
El Gobierno de Friedrich Merz decidió enterrar hace unos días una de las medidas estrella, y más polémicas, del anterior gobierno tripartito alemán: la Ley de Calefacción, una norma que pudo ser clave para la derrota de socialistas y verdes. Después de que los socios ecologistas de Olaf Scholz decidieran ir más allá de la directiva europea que busca que los edificios sean cero emisiones y trataran de acelerar el fin de las calefacciones alimentadas por combustibles fósiles, la coalición ha lanzado una nueva ley de Modernización de Edificios que enmienda la Ley de Calefacción, rebajando sensiblemente los objetivos y delimitando qué quedaráa prohibido y qué no en las futuras y existentes viviendas alemanas.
Mientras el proyecto verde buscaba imponer desde su misma aprobación que los nuevos sistemas de calefacción funcionaran por ley en un 65 por ciento a base de energías renovables, la nueva ley elimina esa condición, lo que en la práctica supone que quien lo deseá podrá seguir optando por instalar sistemas que funcionen con gas natural o gasóleo en sus nuevas casas o por renovar sus viejos equipos.
Además, la norma sustituye ese porcentaje del 65 por ciento por un aumento paulatino en el uso de combustibles verdes. En 2029, al menos un diez por ciento tendrá que ser ecológico y el porcentaje se irá incrementando poco a poco hasta llegar, en 2040, a la obligación de que el 60 por ciento de los sistemas por gas utilicen gases renovables, como biogás o hidrógeno verde.
El cambio supone pasar de la práctica obligación de reemplazar calderas de gas averiadas por otros sistemas, y de instalar bombas de calor en todas las casas nuevas (aunque se incluían excepciones cuando esta solución no era viable) a un calendario mucho más amplio que implica dar al usuario la capacidad de decidir y seguir optando por calderas, que, por otro lado, en su mayoría estarán preparadas para funcionar en el futuro con gases renovables cuando la producción de estos aumente.
Por otro lado, también se suprime de la norma la prohibición de utilizar cualquier sistema de calefacción ya existente que use gas natural o gasóleo a partir de 2045.
La ley tratará de empujar al ciudadano a optar por soluciones verdes a través de otros mecanismos: por un lado se mantienen las subvenciones para las más costosas bombas de calor y por otro se establece que será el propietario de la vivienda y no el inquilino quien asuma la mayor parte de la factura, que se prevé más elevada en el futuro, de los sistemas que utilicen combustibles fósiles, así como posibles recargos por emisiones de CO2.
Como ocurrió con la vieja Ley de Calefacción, la reforma, que tiene ahora que debatirse y aprobarse en el Bundestag, ha generado un aluvión de reacciones, entre ellas numerosas críticas de los ecologistas, que claman contra un retroceso en la agenda verde. Otras voces, en cambio, celebran que aporta más claridad frente a la incertidumbre del anterior paquete.


