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Sánchez carga a cada español con 11.513 euros de deuda

La deuda pública roza los 1,73 billones y crece 135.956 euros por minuto bajo Sánchez, con casi 572.000 millones más desde que llegó a Moncloa.

La deuda pública roza los 1,73 billones y crece 135.956 euros por minuto bajo Sánchez, con casi 572.000 millones más desde que llegó a Moncloa.
Europa Press

Un mes más, seguimos con la tendencia alcista de la deuda, que no se parará hasta que no se entre en equilibrio presupuestario, cosa que no entra dentro de los planes de la política económica del actual gobierno.

En mayo, se produce una bajada de la deuda pública, pero no porque haya una situación de superávit que lleve a poder amortizar deuda, sino por el decalaje que hay entre las refinanciaciones del Tesoro y la amortización de la deuda que vence, ya que la situación sigue siendo de déficit y, por tanto, la deuda continuará aumentando a lo largo del año en valores absolutos, de manera que la tendencia alcista de la deuda se mantiene.

En mayo, por efecto del citado decalaje entre refinanciaciones y amortizaciones, la deuda bajó en 6.484 millones de euros y mantiene, así, su tendencia alcista, como ha hecho Sánchez durante todo su mandato. Sólo en 2025, la deuda se incrementó en 78.108 millones, que con el dato de mayo se mantiene en esos casi 70.000 millones en los últimos doce meses, de mayo de 2025 a mayo de 2026.

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La deuda supera los 1,7 billones de euros y se dirige hacia los 1,8 billones, y se sitúa en abril en 1,729396 billones de euros de endeudamiento, con más de 572.000 millones de euros de incremento desde que gobierna Sánchez –572.059 millones–, según las notas iniciales de deuda de las AAPP emitidas por el Banco de España con carácter mensual.

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De esta forma, la deuda sigue incrementándose en alrededor de 200 millones de euros al día (195,78 millones) –casi 1.500 millones a la semana, 6.000 millones al mes, casi 8,5 millones cada hora– desde que gobierna Sánchez.

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O dicho de otra manera, Sánchez incrementa la deuda cada minuto en 135.956 euros

Es decir, mientras un ciudadano hace una pausa de quince minutos para tomarse un café por la mañana, Sánchez habría incrementado la deuda en más de 2 millones de euros.

Y durante una jornada laboral completa, en la que un ciudadano habrá estado trabajando duramente ocho horas, generando actividad económica, empleo y pagando sus impuestos, Sánchez habrá aumentado la deuda en 65 millones de euros.

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El incremento del endeudamiento puede poner en peligro a la economía española, tanto por su capacidad para financiarla si el BCE deja de comprar deuda, como por la repercusión de sus intereses en el presupuesto, que mermará recursos para servicios esenciales y que, a su vez, incrementará el gasto. Es algo que no se tiene en cuenta, pero que constituye un peligro larvado.

Así, sobre la base de unos ingresos coyunturales, se ha ido asumiendo un incremento del gasto anual en el sector público, especialmente en el Gobierno de la nación, que nos lleva a una situación de insostenibilidad: con una recaudación adicional de más de 30.000 millones en 2022, el déficit sólo se redujo 2 décimas sobre el objetivo, que denota el importante incremento del gasto que se está produciendo –tres décimas si empleamos la revisión del PIB, pero no es comparable con la previsión inicial, realizada con un PIB estimado menor, al no haberse revisado entonces–. Además, la IGAE detectó un pequeño incremento del déficit posteriormente, que se come una décima. En 2023, el gasto siguió aumentando y si el déficit disminuyó se debió sólo al incremento de ingresos por aumento de la inflación, al igual que en 2022. En 2024, el saldo se redujo también por incremento extraordinario del PIB en su revisión. El Gobierno también fio todo a los ingresos en 2025, ya que el gasto lo disparó de nuevo, como hemos podido ver con el techo de gasto no financiero que previó para 2025 –pese a no presentar, finalmente, PGE–, donde cada vez se vuelve más estructural, tal y como ha vuelto a hacer para 2026 y para 2027, donde el techo de gasto no financiero propuesto en la senda de estabilidad rechazada por el Congreso, es 112.000 millones de euros mayor que el que había cuando Sánchez llegó al Gobierno. El cumplimiento del objetivo en 2025 se debe a la recaudación extraordinaria, que ascendió a 325.000 millones de euros, por la no deflactación del IRPF y las subidas de impuestos, que asfixia a ciudadanos y empresas, y por la inflación, que los empobrece,

Este endeudamiento se agravará, con mayor crecimiento de gasto, que incrementará el gasto estructural y el déficit estructural, con presiones de gasto adicionales muy importantes como el desequilibrio existente en la Seguridad Social, que con la reforma del Gobierno se desajusta todavía más, al presionar fuertemente al gasto. La reforma propuesta del SFA, además de estar diseñada al dictado de los independentistas catalanes, pretende aumentar el gasto en 21.000 millones de euros sin reducirlos de las partidas de la AGE Ahora, no se ve, pero el deterioro estructural que provoca este crecimiento insano cortoplacista es muy intenso.

Adicionalmente, si, en un futuro, se terminase de aplicar el concierto catalán, la Administración General del Estado puede perder decenas de miles de millones de euros de ingresos, con el agravamiento de dicho déficit, al tiempo que tendría que cubrir los servicios esenciales de las CCAA receptoras de fondos ante la insolidaridad del cupo catalán, tal y como distintos organismos han publicado.

De esa manera, el déficit estructural español se sitúa alrededor de cuatro puntos porcentuales sobre el PIB, elemento que señala un grave desequilibrio de la economía española. Déficit estructural que es la gran preocupación de la Comisión Europea.

La tendencia, así, sigue siendo alcista –y así seguirá mientras siga habiendo déficit, pues la deuda no es más que el sumatorio de los distintos saldos presupuestarios de cada ejercicio– con la aportación de inestabilidad a la economía que ello supone, como también ha sucedido en 2022, 2023, 2024 y 2025 pese al incremento extraordinario de recaudación motivado por la inflación; inestabilidad acrecentada por el hecho de llevar tres ejercicios sin presupuestos, situando el gran problema en la actualidad, donde la ralentización económica –más allá del impulso artificial del efecto base estadístico– será mayor y los ingresos podrán cubrir todavía peor los gastos. La propia AIReF advirtió el pasado año de la aceleración del gasto y ha pedido que se tomen medidas para corregirlo en alrededor de 10.000 millones de euros –ya es el doble que en su primera propuesta del año pasado–. Vuelve a hacerlo este año e incluso Escrivá, desde el Banco de España, advierte sobre el crecimiento de la deuda.

La deuda con esos 1,729 billones de euros, supone el 100,2% del PIB español según el Banco de España, pero sólo por el efecto del incremento extraordinario del PIB en la revisión de 2021 y la estimación de mayor PIB para 2026. Sin esa revisión, sería del 103,1% del PIB. Es decir, la revisión extraordinaria del PIB rebaja en casi 3 puntos el cociente:

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Aunque es obvio que el efecto del denominador derivado del crecimiento del PIB mitiga el cociente, como vemos, seguirá siendo muy elevado porcentualmente y, lo que es más preocupante, creciente en valores absolutos.

Así, si durante el primer año creció la deuda por persona en 828,03 euros, en los más de siete años y medio de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en 11.513 euros –casi catorce veces el incremento del primer año–.

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De esa forma, seguimos con un incremento exponencial del gasto, siendo los últimos de la UE que conseguimos recuperarnos, pese a la revisión extraordinaria al alza que ha realizado el INE y al impulso que los últimos ocho años le ha dado el gasto público al PIB, en un entorno económico complicado, además de la inflación.

Seguimos como todos los meses, desgraciadamente, con una tendencia acumulada de más gasto, más déficit, más deuda y más impuestos y un daño terrible a la estructura económica española en el medio y largo plazo, que no parece que vaya a corregirse en el año electoral en el que vamos a entrar, que lleva al empobrecimiento de la economía española, con encarecimiento de la cesta de la compra y mayor distancia en PIB per cápita en comparación con la media de la UE.

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