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¿Se acabará por fin la miseria en Venezuela?

La gestión chavista transformó a PDVSA en una herramienta de control político, triplicando su nómina mientras la producción se desplomaba.

Venezuela inicia este 2026 en el epicentro de un terremoto político que parece cerrar un ciclo de casi tres décadas. Pero más allá de los titulares sobre la reciente detención de Nicolás Maduro y su puesta a disposición de la justicia norteamericana, el verdadero cadáver que yace sobre la mesa es la economía venezolana. Tras 27 años de chavismo, el balance no es solo de una crisis política; es el de una demolición sistémica sin precedentes en un país que, sin estar en guerra oficial, ha expulsado a casi un tercio de su población.

El petróleo: de motor a lastre

En 1999, Venezuela era una superpotencia energética con una producción de 3,5 millones de barriles diarios. Hoy, la realidad es de una ironía sangrienta: el país con las mayores reservas probadas del mundo —más de 300.000 millones de barriles— apenas produce cerca de 1,1 millones. Mientras Texas bate récords de eficiencia, la industria venezolana ha sufrido una depauperización técnica dantesca.

La gestión chavista transformó a PDVSA en una herramienta de control político, triplicando su nómina mientras la producción se desplomaba. El desvío de capitales hacia el gasto social sin reinversión en mantenimiento provocó que las plataformas del Lago de Maracaibo se oxidaran y los oleoductos se llenaran de fugas. El resultado es el surrealismo puro: en estos primeros días de enero de 2026, los surtidores registran colas kilométricas ante el pánico a un desabastecimiento total, obligando a un país petrolero a importar gasolina porque sus propias refinerías están en ruinas.

El bolívar: una moneda que dejó de existir

Si el petróleo fue el órgano que falló, la moneda fue la sangre que se secó. Bajo la lupa de fuentes liberales y centros como el Cato Institute, lo vivido en Venezuela es el "crimen monetario" más perfecto de la historia moderna. La inflación acumulada desde 1999 no se mide en porcentajes, sino en la aniquilación de la confianza: el bolívar ha perdido el 99,99% de su poder adquisitivo frente al dólar.

Para ocultar este desastre, el régimen aplicó tres reconversiones monetarias, eliminando un total de 14 ceros a una moneda que ya no sirve para ahorrar ni para transaccionar. Durante el período 2017-2021, el país sufrió picos donde los precios se duplicaban cada 29 días, evaporando los ahorros de toda una vida en semanas. Para este 2026, aunque técnicamente se haya salido de la hiperinflación más voraz de la región, las proyecciones del FMI sitúan la inflación en un inasumible 682%.

El costo del "oro negro"

Mucho se especula estos días sobre el "apetito por el petróleo" como único interés de la reciente intervención estadounidense. Sin embargo, este argumento ignora que quienes esquilmaban los recursos venezolanos eran ya aliados como China, Rusia y Cuba. Venezuela no es hoy la potencia que fue; ocupa un humilde puesto 21 entre los productores mundiales, acechada incluso por vecinos como Guyana.

El drama de estos 30 años no es la destrucción deliberada del aparato productivo. La reconstrucción de la economía devastada requerirá algo más que un cambio de nombres en el poder; exigirá la resurrección de una moneda herida de muerte y la recuperación de una industria petrolera que el chavismo dejó, literalmente, en chatarra.

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