insatisfactorio "no he cambiado mis valores", que básicamente se podría traducir como un "ya sabéis lo que pienso en realidad pero no lo puedo decir si quiero ganar las elecciones guiño guiño codazo codazo".
El único punto donde la entrevistadora forzó un poco más fue el del fracking, y ahí dijo que ya dejó clara su posición en los debates de 2020, después de las primarias, pero hasta la propia CNN se ha visto obligada a admitir que ese año lo único que dijo entonces fue que "Joe Biden había prometido que no prohibiría el fracking". En definitiva, Kamala Harris no ha expresado ningún cambio de opinión razonado sobre ningún asunto polémico y la entrevistadora ni siquiera se ha dignado a preguntarle sobre los puntos del programa de Trump a los que se ha adherido en las últimas semanas, como la construcción del muro con México o la eliminación del impuesto de la renta sobre las propinas en el sector servicios.
Lo que sí hay que concederle es que no ha mostrado esa irritante risa nerviosa y que, en general, tanto Walz como ella han dado una buena imagen televisiva, aunque en parte podría ser producto del trabajo de edición que haya podido hacer CNN. Hay más del doble grabado que lo que finalmente se ha emitido y, contrariamente a la costumbre cuando se emite una entrevista importante grabada, la cadena no ha publicado la transcripción de la entrevista completa. Para una campaña centrada en la "alegría", Kamala Harris ha logrado sus objetivos simplemente por no cagarla. Si estuviéramos en una campaña normal donde el programa político tuviera algún peso, habría sido un desastre. Pero desde Obama ya no hay campañas normales en Estados Unidos.