Las claves del ataque de ultraizquierda al sistema eléctrico en Berlín: "La red está diseñada para tiempos de paz"
Hospitales, 74 residencias de ancianos y 20 colegios se vieron afectados por el apagón, en plena ola de frío.
El pasado sábado, el grupo ecologista de extrema izquierda Vulkangruppe sembró el caos en varios barrios de Berlín con un incendio con el que pretendían desconectar una central de gas pero que terminó dejando sin luz a 45.000 consumidores y 2.200 comercios. Los ecoterroristas destruyeron con artefactos incendiarios cinco cables de alta tensión y diez de media tensión en un puente sobre el canal de Teltow. En la carta que difundieron, alegaron que sólo pretendían atentar contra la industria de los "combustibles fósiles" y no contra los hogares con menos recursos. El apagón dejó sin calefacción a miles de hogares en la ciudad, además de a hospitales y residencias, en plena ola de frío con temperaturas que llegaron a bajar de los diez grados bajo cero.
La situación no terminó de resolverse hasta este miércoles por la tarde, algo que ha generado numerosas críticas al gobierno local, liderado por el alcalde Kai Wegner, de la CDU. En estos días, decenas de generadores diésel procedentes de otras ciudades se distribuyeron por los barrios afectados e incluso empresas de un polígono muy cercano a la central recurrieron a los generadores de una compañía de alquiler de equipos cinematográficos para tratar de seguir produciendo. Entretanto, en las primeras horas los afectados más vulnerables tuvieron que ser trasladados a pabellones deportivos o albergues, se cerraron colegios y los vecinos tuvieron que recurrir a los kits de emergencia que Protección Civil recomienda desde hace años para situaciones similares y que finalmente no han venido de un ataque externo sino de ecologistas radicales. Si bien algunos hogares lograron recuperar la luz en unas horas, otras viviendas, industrias y comercios tardaron mucho más en tener suministro, entre otros motivos porque algunas de las líneas de alta tensión dañadas tuvieron que ser reparadas bajo tierra, con el suelo de Berlín helado por las bajas temperaturas.
Tras días en que la Policía ha tenido que recorrer las calles con megáfonos ofreciendo ayuda, de realojos en hoteles, de refugios de emergencia para cargar el móvil y de comedores comunitarios, la pregunta ahora es por qué ha sido tan fácil paralizar una parte de la ciudad y por qué ha tardado tanto en repararse. El propio alcalde reconoció la frustración por la tardanza tras tachar de "terroristas" a los autores del caos. La compañía eléctrica de la ciudad, Stromnetz Berlín, señaló que los daños se produjeron en el "corazón" de la red eléctrica de la ciudad, una de las más extensas de Europa, con 35.000 kilómetros de cable. Según apuntaron las autoridades, en los trabajos participaron 100 especialistas de la compañía a los que se sumaron expertos de la empresa austriaca ETN especializada en redes, en una tarea que señalaron como especialmente compleja.
La opinión pública pone el foco también en la seguridad de infraestructuras justo cuando se debate en el Bundestag la denominada Ley de Protección de Infraestructuras Críticas (Kritis-Dachgesetz). La compañía berlinesa de electricidad, que fue privatizada en 1997 y que recompró el Estado en 2020, dice que planea que en 2033 la totalidad de la red sea subterránea. La empresa está volcada en la expansión de la red, con Berlín al igual que el resto de Europa en pleno proceso de electrificación, y los críticos apuntan que las inversiones podrían haber descuidado la seguridad. Ahora, la empresa promete videovigilancia en zonas públicas y lugares clave aunque analistas avisan de que la seguridad total es imposible. Sobre la mesa está la posibilidad de hacer menos accesible la información sobre la red y otros datos sobre infraestructuras pero expertos recuerdan que la "redundancia" que se exige en estos sistemas está pensada para averías y no para ataques, por lo que las líneas adicionales suelen discurrir por las mismas zonas. Dos sistemas "completamente independientes resultarían demasiado complejos", señala al Frankfurter Allgemeine Zeitung Ingbert Liebing, director de la Asociación de Empresas Municipales Alemanas, que insiste en que lo esencial es reforzar la protección de puntos críticos. "La red está diseñada para tiempos de paz", afirma Hans-Walter Borries, de la Asociación Federal para la Protección de Infraestructuras Críticas (BSKI).
Aunque este ataque es el que ha tenido mayores consecuencias por llegar en pleno invierno, no es el único ocurrido en la ciudad alemana en los últimos años. En marzo de 2024, el mismo grupo ecologista se atribuyó un incendio junto a la fábrica de Tesla en Grünheide, en Brandenburgo. Se cree que ellos también están detrás de otro incendio en Berlín en septiembre del año pasado que afectó a dos cables de alta tensión y dejó sin electricidad a miles de familias.
La Fiscalía General de Alemania investiga a Vulkangruppe, que el martes envió una "actualización" de su reivindicación para aclarar que no se trataba de una operación rusa y justificando lo ocurrido pese a las consecuencias. Según decían, la "acción" no iba dirigida contra las personas, sino "contra una infraestructura que destruye cada día a las personas, el medio ambiente y el futuro". Afirmaban ser conscientes de la "carga real" que supone el corte de electricidad "especialmente para los ancianos, los enfermos, los niños y todos aquellos que ya de por sí se encuentran al margen de la sociedad", pero señalaban que "estas dificultades no son casualidad, sino el resultado de un sistema que centraliza los suministros críticos, se organiza con fines lucrativos y los hace deliberadamente vulnerables". Según el grupo, la "avaricia energética está drenando, exprimiendo, quemando, maltratando, arrasando, violando y destruyendo la Tierra".
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