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El día que un fax liberó al Perú

Hace unas semanas se conmemoró en el Perú el aniversario del vídeo que significó el principio del fin de la dictadura de Fujimori. Este 19 de noviembre se recuerda los 10 años del fax enviado desde Japón por el ex presidente -hoy sentenciado a 25 años- con el que cobardemente renunció a su cargo.

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Hace unas semanas se conmemoró en el Perú el aniversario del vídeo que significó el principio del fin de la dictadura de Fujimori. Este 19 de noviembre se recuerda los 10 años del fax enviado desde Japón por el ex presidente -hoy sentenciado a 25 años- con el que cobardemente renunció a su cargo.
Fujimori, en una sesión de unos de sus numerosos juicios. | Archivo

Las semanas previas a la decisión de Fujimori de dejar el cargo fueron muy agitadas. Ya se había hecho público el vídeo en el que Montesinos ofrecía dinero al congresista de la oposición Alberto Kouri para que se pasara al oficialismo, y el propio ex asesor presidencial había desaparecido.

Ante la ausencia de un Montesinos ya involucrado en numerosos casos de corrupción –se descubrió una cuenta en Suiza con 48 millones de dólares- e incluso de tráfico de armas, entre otros muchos, Fujimori comenzó una desesperada búsqueda de su ex aliado. Para muchos, éste intentaba recuperar los cientos de vídeos que Montesinos tenía en su poder, algunos de los cuales podrían involucrar directamente al aún presidente, y así borrar las huellas del delito y planear su viaje de escape. Según algunas versiones, el 7 de noviembre de 2000 Fujimori pidió a sus colaboradores que trasladaran unos vídeos robados de la casa de Montesinos –algo por lo que también ha sido condenado- al Grupo Aéreo Nº 8, aeropuerto desde donde despega el avión presidencial.

El punto más patético de esta supuesta persecución ocurrió en la mañana del 13 de noviembre de 2000 cuando la oficina de prensa de la presidencia peruana convocó a la prensa a la playa Arica -a unos 35 kilómetros al sur de Lima- ya que se iba a allanar "una vivienda donde estaba el asesor". Muchos periodistas pensaron que Fujimori encabezaría ese operativo -como ya lo había hecho en días anteriores en Lima y en la localidad de Chaclacayo- pero posteriormente se descubrió que todo había sido planificado para que la prensa no pudiera registrar la salida de Palacio de Gobierno de Fujimori hacia el Grupo Aéreo Nº 8 para tomar un vuelo. El destino: Brunei, para participar en la Cumbre del APEC el 15 y 16 de noviembre. Además, esa misma mañana se votó a favor de la moción de censura contra la presidenta del Congreso, perteneciente al fujimorismo.

Fujimori dejó el avión presidencial en San Francisco para tomar un vuelo comercial hacia Brunei, donde estuvo poco más de 24 horas, para después seguir viaje hacia Japón, sin explicar previamente la intención de su escala. Para ese entonces, Valentín Paniagua, un respetado político que llegó a ser ministro de Justicia a los 28 años en 1965, ya había asumido la presidencia del Congreso. El 19 de noviembre, y de una manera cobarde que hasta sus seguidores le recriminaron, Fujimori remitió vía fax –cuando ya lo había avanzado el primer ministro Federico Salas- su renuncia a la Presidencia de la República, anunciando que se quedaría en Japón por tiempo indefinido, algo que las propias autoridades niponas aceptaron al tener éste nacionalidad japonesa.

En su carta al Congreso, Fujimori señaló que "he vuelto a interrogarme sobre la conveniencia para el país de mi presencia y participación en este proceso de transición. Y he llegado a la conclusión de que debo renunciar, formalmente, a la Presidencia de la República, situación que contempla nuestra Constitución, para, de este modo, abrir paso a una etapa de definitiva distensión política que permita una transición ordenada". Fujimori intentaba librarse sin duda de los numerosos procesos que le esperaban a su regreso al Perú, algo que sucedió varios años después y que han terminado, en el caso de su juicio más serio -el de violación de los derechos humanos- en una condena de 25 años de cárcel.

Sin embargo, pese a esta cobarde maniobra, el Congreso decidió no aceptar su renuncia y más bien declaró vacante la Presidencia de la República aduciendo "incapacidad moral permanente" de Fujimori, inhabilitándolo además para ejercer cualquier cargo público por un periodo de 10 años.

El ejemplo peruano en la restitución de la democracia

Con la renuncia de Fujimori, el Perú vivió unos días de incertidumbre. Sin embargo, rápidamente se sucedieron los acontecimientos: el vicepresidente Francisco Tudela renunció a su cargo y Ricardo Márquez, el segundo vicepresidente, llamó a Paniagua para decirle que lo esperaba en la sede del Ejecutivo. El presidente del Congreso, vista la delicada situación del moribundo gobierno fujimorista fue claro y directo: "No, venga usted al Congreso". Esa misma noche del lunes 20 de noviembre, Márquez dimitió, por lo que la cámara baja decidió nombrar presidente constitucional a Valentín Paniagua, un hombre que pasó en pocos meses de ser elegido congresista con una modesta votación (con sólo 14.335 votos fue el segundo menos votado), a regir los destinos de un país hundido por la corrupción política pero sobre todo moral.

Comenzó entonces lo que se llamó la "transición democrática" del Perú y sin dudarlo, Paniagua comenzó a tomar decisiones muy arriesgadas –sobre todo en el Perú con antecedentes golpistas-, como la de cambiar a los altos mandos militares, todo ellos colocados a dedo por Fujimori y avalados por Montesinos. Además, aseguró que no se presentaría a las elecciones de 2001 (ante la anulación de las de 2000 por el evidente fraude) para no alterar la campaña electoral. Durante su mandato eligió al respetado ex secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, como primer ministro y encargado de la cartera de Relaciones Exteriores.

Para muchos, la transición peruana fue todo un éxito. Se pasó de un gobierno autoritario a un gobierno transitorio democrático que cumplió todas las reglas de juego. Además, todo se hizo de una manera muy tranquila, sin un solo tiro, sin ninguna reacción violenta ni de las fuerzas armadas ni de la población. Al contrario, casi todos alabaron el momento y la prueba fue el enorme reconocimiento que se llevó Paniagua cuando le entregó la banda presidencial a Alejandro Toledo.

Los fujimoristas siguen su camino

Este viernes 19 de noviembre se celebra en el Perú la recuperación de la democracia gracias a un fax. Víctor Andrés García Belaúnde, líder del histórico partido Acción Popular, el mismo que llevó a la presidencia dos veces a Fernando Belaúnde Terry en 1963 y 1980, señaló a la emisora CPN Radio que Paniagua realizó "un trabajo titánico, con una gran labor en base a consensos, en base a tender puentes y a su figura personal intachable". Además, reveló que el mismo Paniagua le confesó poco después que "llevo 10 días de presidente y ya estoy agotado".

Por su parte, Keiko Fujimori, hija del reo y que se presentará a las elecciones presidenciales de 2011, dice ahora que no estuvo de acuerdo con la decisión de su padre de renunciar por fax desde Japón. En declaraciones a Radio Programas del Perú (RPP) aclaró que "no voy a juzgar a mi padre. Soy su hija, las discrepancias que yo tenga con él se las digo a él personalmente. Va en contra de la ley natural que una hija juzgue a su padre". Eso sí, también aprovechó la circunstancia para revelar que Fujimori le pidió que saliera del país para "no ser víctima de una persecución o un posible encarcelamiento", algo que rechazó: "Decidí salir en plena luz del día, dar la cara y responder a las preguntas de los medios de comunicación".

A nadie se le escapa que se trata de una nueva maniobra del fujimorismo para construir una imagen de su candidata que decidió quedarse para "luchar por su país y por su padre", otorgándole así una imagen épica y sentimental que podría funcionar para los nostálgicos de la década autoritaria de Fujimori.

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