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El drama de Rita: su hija se convierte en su propia okupa

Rita, con un 65% de discapacidad, ha tenido que dejar su casa tras la okupación de su hija, que ignora la sentencia de desahucio.

Rita, con un 65% de discapacidad, ha tenido que dejar su casa tras la okupación de su hija, que ignora la sentencia de desahucio.
Rita y su hijo Gabriel, afectados por la okupación. | Captura de vídeo de 'La mirada crítica'.

Rita vive una situación extrema: su propia hija se ha atrincherado en su vivienda y se niega a abandonarla. El caso de Rita ha sido recogido por La mirada crítica. La mujer, con un 65% de discapacidad, se ha visto obligada a trasladarse a más de 1.000 kilómetros junto a su otro hijo, dejando atrás una casa que ahora se encuentra en condiciones deplorables.

La vivienda que antes era el hogar de Rita está llena de basura, muebles destrozados, orina y animales vivos. Lo que debía ser un lugar de cuidado y seguridad, especialmente dada la condición de la madre, se ha convertido en un espacio inhabitable. "Orina, basura, muebles destrozados y animales vivos, así se encuentra la casa", explica la mujer, visiblemente afectada por la situación. La hija, que supuestamente se encargaba de los cuidados de su madre, ha transformado el hogar en un lugar insalubre y peligroso para cualquier residente.

La única solución, una visita sorpresa

El hermano de la okupa, Gabriel, ha intentado en múltiples ocasiones dialogar con su hermana para que deje la vivienda. Sin embargo, la respuesta siempre ha sido negativa, prohibiéndole la entrada al hogar. Gabriel relata: "He intentado hablarlo con ella de buenas. También hemos acudido a las instituciones con pruebas gráficas, pero nos dijeron que no nos podían ayudar. Hemos llegado a servicios sociales, pero nos dicen que lo único que podían hacer era una visita sorpresa, que después de tres años nunca se ha producido o al menos no nos han informado".

Este testimonio evidencia uno de los muchos casos que hemos abordado desde Libre Mercado, donde las limitaciones de los servicios sociales y la burocracia dificultan la resolución de conflictos relacionados con la okupación de viviendas.

Ante la imposibilidad de vivir en su hogar, Rita se ha trasladado con su hijo desde Vigo hasta Ibiza, buscando un entorno seguro. Pese a la mudanza, la madre sigue haciendo frente a los gastos mensuales de la vivienda okupada, que alcanzan aproximadamente 1.000 euros al mes. Esta situación le genera un desgaste económico y emocional considerable, al tiempo que la hija que okupa la vivienda no aporta ingresos ni gastos, gastando "lo que se ahorra de alquiler... por ahí", según denuncian madre e hijo en directo.

Aunque existe una sentencia firme de desahucio que obliga a la hija a abandonar la casa, la joven se niega a cumplirla. La ejecución de la sentencia se encuentra limitada por los plazos legales y la espera en los tribunales, dejando a Rita sin un recurso inmediato para recuperar su vivienda.

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