
Argentina ha alcanzado en la campaña 2025-2026 una cifra histórica en la producción de trigo: 27,7 millones de toneladas, el mayor volumen jamás registrado en el país, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario. Y lo más sorprendente es que la cifra supera en un 20% al anterior récord, registrado en la campaña 2021-2022, cuando se rozaron los 23 millones de toneladas.
El buen tiempo no es el único motivo del éxito. Tampoco se explica este salto únicamente por un aumento de la superficie sembrada. Se trata sobre todo de una mejora notable en los rendimientos por hectárea. Así es cómo se ha conseguido.
Rendimientos en máximos y más superficie cultivada
La clave, como en la mayoría de las actividades económicas, es la productividad. El rendimiento medio se ubicó en torno a los 41 quintales por hectárea (4,1 toneladas/ha) –ligeramente por encima de la media española habitual–, lo que supone una mejora sustancial frente a temporadas anteriores. A ello se añade una superficie implantada que, sin ser la mayor de la historia, sí alcanza niveles que no se observaban desde hace casi tres décadas.
La combinación de ambos elementos —más eficiencia productiva y mayor extensión cultivada— ha permitido consolidar una campaña excepcional para el cereal. En otras palabras: se sembró mucho y se cosechó mejor. El productor argentino, acostumbrado a lidiar con la volatilidad económica, está ahora respondiendo con una mayor inversión.
Clima favorable e inversión tecnológica
Las condiciones meteorológicas desempeñaron un papel relevante. La siembra, que se desarrolla entre mayo y julio en el calendario austral, arrancó con niveles adecuados de humedad en los suelos de las principales zonas agrícolas. Posteriormente, precipitaciones abundantes durante el invierno favorecieron el desarrollo del cultivo y un llenado de grano particularmente positivo en la región pampeana.
Sin embargo, el factor climático no explica por sí solo el resultado. Desde el sector destacan también el esfuerzo inversor de los productores en semillas de mayor potencial, fertilización y control sanitario. La incorporación de tecnología y mejores prácticas agronómicas contribuyó también a elevar el techo productivo.
Impacto económico y contexto político
Argentina es el séptimo exportador mundial de trigo y más de la mitad de su producción se destina a los mercados internacionales. Según datos de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina, el país colocó en el exterior el 55% de su trigo el año pasado, con ingresos superiores a los 3.300 millones de euros (3.600 millones de dólares), un 32% más que en 2024.
En este contexto, la cosecha récord refuerza la importancia del complejo agroexportador como fuente clave de divisas para la economía argentina. El sector valora especialmente la previsibilidad normativa y la mejora de las expectativas macroeconómicas, elementos que, según distintos analistas, han favorecido la planificación y la inversión de cara a esta campaña.
Sin estridencias, pero con datos contundentes, la campaña 2025-2026 marca un hito para el trigo argentino y consolida al país como uno de los proveedores estratégicos de cereal en el mercado global.



