No es que me guste incidir en situaciones que preferiría poder olvidar, pero los que ya militamos en edades provectas, hemos pasado buena parte de nuestra juventud, incluso parte de la avanzada madurez, con la conciencia de no pertenecer al mundo en que nos gustaba vivir. Es verdad que siempre había argumentos para suavizar la marginación, mediante alegatos que, tampoco nosotros éramos capaces de aceptar.
Aunque la verdad, tenemos que reconocerlo, pensábamos que aquello había terminado hace muchas décadas, y que España era, por derecho propio, parte de los foros en los que se decidiría el futuro de Europa y, por ende, quiérase o no, el futuro también de España.
Así creíamos que era o, al menos, vivíamos como si así fuera. ¿Qué ha ocurrido para que hoy pensemos lo contrario? ¿Qué ha podido hacer el presidente Sánchez para que el resultado final de aquel período de pleitesía, hacia las instituciones y autoridades de la Unión Europea, se haya tornado en desconocimiento y marginación de estas, hacia nuestro país?
España sigue siendo España, con independencia de quién sea el presidente de su Gobierno. Como dirían los más radicales, España es España, pese a quien ejerza, o simplemente asuma, la presidencia de su Gobierno.
Y, pregunto, porque quizá sea yo el que está fuera de todo contexto, ¿es simplemente una anécdota transitoria que España no fuera convocada, según se dice, a la reunión previa a la Cumbre de la Unión Europea, con el objetivo de fijar una postura común de la U.E. para llevar a la Cumbre? ¿O es que no importa realmente lo que piense España? ¿Desde cuándo y por qué ese alarde de ninguneo?
Es cierto que muchos españoles pensamos que las ideas políticas del presidente, si es que las tiene, y las tesis llevadas a término por su gobierno coaligado, pueden estar muy lejos de las dominantes en la U.E.
Los temas conflictivos han sido varios, entre ellos, la autodefensa nuclear, la concesión de residencia masiva de extranjeros, por decreto, y la no contribución al presupuesto de defensa de la Unión – equivalente cuando menos, al cinco por ciento del P.I.B. – son motivos más que suficientes para el distanciamiento y hasta para la exclusión de reuniones, como la preparatoria para la Cumbre Europea de la semana pasada.
Que el gobierno de Sánchez tiene problemas para ser eficaz en sus medidas, dada la variedad de socios con los que ha comprometido su permanencia, es algo que nos avergüenza; así lo vemos todos o casi todos los españoles, y buena parte de los europeos. Pero de ahí, a no acudir – por no estar convocado – a la reunión, media un abismo.
Es bien cierto que las actuales prioridades de la U.E. están bien alejadas de las del presidente español, por lo que tampoco resulta extraño que, pensando en lo que iba a ser el contenido de la mencionada reunión, apenas unas líneas sobre la posición del presidente Sánchez, han bastado para cumplir con el trámite formal al uso.
Conclusión, aunque cueste reconocerlo, que España no está ya en el centro de decisiones de la U.E.

