
Aldrich Ames ha muerto a los 84 años, según la Agencia federal de Prisiones. El que fuera agente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) se encontraba en una prisión del estado de Maryland. La causa de su fallecimiento se desconoce y habrá que esperar a la realización de la autopsia para conocer más detalles.
Aldrich fue detenido junto a su mujer y condenado a cadena perpetua en 1994 como consecuencia de las labores de espionaje a favor de la Unión Soviética – posteriormente Rusia – que realizaron durante casi diez años, desde 1985.
Traición a la CIA
Inicialmente, Ames se unió a la CIA como analista de documentos, llegándose a especializar en acciones contra la Unión Soviética. Sin embargo, en abril de 1985 se habría prestado a colaborar con Moscú durante su presencia en la División para la URSS y el Este de Europa en la sede de la CIA en Langley. Esta decisión le llevó a recibir 50.000 dólares – unos 42.800 euros –.
Según el FBI, durante ese verano el estadounidense compartió información confidencial sobre personal de la CIA y el FBI con un diplomático soviético. Algo que continuó haciendo después de ser trasladado a Roma en julio de 1986 y a Washington en 1989. Durante ese tiempo, comenzaron las sospechas sobre él debido al arresto y ejecución de agentes dobles en la Unión Soviética.
Grandes ingresos y una cadena perpetua
Posteriormente, las autoridades de Estados Unidos abrieron una investigación por el aumento de su patrimonio, que percibió unos 2,14 millones de euros por sus labores. Esto le condujo a llevar un estilo de vida de lujo junto a su esposa y levantar aún más sospechas.
Finalmente fue arrestado en febrero de 1984 y tanto él como su mujer reconocieron los cargos de espionaje. Ames fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. En cambio, su mujer Rosario fue condenada a 63 meses de prisión y fue liberada después de cumplir esa pena.
El entonces presidente estadounidense Bill Clinton calificó el caso de Ames de "muy grave" y sugirió que podría perjudicar los lazos con Moscú. El Kremlin restó importancia al incidente y un diplomático ruso calificó a los estadounidenses de "extremadamente emocionales".
