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Del ISIS y Al Qaeda a convertirse en el nuevo hombre fuerte de Siria: ¿quién es Mohammed Al-Jolani?

De ser un conocido sólo por los expertos en el conflicto sirio, Mohammed Al-Jolani ha pasado en dos semanas a ser un personaje de alcance mundial.

De ser un conocido sólo por los expertos en el conflicto sirio, Mohammed Al-Jolani ha pasado en dos semanas a ser un personaje de alcance mundial.
El líder de Hayat Tahrir al Sham, Abu Mohamed al-Jolani, en Damasco. | EFE/ Yayha Nemar

En sólo los doce días que ha durado su ofensiva para derribar, tras cincuenta años, el régimen de los Asad en Siria, Mohammed Al-Jolani ha pasado de ser un perfecto desconocido para la opinión pública internacional a ser uno de los personajes del momento en todo el mundo.

Y eso a pesar de que el nuevo presidente sirio es Mohammed al Bashir, que ya ejercía como tal en Idlib, la provincia del norte controlada por Hayat Tahrir al-Sham (HTS), la milicia –considerada grupo terrorista– que comanda Al-Jolani, y sus aliados. Sin embargo, a nadie se le escapa que el hombre fuerte de verdad es Al-Jolani.

Un homenaje a su abuelo

Un primer dato curioso es que su verdadero nombre es Ahmad Hussein al-Shara y el apelativo por el que se conoce es en realidad un apodo elegido por él mismo y que contiene lo que quizá sea una clave psicológica del personaje: Al-Jolani es una referencia a los Altos de Golán, en los que según él vivió su abuelo hasta que, en 1967, los tomó Israel en la Guerra de los Seis Días.

En cambio, el propio Al-Jolani nació en 1982 en la capital de Arabia Saudí, Riyadh donde su padre trabajaba en la industria petrolera tras haber tenido que abandonar el país por sus problemas con el régimen de los Asad.

Cuando el entonces todavía Ahmad tenía siete años la familia volvió a Siria y se estableció en Damasco, donde vivió una infancia y una primera juventud normales, hasta que la segunda intifada en el año 2000 y los atentados del 11-S fueron los hitos clave en su radicalización islamista, tal y como él mismo aseguró en una entrevista años después.

Terrorista profesional

Una radicalización que le llevó a dejar sus estudios en 2003 –según unas fuentes de Comunicación, según otras de Medicina– y viajar a Bagdad para enfrentarse a la, en aquel momento, inminente invasión estadounidense contra Sadam Hussein.

Y lo hizo durante años en diversos grupos terroristas en Irak hasta que fue detenido y encarcelado por los americanos, que lo liberaron en 2011, justo a tiempo para que se desplazase a Siria y pudiese participar en los levantamientos que dieron inicio a la larga guerra civil que, trece años después, ha llevado a la caída de Al Asad y a su llegada al poder.

Pero antes de eso quedaba su propia carrera terrorista en su país, que empezó nada más llegar: lo hizo acompañado de Abu Muhammad al-Adnani, que era el portavoz del Estado Islámico en Irak en aquel momento y llegaron como representantes del líder del grupo de Abu Bakr al-Baghdadi.

Con esas referencias y con la ayuda del Estado Islámico en Irak –que después se convertiría en el ISIS–, crearon el Frente Al Nusra, que un poco después se desvincularía de sus socios hasta ese momento y se declararía leal a Ayman al-Zawahiri, en aquel momento líder de Al Qaeda.

Con esta nueva filiación el Frente Al Nusra fue creciendo y consolidándose, hasta tal punto que en 2013 Estados Unidos, que lo había soltado un par de años antes, lo declaró terrorista global y le puso una recompensa de 10 millones de dólares.

Un año después concedía su primera entrevista, en la que mantenía su rostro cubierto y le explicaba al periodista que su objetivo era que Siria se rigiese por la ley islámica y que en ese país no habría sitio para las minorías chiita, alauita, drusa y cristiana.

Adiós a Al Qaeda y proceso de ‘moderación’

Ya en 2016 Al-Jolani dio su mayor giro político: se presentó ante las cámaras dando la cara por primera vez e hizo dos anuncios: que se desvinculaba de Al Qaeda y que su organización pasaba a denominarse el Frente para la Conquista de Siria.

Según explicó, con este cambio pretendía "no dar excusas a la comunidad internacional liderada por América y Rusia para bombardear a todos los musulmanes de Levante con el pretexto de hacer daño al Frente Al Nusra que está asociado a Al Qaeda".

Al año siguiente la organización cambiaría de nombre de nuevo, tomando ya el que se ha hecho mundialmente conocido ahora: Hayat Tahrir al-Sham (Organización para la Liberación de Siria), en un proceso en el que incorporó, de mejor o peor grado, a más organizaciones que operaban en la misma zona de Siria.

HTS se hizo fuerte en Idlib y alrededores, expulsando a otros grupos insurgentes y convirtiéndose no solo en la organización más fuerte en esa parte del país, sino también en el gobierno de facto en la zona.

A partir de ese momento inicia un proceso de supuesta moderación que los analistas no están seguros de poder creer, pero que ha tenido su plasmación real en algunas medidas: abolió los comités para la promoción de la rectitud y los de prevención de la corrupción, organismos que eran los que interferían en el día a día de los ciudadanos. "No queremos que la sociedad se vuelva hipócrita y que oren cuando nos vean y no cuando nos vayamos", dijo en una entrevista.

No obstante, organizaciones de derechos humanos aseguran que, durante los años de control sobre la zona de Idlib su forma de tratar a sus rivales políticos ha tenido poco de moderada, si bien sí se ha esforzado en señalar que no es un peligro para occidente: "No es cierto" aseguraba en una entrevista con un periodista americano, que su intención sea emprender "una guerra contra Estados Unidos o Europa desde Siria", una diferencia fundamental con las organizaciones como ISIS o Al Qaeda con las que había colaborado anteriormente.

Uno de sus lugartenientes ha declarado también que el mensaje de su grupo "a todas las facciones de Siria es que les estamos diciendo que Siria es para todos". El propio Al-Jolani lanzó un mensaje para los cristianos en Alepo –donde hay una comunidad que se estima que puede tener hasta 25.000 miembros– que "están a salvo y sus propiedades protegidas".

Más aún: en una entrevista el pasado día 7 habló de planes para un gobierno que se base en "un consejo que sea elegido por el pueblo" y afirmó que "nadie tiene el derecho a borrar otra secta o religión porque estas han coexistido durante millones de años y nadie tiene derecho a eliminarlas".

Analistas internacionales señalan a Al-Jolani como un personaje ambicioso y riguroso, pero al mismo tiempo, y desde luego ha dado pruebas de ello, capaz de adaptarse y ser pragmático. Aún así, resulta difícil saber si toda esta fachada de moderación es en realidad sólo una estrategia para ser aceptado por la comunidad internacional y los numerosos grupos y facciones en la propia Siria y, una vez estabilizado en el poder, llegará de nuevo el fanático que se alió primero con el ISIS y después con Al Qaeda.

Sería una mala noticia para Oriente Medio y para todo el mundo, pero sobre todo para Siria.

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