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La gran crisis del cacao: ¿es el fin del chocolate tal y como lo conocemos?

La industria alimentaria busca soluciones que parecen ciencia ficción: chocolate sin cacao y cacao cultivado en laboratorio.

La industria alimentaria busca soluciones que parecen ciencia ficción: chocolate sin cacao y cacao cultivado en laboratorio.
El chocolate podría cambiar más en los próximos años que en todo el último siglo. | Pixabay/CC/jackmac34

El cacao atraviesa una de las mayores crisis de su historia reciente. Lo que durante décadas fue un suministro relativamente estable se ha transformado en los últimos años en un mercado lleno de incertidumbre con bruscas subidas y desplomes inesperados. La industria alimentaria ya busca soluciones que hasta hace poco parecían ciencia ficción: chocolate sin cacao y cacao cultivado en laboratorio.

Lo que está en juego no es un producto cualquiera. El cacao es la base de una industria global valorada en unos 150.000 millones de euros al año, según un informe del grupo Imarc de 2024. Así que no es de extrañar que fabricantes, científicos e inversores estén buscando un futuro alternativo para seguir satisfaciendo paladares sin depender de las cosechas.

¿Qué está ocurriendo con el cacao?

Como ya contamos en Libre Mercado, el precio del cacao se disparó un 217% entre 2023 y 2025. En junio del año pasado, superó los 11.000 dólares y llegó a registrar máximos históricos en los mercados de futuros de Londres y Nueva York. Posteriormente se produjo una fuerte corrección y los precios llegaron a desplomarse más de un 40%. Ahora mismo, el precio del cacao se sitúa por encima de los 4.300 euros/tonelada, su nivel más alto desde enero, pero lejos del precio récord que llegó a alcanzar en abril de 2025, por encima de los 10.500 euros/tonelada.

Detrás de esta situación hay varios factores. Por un lado, el consumo mundial de chocolate sigue creciendo. Por otro, la producción se enfrenta a problemas cada vez más graves. Costa de Marfil y Ghana, los dos gigantes mundiales del cacao que concentran cerca del 60% de la producción global, han sufrido sequías, lluvias irregulares, enfermedades que afectan a las plantaciones y conflictos con los agricultores. A ello se suma que muchos árboles son ya muy antiguos y producen menos que hace décadas.

Las previsiones tampoco son especialmente tranquilizadoras, sobre todo cuando la ONU está alertando de que tendremos un fenómeno climático "potencialmente fuerte" por El Niño que no sabemos cómo afectará a los cultivos. Además, la nueva normativa europea contra la deforestación obligará a demostrar el origen sostenible del cacao importado, un objetivo compartido por la industria pero que también podría aumentar los costes de producción.

La búsqueda del 'chocolate sin cacao'

Ante este panorama, algunas empresas han decidido explorar una idea que hace apenas unos años habría parecido absurda: fabricar chocolate sin utilizar cacao.

La propuesta no consiste en eliminar el sabor a chocolate, sino precisamente en reproducirlo mediante otros ingredientes. Varias empresas europeas trabajan ya con materias primas como la algarroba, cereales fermentados, semillas o legumbres para conseguir aromas, texturas y sabores similares a los del cacao tradicional. Entre ellas se encuentra la española Natra, uno de los principales fabricantes europeos de productos de chocolate y derivados del cacao.

La lógica es sencilla. Si el cacao es cada vez más caro, más difícil de producir y más vulnerable a los cambios del clima, quizá sea posible encontrar alternativas más estables y cercanas.

La otra opción: cacao de laboratorio

Todavía más sorprendente es la otra gran apuesta de la industria: el cacao cultivado en laboratorio. A diferencia del chocolate sin cacao, aquí el objetivo no es imitar el cacao, sino producir cacao auténtico mediante técnicas de cultivo celular: los investigadores cogen células de una planta de cacao y las multiplican en entornos controlados hasta obtener los compuestos necesarios para elaborar chocolate.

Sobre el papel, esta tecnología permitiría producir cacao durante todo el año, sin depender de sequías, plagas o problemas geopolíticos. También reduciría la necesidad de abrir nuevas plantaciones en zonas tropicales.

Sin embargo, todavía existen importantes obstáculos. Los costes siguen siendo elevados y la tecnología se encuentra en una fase temprana de desarrollo. Aun así, varias empresas de Estados Unidos, Reino Unido e Israel ya trabajan para convertir esta idea en una realidad comercial.

Un invento que cambiaría el mundo

La aparición de alternativas introduce un nuevo elemento que hasta hace poco no existía: la competencia. Así que si estas nuevas tecnologías consiguen abaratar costes y convencer a los consumidores, el mercado mundial del cacao podría transformarse profundamente durante las próximas décadas.

Costa de Marfil y Ghana serían probablemente los países más expuestos. Ambos dependen en gran medida de las exportaciones de cacao y millones de agricultores obtienen de este cultivo la mayor parte de sus ingresos. También podrían verse afectados otros grandes productores como Ecuador, Nigeria, Camerún o Indonesia.

Los fabricantes tendrían acceso a materias primas más estables y menos expuestas a fenómenos climáticos extremos. Los consumidores podrían disfrutar de productos menos sujetos a esas oscilaciones de precios tan bruscas. Y países como España, capaces de producir los ingredientes alternativos como la algarroba, podrían encontrar una nueva oportunidad económica.

La gran pregunta es si los consumidores estarán dispuestos a aceptar estos cambios porque, al final, no es cuestión de ciencia ni logística. Todo dependerá de si la tableta del futuro sigue derritiéndose en la boca y ofreciendo ese sabor intenso que lleva siglos conquistando al mundo.

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