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"Estuve 15 meses en la peor prisión de Irán, hablaba con las hormigas para no sentirme solo"

Santiago Sánchez Cogedor atiende a Libertad Digital y cuenta el infierno que vivió en una cárcel iraní acusado de espionaje.

Libertad Digital se ha puesto en contacto con Santiago Sánchez Cogedor, un aventurero empeñado en hacer de sus hazañas obras solidarias y que trata de dar ejemplo y esperanza a los demás en cada reto que afronta. Gran aficionado al deporte, y especialmente al fútbol, planeó un nuevo reto: viajar caminando desde España a Qatar para asistir al Mundial de Fútbol. Pero sus planes se truncaron cuando cruzó Irán.

Estando en Irán, Santiago quiso visitar la tumba de Mahsa Amini, la joven kurda asesinada por el régimen iraní por llevar mal el velo. Un gesto que sólo pretendía mostrar solidaridad y respeto por Amini pero que fue entendido como una grave amenaza por parte de las autoridades iraníes, quienes detuvieron de manera fulminante a Santiago que, de la noche a la mañana, desapareció del mapa.

Después de la detención: 15 meses en una de las cárceles más peligrosas y oscuras del régimen de los ayatolás. Ahora, las páginas que escribió entre rejas preso de la soledad y tratando de mantener la cordura han visto la luz en forma de libro. Cómo sobreviví 15 meses entre rejas es el título de su obra, editada por Alienta Editorial y prologado por Nico Abad. El subtítulo del libro es elocuente: "La historia contada en primera persona del ciudadano español encarcelado en una de las prisiones más salvajes de Irán".

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Ahora, Santiago se sienta con Libertad Digital y cuenta su historia.

Libertad Digital: Santiago, el viaje que tendría que haber trascendido por la hazaña de cruzar medio mundo a pie hasta Qatar ha sido célebre pero por algo bien distinto. ¿Por qué crees que te detienen?

Santiago Sánchez: En mi libro hablo sobre cómo y por qué decidí escribirlo. Es un libro sobre superación y resiliencia, escrito con la intención de ayudar a los demás. No guardo rencor ni odio.

En cuanto a la pregunta, tengo dudas sobre lo que realmente sucedió. No sé si caí en una trampa o si fue el gobierno iraní. Prefiero no hablar de política, pero mi abogado me explicó que fue un tema político. Mi viaje era para apoyar a la selección e ir a Qatar, pero también ofrecía ayuda humanitaria. A pesar de eso, nunca entendí por qué acabé preso.

LD: El infierno que vives en la cárcel en Irán y el proceso de tu detención ¿cambió tu concepción del mundo árabe?

Santiago: Hay mucha multiculturalidad dentro del mundo árabe. Aunque me quitaron la libertad, me dieron tiempo para crecer. El pueblo iraní es bueno y no guardo rencor; me trataron muy bien. Sin embargo, respecto al gobierno y a los ayatolás, sí que veo un trato diferente y negativo. Pero en cuanto al pueblo iraní, guardo buenos recuerdos.

LD: ¿Cómo fue el momento de tu detención?

Santiago: Cuando me detuvieron, pensé que era una broma. Mi caso solo tenía un folio, lo definí como una pantomima. El embajador español Ángel Losada me comentó que donde estaba preso colgaban a la gente. Estuve un tiempo incomunicado y llegaron a pensar que estaba muerto. Mi padre llego a entregar piel a la policía científica por si era necesario identificarme por el ADN. En las primeras llamadas, me dijeron que estaría 6-7 meses preso, y yo pensaba que tanto tiempo no podría aguantar. Para aceptar que no estaba en prisión, mi mente viajaba; hice todo lo posible por adaptarme al mundo de la prisión.

LD: ¿Cómo fue tu estancia en prisión? Habrá momentos que no puedas olvidar.

Santiago: Sí, hubo varios momentos difíciles. Los primeros dos días los pasé en una prisión local, luego me trasladaron a la prisión en la región del Kurdistán, donde estuve 42 días en aislamiento, 24 horas solo. Fueron momentos muy duros. La incertidumbre me mataba; me acusaban de espionaje y no sabía cuándo iba a salir. Hacía ejercicios de cuello para saber cómo moriría colgado, ya que veía en la celda dibujos de la horca. En Oriente, la muerte forma parte de la vida y están preparados para ella, mientras que aquí en Europa es algo que no tenemos en cuenta. Ahora valoro más las pequeñas cosas.

LD: Sobre la acusación de espionaje, ¿sentiste que eras un objeto de trueque, un valor estratégico entre España e Irán?

Santiago: En prisión, esperaba apoyo del Real Madrid. Cuando regresé, me recibieron Emilio Butragueño y Sergio Ramos. Florentino Pérez también me recibió, pero me dijeron que tenían orden de guardar silencio por parte del ministro de Asuntos Exteriores. Me dijeron que era como un "ticket" y que, si el Real Madrid quería esa moneda de cambio, mi precio subiría. Franceses siguen presos con acusaciones más livianas. Un juez me dijo que sabían que no era espía pero que tenía que firmar un papel declarando que era culpable. Todo parecía un teatro.

LD: ¿Crees que se hizo todo lo posible por que salieras cuanto antes?

Santiago: Efectivamente, no todo el mundo hizo lo máximo posible para que yo saliera, a pesar de que publicaba todo y solo hacía buenas acciones, como ir vestido de payaso a los hospitales para sacar una sonrisa a los niños enfermos.

LD: A la pregunta si volverías a ir a Irán, ¿cuál es tu respuesta?

Santiago: Sí, pero esa respuesta tiene matices. Volvería a Irán, pero espero que la situación actual cambie, que dejen de estar los ayatolás. Creo que en unos años ese régimen caerá y la prisión donde estuve será un museo. Volveré, pero mientras siga esta dictadura, no. Lo he pasado realmente mal, casi intento suicidarme cortándome las venas. Me molestó mucho que, al llegar a España, la primera pregunta fuera si volvería a Irán.

LD: ¿Cómo fue tu experiencia en la prisión de Evin, conocida como una de las más temidas?

Santiago: Al entrar en la prisión de Evin, me encontré con 20 personas en una celda con solo 10 camas. Algunos estaban fumando pegamento; me desmayé. Me trasladaron desde el Kurdistán a la capital, un viaje de 12 horas en coche esposado. Los traslados ya eran un sufrimiento. La primera vez que me vio el embajador Ángel Losada se asustó y me dijo que allí a la gente la colgaban, así que no bromease. Pasé por momentos de resignación y había fechas en las que pensaba que saldría, pero no.

Finalmente, se acercaba el invierno y mi padre tenía cáncer de colon. Tenía que hacerme una colonoscopia y se me infectó una muela por las piedras en las lentejas, lo que me llevó a hacer una huelga de hambre. La Navidad era solo un día más para mí. Participé en actividades en la cárcel, como talleres de madera, y preparé EVINvisión, una especie de Eurovisión. Siempre estaba preparando algo, intentaba trastear con el objetivo de que los días pasaran mejor. Tenía preparada la Nochevieja con un menú que incluía un plato de arroz igual a un abrazo, pero justo ese día me llamaron y me dijeron que iba a salir. No quería irme; los presos lloraban.

Me hicieron un diploma que mostraba la carta de Nochevieja. El diploma era un folio con huellas dactilares de los presos como marco y decía "Diploma certificado por la Universidad de Evin". Resaltaba mis virtudes y agradecían mi tiempo allí. Mohamed Reza, el preso más mayor, hizo el diploma y lo terminó con "el pueblo iraní te quiere". Sentí que había estado en un campus universitario más que en una prisión.

LD: ¿Puedes compartir algunas anécdotas sobre por qué esa prisión se considera un infierno?

Santiago: Se escuchaban voces terroríficas. Mis pertenencias eran un vaso y una manta, y dormía en el suelo. Una vez a la semana nos sacaban al patio por 10 minutos. Pedía un cortaúñas solo para verme en el reflejo. Había una luz LED encendida las 24 horas, así que me tapaba los ojos con mis calzoncillos. A veces no había voces al día siguiente, lo que daba a entender que habían sido ejecutados. Veía sangre en las paredes, sangre de uñas, y el silencio era abrumador. Había presos que tiraban migas de pan en la ventana para atraer a las palomas y luego comérselas. Me consideraba un astronauta en la luna y pensaba que esto acabaría algún día. Hablaba con las hormigas para no sentirme solo. Son muchas experiencias que se han quedado conmigo para siempre, pero quiero utilizarlas para ayudar a los demás.

LD: ¿Cómo fue el proceso de tu liberación y qué sentiste al regresar a España?

Santiago: El momento de la libertad fue un triunfo, pero me llevaron a un palacio secreto de los servicios secretos antes de reunirme con el embajador. Me preguntaron si había cenado y me llevaron a un sitio antes de reunirme con él. Hablaba en persa y nos dirigimos a la embajada para pasar la Nochevieja tranquilos, aunque las indicaciones del CNI eran no hablar español y tener cuidado hasta estar en el espacio aéreo. El vuelo era Teherán-Emiratos y me dijeron que tuviera cuidado porque algunas personas se dan la vuelta en Emiratos.

El antiguo presidente de Irán estaba preso conmigo, y a veces incluso sentía algo de miedo. Al llegar a España, tengo lagunas, pero en el video de la portada se ve a mi hermano levantándome sobre sus hombros. Fue un momento muy bonito. Regalé cosas que hice durante mi etapa en prisión y fue un reencuentro emotivo.

LD: Para concluir, Santiago, ¿qué quieres transmitir con la escritura de este libro? ¿Cuál es tu objetivo final?

Santiago: Este libro está dirigido a todo tipo de público, desde un niño de 14 años hasta una persona de 70 años. Es un libro vivido, real y que merece la pena leer. Es un libro de superación donde recalco que hubo momentos en los que pensé en quitarme la vida. En el momento en que le abres las puertas a la adversidad es cuando empiezas a vivir en paz.

Mi próximo objetivo, dar la vuelta a España en bicicleta, lo publicare todo por medio de mi cuenta de Instagram @santiago_sanchez_cogedor, ahí difundo todas mis vivencias y la gente puede estar al tanto de mi día a día.

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