
Entre los años 1992 y 2024, España ha concedido 9,3 millones de visados de obra nueva, pero su población se ha incrementado en 10 millones de personas, dando pie a un déficit estructural de vivienda en el ámbito inmobiliario. Sin embargo, este desajuste no se ha generado de forma continuada durante las tres últimas décadas, sino que obedece principalmente al diferencial apreciado entre 2014 y 2024, cuando la brecha entre los visados concedidos y el incremento de la población se ha disparado.
El siguiente gráfico, elaborado a partir de las cifras de visados de obra nueva que ofrece el Ministerio de Vivienda y de los datos de población que comparte el Instituto Nacional de Estadística, muestra que, en efecto, el incremento en las viviendas construidas iba de la mano del crecimiento de la población hasta que, después de la Gran Recesión, ambos indicadores evolucionaron a la baja. La cosa cambió entre 2013 y 2014, puesto que la recuperación económica trajo consigo una fuerte subida de la población que, sin embargo, nunca llevó aparejado un aumento coherente en el número de visados de obra nueva concedidos por las Administraciones. El resultado ha sido un déficit profundo y cada vez más grande en la oferta residencial disponible, circunstancia que afecta directamente al precio de la vivienda que pueden comprar o alquilar las familias.

Entre 2011 y 2017, los siete años previos al periodo de Pedro Sánchez para el que disponemos de datos finales, el número de visados de obra nueva concedidos en España se situó en 386.128, mientras que la población no solamente no fue a más, sino que se redujo en 173.000 personas. En cambio, entre 2018 y 2024, los datos arrojan un total de 746.979 visados concedidos frente a un incremento de 3,3 millones en el tamaño de la población, subida inseparable del fuerte aumento de la población foránea, que ha supuesto el grueso de tal incremento.
Más población que viviendas
Año tras año, la diferencia entre la obra nueva que se desarrolla y el aumento en el número de residentes ha revelado ser un patrón sostenido. En 2018 se levantaron 100.733 casas frente a 273.881 nuevos residentes, mientras que en 2019 el saldo fue de 106.266 visados y 399.099 nuevos habitantes. En 2020, a raíz de la pandemia, se finalizaron 85.535 pisos y casas, mientras que la demografía se incrementó en 82.748 personas, mientras que en 2021 los datos fueron de 108.318 visados y 85.929 habitantes más. Sin embargo, la tendencia volvió a afianzarse en 2022 (108.923 visados vs 598.634 nuevos residentes) y se mantuvo en 2023 (109.483 visados vs 534.334 habitantes más). Para 2024, el dato final fue de 127.772 permisos de construcción de obra nueva que se contrastan negativamente con una subida de 508.602 en el padrón nacional.
Es importante tener en cuenta que los indicadores de actividad del sector constructivo se han desplomado tras la Gran Recesión, para no volver a recuperarse. Si aislamos la burbuja inmobiliaria de 2004-2007, desarrollada bajo gobierno del socialista Rodríguez Zapatero, y nos quedamos con los datos del periodo que va de 1992 a 2003, encontramos que el número medio de visados de obra nueva concedidos a los promotores fue de 398.293 nuevos desarrollos por año. En total, la docena de años analizados se saldó con 5,2 millones de nuevas residencias, por encima del incremento demográfico, de 4,9 millones. Se construían más casas de lo que aumentaba el tamaño de la población, evitando el desequilibrio. Semejante paradigma contrasta de forma evidente con el saldo del periodo de Pedro Sánchez, cuando se han levantado alrededor de 747.000 nuevas casas pero la población ha crecido en 3,3 millones.


