
Cuando la Corte Suprema anuló los aranceles que Trump anunció hace ya 11 meses, tablón en mano, nadie tenía muy claro cuánto iba a costar vender productos extranjeros en Estados Unidos. De hecho, la propia Unión Europea decidió ayer frenar la ratificación del acuerdo comercial porque "hay demasiada incertidumbre", en palabras del presidente de la Comisión de Comercio del Parlamento Europeo, Bernd Lange. Así que, entre sentencias, aranceles "temporales" y promesas de nuevos gravámenes, la pregunta es obvia: ¿cuánto están pagando nuestras exportaciones?
Cuando el Supremo anuló los aranceles, Trump anunció una nueva tasa del 10% que un día después (el pasado sábado) elevó al 15%. Sin embargo, no se sabe muy bien por qué, la orden de la Administración estadounidense finalmente ha impuesto la tasa más baja, un arancel global del 10% para todos los productos extranjeros. Se trata de una medida "temporal", según Washington, que se aplicará durante 150 días, mientras la Administración Trump trabaja en una nueva fórmula legal para elevar esa tasa al 15%.
En la práctica, esto significa que los productos de la Unión Europea que entren en Estados Unidos pasan a pagar, de media, un arancel de en torno al 12,6%, según ha explicado el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, en declaraciones a Onda Cero. La cifra es inferior al 14,4% medio que contemplaba el acuerdo comercial alcanzado el pasado verano entre Bruselas y Washington, que fijaba un techo del 15% para los aranceles a los productos europeos.
La situación actual, aunque sea temporal, podría parecer ligeramente más ventajosa para la mayor parte de los exportadores europeos, pero eso no es del todo exacto porque la realidad es mucho más compleja.
En desventaja competitiva
La justicia estadounidense ha obligado a improvisar un arancel global que no puede discriminar entre países ni acuerdos previamente firmados. Es decir, Estados Unidos ha pasado de un sistema de aranceles negociados bilateralmente a un recargo general del 10% para todos los países. Así que los que soportaban tasas más elevadas, ahora tienen una clara ventaja competitiva frente al resto.
Según los análisis que maneja el Gobierno, economías como China o Brasil salen mejor paradas en este nuevo escenario. Al reducirse la penalización e igualar las tasas, muchos productos europeos pierden parte de la ventaja relativa que podían tener frente a competidores que hasta ahora estaban más castigados por la política arancelaria de Trump.
En cualquier caso, la situación está generando una enorme incertidumbre para las empresas exportadoras, que no saben si dentro de unos meses seguirán pagando el 10% actual, el 15% que firmó von der Leyen u otro porcentaje en función de la próxima decisión política en Washington.


