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Modi en Israel e Israel en Somalilandia

Nueva Delhi y Jerusalén son dos fuerzas constructivas que apuestan por la cooperación y el comercio. Sus éxitos y su influencia son buenas noticias.

Nueva Delhi y Jerusalén son dos fuerzas constructivas que apuestan por la cooperación y el comercio. Sus éxitos y su influencia son buenas noticias.
El primer ministro de la India, Narenda Modri, y el de Israel, Benjamin Netanyahu, reunidos en Jerusalén. | Europa Press/Seshadri Sukumar / Zuma Press / ContactoPhoto

Las explicaciones más sencillas son a menudo las mejores. Según cuenta el diplomático retirado israelí Elie Yerushalmi, el jefe del Estado Mayor del Ejército indio desplegó durante una charla que dio hace años en Israel un gran mapa del territorio que va desde India en el este a Israel en el Mediterráneo oriental, en el extremo oeste de aquel mapa.

"¿Ven a Israel a un lado y a India en el otro? Todo lo que está en el medio son enemigos comunes", dijo el militar a Yerushalmi y el resto de la audiencia sobre las dictaduras islámicas que han combatido durante décadas a Israel y a India.

Aunque hoy matizada por las alianzas coyunturales que algunos países árabes han hecho con Israel y con Occidente, la idea ilustrada con el mapa por el general indio sigue siendo válida tanto para India y para Israel como para el resto del mundo democrático.

Nueva Delhi y Jerusalén son dos fuerzas fundamentalmente constructivas que apuestan por la cooperación y el comercio y no tienen interés en someter a otros países o desestabilizarlos con apoyo a terroristas. Sus éxitos y la expansión de su influencia son buenas noticias para todos los que apuestan por la prosperidad y la seguridad como objetivos de la acción exterior, y un motivo de preocupación para quienes dedican sus esfuerzos al enfrentamiento y la destrucción del otro.

Esta reflexión viene a cuenta de la visita esta semana del primer ministro indio Narendra Modi a Israel. Al carácter histórico del viaje contribuye que haya tenido lugar con Israel en estado de alerta ante la posibilidad de un nuevo ataque iraní.

La apertura del discurso de Modi ante la Kneset es por lo menos igual de elocuente que la anécdota de Yerushalmi a la hora de explicar los enormes beneficios que los acuerdos de cooperación –militar, económica, energética, tecnológica– que se dibujan en el horizonte internacional con el paso que ha dado el líder indio. "Shalom. Namasté", dijo Modi ante el entusiasmo del Parlamento hebreo. "Traigo conmigo el saludo de 1.400 millones de indios y un mensaje de amistad, respeto y cooperación", agregó el líder de la democracia más populosa del mundo.

Fijémonos también en lo que dijo Benjamin Netanyahu, cuyo discurso coincidió con el de su homólogo indio también en destacar a ambos países como continuadores orgullosos de dos civilizaciones milenarias y volcadas en proyectar lo que las define hacia el futuro.

"La alianza entre nosotros es un multiplicador formidable de los puntos fuertes de nuestros países. Es un multiplicador del espíritu y un multiplicador de nuestras acciones y capacidades", dijo Bibi, que más tarde se refirió al proyecto de más impacto global de la relación estratégica indo-israelí.

Se trata del corredor terrestre y marítimo desde India hasta Europa –pasando por la península Arábiga y con el puerto de Haifa como entrada al Mediterráneo– que Nueva Delhi y Jerusalén quieren crear en cooperación con estadounidenses, emiratíes, saudíes, italianos, alemanes y franceses, entre otros europeos.

Entre éstos últimos destaca el papel de Grecia y Chipre, otras dos democracias sin antecedentes de interferencia violenta en otros países y en conflicto con una potencia islamista –la Turquía de Erdogan– que también se han alineado de forma clara con Israel para aprovechar todo el potencial de cooperación que ofrece el Estado judío.

Herzog en Israel

Esta semana, mientras Modi era recibido con honores en Jerusalén, viajaba a Etiopía el presidente israelí, Isaac Herzog. Con más de 130 millones de habitantes, esta nación de mayoría netamente cristiana es el segundo país más poblado de África y una de las economías que más crecen en el continente. Su posicionamiento estratégico cerca del Cuerno de África, una región sacudida por el terrorismo y los conflictos y dominada en buena medida por potencias como China y Turquía, ofrece para Israel un interés especial.

Jerusalén ya ha empezado a poner una pica en la región al convertirse en el primer país del mundo en reconocer oficialmente a Somalilandia, un territorio colindante con Etiopía plenamente independiente aunque considerado por el grueso de la comunidad internacional como parte de Somalia.

A diferencia de Somalia, que pese al apoyo militar y económico de fuera recibido durante décadas es incapaz de controlar su propio territorio, Somalilandia ha conseguido crear un sistema democrático estable en el que se celebran en paz elecciones de verdad, y ha sido capaz de evitar la proliferación de movimientos terroristas, como expliqué hace unos años en este artículo que escribí para la revista Letras Libres.

Todo ello sin recibir grandes cantidades de ayuda internacional ni echarse en brazos de potencias hostiles a Occidente como Rusia, Turquía o China que sí han logrado un control considerable sobre otros Estados de la zona.

Con respaldo de EEUU y el concurso de los Emiratos, que junto a Etiopía –un país sin salida al mar– está invirtiendo en el puerto somalilandés de Berbera, en el mar Rojo, el establecimiento de presencia israelí en el Cuerno de África le permitiría combatir desde más cerca a los rebeldes hutíes que actúan desde el otro lado del mar en Yemen.

Además de ayudar a despejar la ruta marítima del mar Rojo de los actos de piratería de estos satélites del Irán de los ayatolás, estos movimientos podrían abrir la puerta al desdoblamiento del corredor India-Europa por el sur, con un nuevo tramo de ruta marítima a través del Golfo de Adén y el Canal de Suez y su extensión en una nueva dirección a lo largo de la costa de África.

El papel pionero de Israel en la forja de estas alianzas de potencial incalculable para el conjunto de Europa, EEUU y quienes quieran ser sus aliados en todo el mundo es un ejemplo de iniciativa y audacia frente al repliegue y la parálisis que quieren imponer las fuerzas nihilistas y los rehenes del status quo.

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