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La muerte del líder supremo iraní Alí Jameneí abre una incierta sucesión en el régimen de los ayatolás

La Asamblea de Expertos debe buscar ahora un relevo tras 36 años de mandato. Estos son algunos de los perfiles que suenan con fuerza en Teherán.

La Asamblea de Expertos debe buscar ahora un relevo tras 36 años de mandato. Estos son algunos de los perfiles que suenan con fuerza en Teherán.
Un iraní sostiene un retrato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei | EFE/ABEDIN TAHERKENAREH

Después de que ayer por la noche Trump y Netanyahu confirmaran la muerte del líder supremo iraní, Alí Jameneí, en un ataque a su residencia por parte de EEUU e Israel, ahora la República Islámica debe designar con urgencia a un nuevo líder. Después de 36 años en el poder, su muerte abre un proceso de sucesión sin un favorito claro y con varias figuras religiosas y políticas en la carrera.

El líder supremo es la máxima autoridad del país y concentra amplias competencias. Define las grandes líneas políticas del Estado, nombra a los mandos de las Fuerzas Armadas, al jefe del Poder Judicial, al responsable de la televisión pública y al comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución. También designa directamente a la mitad del Consejo de los Guardianes, el órgano que supervisa y veta candidaturas electorales, y ratifica oficialmente la elección del presidente.

Cómo funciona la sucesión

La Constitución iraní establece en su artículo 111 que la elección corresponde a la Asamblea de Expertos, un órgano integrado por 88 clérigos elegidos por sufragio cada cuatro años (la última votación fue en marzo de 2024). El nuevo líder debe obtener la mayoría absoluta de los votos de los miembros presentes.

Hasta que se nombre sucesor, el poder queda en manos de un consejo provisional formado por el presidente, Masud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial, Golamhosein Mohseni Eyei y un representante del Consejo de los Guardianes, en este caso el ayatolá Alireza Arafi.

La República Islámica solo ha vivido una transición similar en 1989, cuando falleció su fundador, el ayatolá Ruholá Jomeiní. Entonces, Jameneí fue elegido pese a que no figuraba entre los principales aspirantes.

Los nombres sobre la mesa

En esta ocasión tampoco hay un candidato dominante, aunque analistas y medios iraníes mencionan varias figuras:

  • Alireza Arafi, que ya forma parte del liderazgo provisional, es considerado un perfil que combina el importante peso religioso y la influencia institucional. Actualmente preside el Centro de Gestión de los Seminarios Islámicos y es vicepresidente segundo de la Asamblea de Expertos. Sin embargo, un punto a tener en cuenta es que no mantiene vínculos sólidos con las Fuerzas Armadas, uno de los poderes más importantes del régimen.

  • Mohammad Mehdi Mirbageri, clérigo ultraconservador cercano a los 60 años, dirige la Academia de Ciencias Islámicas en la ciudad santa de Qom. Es conocido por su firme oposición a Occidente y por sus posiciones ideológicas rígidas.

  • Hasan Jomeiní, nieto del fundador de la República Islámica y custodio de su mausoleo en las afueras de Teherán, aporta el simbolismo del apellido. De perfil más moderado, ha mostrado simpatía por corrientes que abogan por una apertura controlada del país, aunque nunca ha ocupado cargos de primer nivel.

  • Moytaba Jameneí, hijo del fallecido líder, lleva años apareciendo en las quinielas. Se le atribuye influencia en círculos políticos y en la Guardia Revolucionaria, pero la idea de una sucesión hereditaria genera bastantes recelos dentro del propio sistema.

La decisión que adopte la Asamblea de Expertos no solo determinará el relevo al frente del sistema, sino también el equilibrio entre las distintas corrientes del poder religioso, político y militar en un momento de máxima tensión internacional.

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