Dejen trabajar a Trump
Toda la paciencia que sus críticos en la prensa han mostrado con los demócratas y Europa es ahora impaciencia y exige soluciones definitivas a Trump.
Las cosas no terminan de aclararse en Irán y el estrecho de Ormuz, y Donald Trump y sus subordinados juegan con las palabras para presentar un cuadro favorable de la situación igual que lo hacen los medios pero en la otra dirección. Vamos para el año y medio de la segunda Administración Trump y muchos aún no han aprendido a esperar acontecimientos sin juzgar y darle vueltas a cada declaración del magnate de Queens, que disfruta descolocando y acierta más que sus críticos tomándose poco en serio sus propias opiniones y predicciones.
Toda la paciencia que sus críticos en los medios han mostrado con los demócratas y con Europa, dos monumentos a la inacción y la palabrería banal, se ha transformado ahora en impaciencia al exigirle resultados concretos, soluciones definitivas en Irán a Trump. La guerra que demócratas y europeos asumieron como prioritaria, la de Ucrania, va ya por su quinto año con consecuencias catastróficas para su bando, el de los ucranianos, pero la paciencia sin resultados es aquí sinónimo de determinación, fiabilidad y pensamiento estratégico.
Hasta el regreso a la Casa Blanca de Trump, y pese a que todo el mundo veía que el frente estaba estancado, desde Washington y las capitales europeas se repetía aquello del apoyo "as long as it takes" ("por el tiempo que sea necesario"), sin que a nadie se le ocurriera que era urgente apretar el acelerador hacia la victoria o buscar formas de negociar.
Tuvo que llegar Trump, que tiene en la obsequiosidad, en ocasiones impotente, que está mostrando con Putin, su principal borrón exterior, para que todos reconocieran la realidad sobre el terreno que hasta entonces tapaban con eslóganes.
Llevamos cuatro años y cientos de miles de muertos en Ucrania pero los mismos que sin arrimar el hombro se impacientan porque no se resuelve ya lo de Irán siguen felicitándose por cómo van las cosas en su guerra. Cada cierto tiempo peregrinan a Kiev a hacerse fotos, lanzar proclamas morales y celebrar efemérides y aniversarios de la guerra como si fueran cumpleaños.
Ucrania tiene la desgracia de que las dos potencias con las que comparte mentalidad práctica y voluntad de sacrificio y victoria, Israel y EEUU, no la consideran su aliado y quienes la consideran su aliado no están dispuestos a asumir ningún riesgo. Sólo la apoyan porque es la parte débil y le retirarían el apoyo en nombre de su falso humanitarismo si empezara a poder bombardear Moscú de verdad y a ganar.
Las urgencias que les han entrado a los demócratas y a los europeos, a sus medios y a sus voces entre el commentariat son especialmente sorprendentes cuando se ve el coste que está teniendo para EEUU e Israel su guerra contra Irán. Con apenas unos soldados y algunos civiles israelíes muertos, los ejércitos de Trump y Benjamin Netanyahu han degradado enormemente el potencial militar y económico de un país extensísimo de cerca de cien millones de habitantes con un precio a pagar en lo económico que está lejos de ser catastrófico también para Europa.
Irán podría haber escondido toneladas de uranio enriquecido para conseguir hacer bombas nucleares, lo que, lejos de ser un argumento contra la intervención, confirma su urgencia. Si estos demonios son capaces de seguir avanzando hacia la nuclearización en estas condiciones de completo asedio, ¡qué no habrían hecho de haber continuado la política de contemplación y apaciguamiento que propone el ala derrotista de MAGA y aplicó la Administración Biden!
También suele obviarse a la hora de hacer balance de la guerra, de esta guerra como decíamos prácticamente indolora en el lado que cualquier persona civilizada ha de considerar el suyo, el estado de las cosas que precedió al conflicto. El régimen iraní mató en las semanas previas al ataque israelo-estadounidense a decenas de miles de sus propios ciudadanos que protestaban. Para poner fin a ese estado monstruoso de las cosas tampoco mostraron ninguna prisa quienes ahora ven larga una guerra que aún no ha cumplido tres meses.
Quienes desde los medios y los atriles gubernamentales crean la sensación de que las cosas les van genial a los ayatolás alimentan la idea de la extrema vulnerabilidad estadounidense y, al mismo tiempo, juzgan como un gran fracaso cualquier resultado de las acciones de Washington que se desvíe de las expectativas. De unas expectativas que ellos mismos han marcado asumiendo la omnipotencia de EEUU.
La mejor explicación a las limitaciones del poderío de EEUU, incluso del EEUU del Trump que despacha sobre la guerra con los nuevos nazis al lado de un conejo de Pascua mientras anima a los niños a vender por eBay por 25.000 dólares, la dio Marco Rubio cuando le preguntaron por qué las fuerzas especiales que despertaron a Nicolás Maduro y Cilia Flores aquella madrugada de enero no trajeron con ellos a María Corina Machado en el helicóptero para instalarla en Miraflores.
Si sacar a uno es difícil imagínense sacar simultáneamente a toda la banda, le dijo Marco Rubio a un periodista. Esta claridad en el juicio es uno de los grandes beneficios de que Trump no muriera en el atentado de la bala que le rasgó la oreja y lo tengamos a él en la Casa Blanca y no a Kamala Harris.
Sus enemigos suelen asociar a Trump a la mentira, aunque lo que en realidad le reprochan es la inexactitud, en parte por su propia incapacidad para entender figuras retóricas fundamentales en el estilo retórico del presidente de EEUU, como lo es la hipérbole. Porque Trump no sólo no dice más mentiras ni es más frívolo que sus opuestos supuestamente serios. Hay más verdad en un Truth Social de Trump o en una de sus charlas con periodistas a los pies del avión presidencial que en mil cumbres europeas.
Europa ha hecho de la inanidad y la prudencia tediosa una de las características de su (in)acción política, y cada vez menos gente se cree la pretensión de sus políticos de hacer pasar lo inerte y lo inane por profundo y serio. Como dice Javier Milei, las formas son a menudo el refugio de quien carece de fondo, y es mucho peor negar sin mentir en los datos que la inmigración ilegal es un problema que decir que se te han colado en el país mil millones de ilegales cuando ‘sólo’ han llegado once.
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