
El pasado 18 de enero, la isla de La Gomera se apagó totalmente durante 17 minutos: un blackout general del que tardó horas en restablecerse por completo. El apagón sacó de nuevo a la luz los problemas energéticos del archipiélago, derivados en buena parte de su situación de aislamiento pero también consecuencia de una transición energética en la que sigue faltando una fuente de energía de respaldo frente a las intermitentes renovables y a un almacenamiento todavía insuficiente.
Los problemas eléctricos en las islas, que han provocado este y otros cortes de luz relevantes en los últimos años, han llevado a que la administración estudie soluciones muy poco verdes para respaldar a esas energías renovables que aumentan en las islas pero no pueden suplir por completo a los combustibles fósiles: en los últimos meses, se ha planteado la opción de una central eléctrica flotante en el puerto de Las Palmas capaz de inyectar 100 MW de energía en la red en los momentos que se necesite.
Frente a un buque generador alimentado por gasoil como parche para los problemas en Canarias, que salvo por la insularidad presentan muchas semejanzas con los de la península que desembocaron en el apagón de abril, un estudio de la Universidad de Las Hespérides plantea otra solución: reactores nucleares flotantes, instalados en barcos amarrados a puertos. Una alternativa "tecnológica madura", según señala el estudio, que proporcionaría "electricidad firme y limpia".
El trabajo, del físico y colaborador de esta casa Manuel Fernández Ordóñez, señala como referente la planta rusa flotante Akademik Lomonosov, pionera en el uso de reactores pequeños para abastecer regiones remotas. La central flotante, recuerda, cuenta con dos reactores KLT-40S que generan 70 MW eléctricos y opera desde 2020 en el Ártico ruso.
El buque está amarrado en Pevek y suministra electricidad, calefacción urbana y agua caliente desempeñando un papel clave como proveedor de energía segura en un lugar de climatología extrema. En 2024, recuerda el estudio, estuvo disponible 8.339 horas de las 8.784 horas que tiene un año. Rusia está trabajando ya en una nueva generación de plantas flotantes en buques más compactos, equipados con dos reactores de unos 50-55 MW y lo mismo está haciendo China, con la vista puesta en el abastecimiento y electrificación de zonas lejanas, plantas industriales costeras, desalación y producción de hidrógeno.
Los autores defienden que esta solución a largo plazo es más beneficiosa que la que se puso sobre la mesa: una planta eléctrica flotante en el puerto de Las Palmas de 125 MW "con seis motores en ciclo combinado alimentados con fuelóleo bajo en azufre o gasóleo marino". Frente a este buque generador, un powership clase Shark, una central nuclear flotante presentaría varias ventajas:
- La central nuclear flotante podría operar varios años sin necesidad de recarga frente a la dependencia del powership de la llegada de combustible fósil en barcos cisterna.
- La planta nuclear no generaría emisiones.
- La planta nuclear estaría diseñada para operar a largo plazo, entre 40 y 60 años frente a las contrataciones a corto plazo de las centrales flotantes fósiles.
- Y el coste: frente a una muy alta inversión inicial de la nuclear flotante en contraste con el powership, a largo plazo el coste operativo sería mayor en este último debido al combustible.
El estudio anima a estudiar esta propuesta como "solución estructural de medio y largo plazo" para una isla, Gran Canaria, que hasta ahora se ha basado en centrales basadas en combustibles fósiles como gas natural y gasóleo y plantas renovables crecientes. "Si fallan demasiados grupos térmicos a la vez o hay una combinación de averías y picos de demanda, la isla corre el riesgo de un cero energético, es decir, un apagón total con tiempos de recuperación relativamente elevados", recuerda el estudio, estimando el déficit de potencia firme de la isla en unos 120-140MW y momentos en que los picos de demanda dejan "al sistema al borde de su capacidad".
El estudio habla también de cómo podría ayudar la tecnología nuclear a las plantas desaladoras canarias que son clave para el abastecimiento de las islas y que también necesitan de energía. Sobre Gran Canaria, recuerdan que "cuenta con unas 125 desaladoras que suman una capacidad de producción superior a los 350.000 m³/día. Si tomamos como referencia que 1 MWe continuo permite desalar 4.000–6.000 m³/día, un reactor flotante de 70 MW eléctricos podría desalar entre 280.000 y 420.000 m³/día si se dedicara íntegramente a ósmosis inversa, abasteciendo las necesidades totales de la isla".
Además, señala cómo estas plantas flotantes podrían funcionar en un "escenario flexible", a "potencia casi constante", para alimentar plantas de desalación y apoyar a la red eléctrica en momentos de alta demanda eléctrica. "Cabe destacar que, incluso si el reactor se destinase exclusivamente a la desalación, su acoplamiento a la red eléctrica garantizaría servicios auxiliares de regulación de tensión y frecuencia, una aportación que fortalece la estabilidad y robustez del sistema insular, facilitando una mayor integración de energías renovables no gestionables", apunta.
"La disposición a integrar infraestructuras energéticas fósiles en el entorno portuario canario hace necesario, por coherencia técnica, analizar con rigor científico la viabilidad de los reactores flotantes", concluye el estudio, que menciona en su último apartado la seguridad. Respecto a esto, estima que incorporar esta tecnología en Canarias exigiría "un análisis detallado del riesgo sísmico y volcánico, de las condiciones oceanográficas y meteorológicas (temporales, oleaje) y del tráfico marítimo" y recuerda "habría que dimensionar la embarcación y los amarres para las condiciones locales más adversas y establecer zonas de exclusión y protocolos de tráfico". Pero señala que la experiencia rusa en el Ártico, con condiciones "mucho más severas, muestra que es técnicamente viable operar este tipo de instalaciones con altos niveles de seguridad".


