(Libertad Digital)
El asesino rebolucionario
Fidel fue fruto del segundo matrimonio de un terrateniente de origen gallego, con Lina Ruiz, del que también nacieron Ángela, Ramón, Raúl y Juana. Estudió interno en colegios católicos de Santiago y La Habana hasta ingresar en 1943 en la Universidad para cursar Derecho, carrera que finalizará siete años más tarde. Durante su etapa universitaria se unió a la fracasada "Legión del Caribe", que pretendió derrocar al dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana. Luego, Fidel planeó una nueva insurrección armada en Colombia, que también conoció el desastre. En 1952, ya siendo abogado, comenzó su lucha pública contra el dictador Fulgencio Batista. Incorporado a un grupo de revolucionarios, el 26 de julio de 1953 participó en el asalto al cuartel de la Moncada en Santiago, la segunda fortaleza de la isla. La iniciativa fracasó y Castro, hecho prisionero y sentenciado a muerte, salvó la vida gracias a la intermediación del arzobispo de Santiago. Fue condenado a 15 años de prisión y durante su turno de defensa pronunció la célebre frase de "condenadme, que la historia me absolverá". En mayo de 1955 fue amnistiado por el Congreso cubano gracias a la presión internacional y tras dejar la isla de Pinos, donde estaba encarcelado, se exilió en México.
El 2 de diciembre de 1956, Castro guió la denominada expedición del “Granma” que, desembarcada en Playa Colorada, en Oriente, sufrió una gran derrota ante las tropas de Batista. Con fortuna, Castro y doce seguidores lograron refugiarse en Sierra Maestra, la mayor cordillera cubana. Allí, el grupo se hizo fuerte gracias al apoyo del campesinado y adoptó el nombre de "Movimiento 26 de julio", en memoria del asalto al cuartel de la Moncada. Entre los lugartenientes de Fidel figuraban su hermano Raúl y el "Che" Guevara, el mitificado médico “revolucionario terrorista” argentino que llegó a la isla a matar cubanos. A finales de 1958, Castro consiguió extender la lucha al resto de la isla y Batista, incapaz de vencer la insurrección huyó del país el 1 de enero de 1959. Una semana más tarde, el 8 de enero de 1959 entró con su ejército en La Habana.
La entrada en La Habana, el comienzo de 45 años de pesadilla
Al poco tiempo se constituía un Gobierno provisional integrado por fuerzas revolucionarias y liberales, y en el que Castro fue designado comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Poco después, el 14 de febrero de 1959, fue elegido primer ministro en sustitución de José Miró Cardona, y comenzó a imponer la revolución que ha sumido durante casi 45 años a la isla en una de las más terroríficas dictaduras. Con la ayuda de la URSS y China, lo que le alejó de la postura del “Ché”, que se fue a seguir matando a otro lado (murió años después en Bolivia, apresado por el Ejército), una de sus primeras medidas fue la firma, el 17 de mayo, de la Ley de Reforma Agraria, por la que se desposeyó a los grandes propietarios de sus latifundios y se redistribuyó la tierra. La revolución entraba así en la senda socialista. La nueva ley agraria generó profundas divergencias, tanto dentro del país como en el vecino Estados Unidos, que amenazó con cortar todo tipo de ayuda y emplear la enmienda Platt, que desde marzo de 1901 legitima a Washington a intervenir en la isla.
La confiscación de propiedades privadas, primera medida de su “robolución”
Durante 1960, el Gobierno castrista comenzó un programa de nacionalización de las empresas extranjeras –en su mayoría norteamericanas, también españolas (centro asturiano en La Habana) establecidas en la isla–. El 13 de octubre pasa a la memoria revolucionaria como el día en que todos los bancos cubanos y numerosas empresas, entre ellas 105 azucareras, fueron estatalizadas. Poco antes, el 7 de mayo, Cuba y la Unión Soviética habían establecido relaciones diplomáticas e iniciado una colaboración militar y económica que se prolongará hasta la desintegración del gigante comunista soviético en 1989. El 2 de septiembre de 1960, leyó la I Declaración de la Habana, en la que analizó la miserable situación del subcontinente americano y llamó a la sublevación contra el imperialismo norteamericano. Asimismo, el comandante anunciaba, aun veladamente, su compromiso a prestar ayuda a todos los pueblos subyugados. Realmente, lo que hizo, y hace, fue colaborar en extender su revolución comunista con el adiestramiento de movimientos terroristas. Chile, Bolivia, Angola, ahora Venezuela, no son más que pequeños ejemplos de cómo el dictador fue el mejor amigo del comunismo y, por ende, el que mayor lacra ha causado al continente americano.
La Declaración, unida a la política renacionalizadora, motivó que Estados Unidos decretara el 20 de octubre un embargo a las exportaciones cubanas. En los siguientes años, el Gobierno norteamericano aprobó y aplicó otras tantas sanciones económicas, cuyos dos últimos ejemplos han sido la ley Torricelli (1992), sancionada bajo la presidencia Bush, y la ley Helms-Burton- (1996), aprobada en el mandato Clinton. El 3 de enero de 1961, el gobierno norteamericano rompió relaciones diplomáticas con el régimen castrista. Por su lado, Cuba evolucionó hacia el socialismo real. Varios factores influyeron en ese tránsito. La invasión de Bahía Cochinos el 17 de abril de 1961, la crisis de los misiles de octubre de 1961, el recrudecimiento del bloqueo, el exceso de idealismo, la ineficacia del sistema, la guerra fría y la desorientación económica ante la subordinación-dependencia del amigo soviético. El 7 de octubre de 1965, el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) adoptó el nombre de Partido Comunista de Cuba (PCC), a la vez que se definía como marxista leninista. Esta reconversión, dirigida personalmente por Fidel, conllevó tensiones en el interior de la organización. Con vaivenes, el socialismo cubano fue avanzando y en 1975 el Partido celebró su I Congreso, justo cuando las primeras tropas cubanas entraron en combate en Angola. Fue confirmado en el cargo de primer secretario general y su hermano Raúl fue elegido segundo secretario. Luego, ambos consiguieron sucesivas reelecciones en los máximos puestos en el partido en todos los Congresos: diciembre de 1980, febrero de 1986, octubre de 1991 y octubre de 1997.
Los estrechos contactos con los países de la órbita socialista propiciaron la entrada de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) en julio de 1972. Ello trajo un tiempo de bonanza y respiro para Fidel, que perduró hasta entrada la década de los ochenta. Llegaron créditos millonarios y en la isla se vivió con desahogo. Eran los tiempos del médico para todos, de escasas colas en la adquisición de bienes de primera necesidad y de las obras sociales. El 3 de diciembre de 1976 fue elegido jefe del Estado por la totalidad de la Asamblea Nacional, desapareciendo el cargo de presidente de la República y con él, Osvaldo Dorticós. Con todo, el comandante acumula ya tres cargos: primer ministro, primer secretario general del Partido Comunista y el citado de máxima jefatura del país. Sobre el papel, sólo le restaba por detentar la dirección de las Fuerzas Armadas. Esta jefatura la asumió definitivamente en enero de 1980 en virtud de un decreto que reorganizaba el Ejecutivo y que en ese momento le confirió además la titularidad de los ministerios de Cultura, Interior y Salud Pública.
Del colapso comunista de la URSS, al socialismo irrevocable de Cuba
En 1989 se produjo el colapso de la Europa del Este y la desintegración de la URSS, cuando el clima social en Cuba estaba más tranquilo y el socialismo se hallaba más relajado, si exceptuamos el juicio al que fue sometido el general Arnaldo Ochoa, héroe en varias contiendas, y otros jefes militares, acusados de tráfico de drogas y alta traición, y que fueron fusilados en julio de 1989. La vida de los isleños cambió radicalmente pero Fidel, vaticinando la hecatombe de los países socialistas, ya había advertido en un discurso que, aunque Cuba se quedara sola, continuaría unida al marxismo-leninismo. Para los nuevos tiempos, la consigna sería "socialismo o muerte". Castro y su Gobierno se aferraron en la resistencia, rodeados por un aislamiento cada vez más enérgico. Llegaron los apagones de 10 horas, los bueyes, la bicicletas chinas, la más aguda crisis económica de la historia cubana y los balseros. La política de autarquía impuesta por la circunstancias se intentó salvar con una tímida apertura económica. El 26 de julio de 1993, en uno de los discursos que mayor expectación en los últimos años, anunció la aprobación de una serie de reformas, cuyo símbolo más conocido fue la legalización parcial del dólar.
Aunque los opositores pensaron que era el fin del "socialismo o muerte" y la instauración del "socialismo de mercado", en 1996 reafirmó que "la revolución en Cuba no tiene alternativa", corroborando un informe difundido el 23 de marzo por el PCC que despejaba cualquier duda sobre la dirección del Estado. En febrero de 1998 fue reelegido presidente para un nuevo período de cinco años durante la constitución de la Asamblea Nacional (Parlamento). Su intransigencia a una apertura democrática le ha valido ser objeto de numerosos atentados. Sus servicios de seguridad hablan de más de 150 en los últimos 35 años. En estos años, el comandante se ha acercado a Latinoamérica si acaso para superar el aislacionismo al que le ha sometido Estados Unidos. A raíz de esta política de aproximación, el régimen restableció durante los ochenta relaciones diplomáticas con un gran número de países y asistió a varias tomas de posesión de otros tantos presidentes americanos. La visita del Papa Juan Pablo II a la isla, en enero de 1998, se convirtió en el hecho más importante de esta política de acercamiento. El viaje, calificado de "histórico", fue un éxito tanto para la Iglesia Católica, que demandó apertura al régimen, como para el líder cubano, quien aprovechó para desautorizar una vez más el embargo.
La ambigüedad internacional, sostén de un régimen caduco
Castro, que no había faltado a ninguna de las diez primeras cumbres iberoamericanas celebradas desde 1991, no participó en la reunión de Lima, de noviembre de 2001, por las graves devastaciones provocadas por el huracán Mitchell en la isla. La cumbre de La Habana, en noviembre de 1999, fue un claro ejemplo de este seguimiento informativo hacia él, atracción que por una vez compartió con la disidencia. Al año siguiente, en noviembre de 2000, durante la celebración de la X Cumbre Iberoamericana en Panamá, fue de nuevo centro de atención por denunciar que unos exiliados pertenecientes a la Fundación Cubano Americana pretendían asesinarle y por el rechazo de su país a firmar una condena conjunta del terrorismo de ETA, ya que consideró que era incompleta por no condenar el terrorismo en todas sus formas y no sólo el del caso español.
Una década de "farsa" para acabar con la disidencia
Desde 1996, su Gobierno comenzó la estrategia de la farsa para acabar de con todos los vestigiosa de disidencia en una década. La maquiavélica estrategia comenzó por tolerar las actividades de la disidencia interna para en abril de 2003 encarcelar a 75 disidentes gracias a la colaboración de agentes infiltrados durante diez años y con algunas pruebas irrefutables como la tenencia de papel o la conexión a Internet. Pero antes de llegar a esto, Castro permitió la publicación del texto "La Patria es de todos" (1996) y consentido las peticiones de democracia de la Plataforma Común (1999) y el "Proyecto Varela" (2001), cuyas demandas fueron incluso presentadas ante la Asamblea nacional en mayo de 2002, en vísperas de la visita de James Carter. En este línea, Castro permitió que esa disidencia se entrevistara con políticos extranjeros como el presidente español José María Aznar (1999), el presidente mexicano Vicente Fox (2002) o el ex presidente norteamericano James Carter (2002). Sin embargo, coincidiendo con la guerra de Irak, Castro lanzó la más dura represión de la disidencia con el arresto de 75 democráticos y pacíficos disidentes que le ha valido a Cuba un endurecimiento de la postura internacional. El 26 de junio de 2002, bajo su directriz, el Parlamento aprobó una reforma que considera el socialismo como "irrevocable". El cambio constitucional de la Carta Magna de 1976 fue la respuesta de La Habana a la exigencia de cambios democráticos pedidos por Estados Unidos.
Sus crisis con España; de la hipocresía a la diplomacia
Las relaciones de Castro con España se han movido entre la hipocresía y lo diplomático, a veces connivente. Hasta 2001 ha visitado España en tres ocasiones. La primera, en febrero de 1984, aprovechando una escala técnica en su regreso a Cuba desde Moscú; la segunda, en julio de 1992, con motivo de la II Cumbre Iberoamericana. El 20 de octubre de 1998 volvió a visitar España, esta vez Mérida, donde llegó procedente de Oporto después de participar en la Cumbre de Oporto la VIII Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica. También han existido crisis. En julio de 1990 se produjo la denominada "crisis de las embajadas", cuando un grupo de cubanos se refugió en la legación, y los contactos entre ambos países se enfriaron hasta el punto de suspender España la ayuda económica. En esa ocasión, Castro calificó de "angustiado administrador colonial", "cínico" e "ignorante" al ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, quien antes había afirmado que "si Castro abre las puertas se le puede venir abajo el régimen". Las relaciones entre ambos Estados volvieron a agriarse en noviembre de 1996 después de que el embajador José Coderch manifestara su deseo de entrevistarse con la oposición interna. El régimen castrista consideró esta afirmación de injerencia y le retiró el placet. Consecuentemente, España estuvo sin embajador 16 meses.
De buena salud, pero con mucha edad
Poseedor de una buena salud, pero con el agravante de la edad, en junio de 2001 sufrió un desvanecimiento y fue auxliado en el municipio habanero de El Cotorro, durante una de sus habituales y prolongadas alocuciones. Varias horas después continuó su intervención pero desde un estudio de televisión. Cinco días después ratificó a su hermano Raúl como su único sucesor. Hace dos meses, en Argentina, volvió a desmayarse. Este martes 15 de julio de 2003 se ha conocido la noticia de su muerte.
Los datos referidos a su vida privada y familiar se guardan en el más estricto secreto, por voluntad suya al considerar que es lo único que tiene, tan sólo se conoce oficialmente que entre octubre de 1948 y 1954 estuvo casado con Mirtha Díaz-Balart, con quien tuvo un hijo, Fidel (15.09.1949), conocido en la isla por Fidelito. Además tiene una hija ilegítima, Alina Fernández Revuelta, nacida en 1956 de su relación con Nati Revuelta y que vive en el exilio desde 1993. Es una dura opositora al sanguinario régimen de su padre. También, desde los primeros años de los sesenta se conoce que está unido a la maestra Dalia Soto del Valle, con la que ha tenido cinco hijos (Alejandro, Alexis, Antonio, Alex y Ángel).
Reseña realizada con datos de la agencia Efe
El 2 de diciembre de 1956, Castro guió la denominada expedición del “Granma” que, desembarcada en Playa Colorada, en Oriente, sufrió una gran derrota ante las tropas de Batista. Con fortuna, Castro y doce seguidores lograron refugiarse en Sierra Maestra, la mayor cordillera cubana. Allí, el grupo se hizo fuerte gracias al apoyo del campesinado y adoptó el nombre de "Movimiento 26 de julio", en memoria del asalto al cuartel de la Moncada. Entre los lugartenientes de Fidel figuraban su hermano Raúl y el "Che" Guevara, el mitificado médico “revolucionario terrorista” argentino que llegó a la isla a matar cubanos. A finales de 1958, Castro consiguió extender la lucha al resto de la isla y Batista, incapaz de vencer la insurrección huyó del país el 1 de enero de 1959. Una semana más tarde, el 8 de enero de 1959 entró con su ejército en La Habana.
La entrada en La Habana, el comienzo de 45 años de pesadilla
Al poco tiempo se constituía un Gobierno provisional integrado por fuerzas revolucionarias y liberales, y en el que Castro fue designado comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Poco después, el 14 de febrero de 1959, fue elegido primer ministro en sustitución de José Miró Cardona, y comenzó a imponer la revolución que ha sumido durante casi 45 años a la isla en una de las más terroríficas dictaduras. Con la ayuda de la URSS y China, lo que le alejó de la postura del “Ché”, que se fue a seguir matando a otro lado (murió años después en Bolivia, apresado por el Ejército), una de sus primeras medidas fue la firma, el 17 de mayo, de la Ley de Reforma Agraria, por la que se desposeyó a los grandes propietarios de sus latifundios y se redistribuyó la tierra. La revolución entraba así en la senda socialista. La nueva ley agraria generó profundas divergencias, tanto dentro del país como en el vecino Estados Unidos, que amenazó con cortar todo tipo de ayuda y emplear la enmienda Platt, que desde marzo de 1901 legitima a Washington a intervenir en la isla.
La confiscación de propiedades privadas, primera medida de su “robolución”
Durante 1960, el Gobierno castrista comenzó un programa de nacionalización de las empresas extranjeras –en su mayoría norteamericanas, también españolas (centro asturiano en La Habana) establecidas en la isla–. El 13 de octubre pasa a la memoria revolucionaria como el día en que todos los bancos cubanos y numerosas empresas, entre ellas 105 azucareras, fueron estatalizadas. Poco antes, el 7 de mayo, Cuba y la Unión Soviética habían establecido relaciones diplomáticas e iniciado una colaboración militar y económica que se prolongará hasta la desintegración del gigante comunista soviético en 1989. El 2 de septiembre de 1960, leyó la I Declaración de la Habana, en la que analizó la miserable situación del subcontinente americano y llamó a la sublevación contra el imperialismo norteamericano. Asimismo, el comandante anunciaba, aun veladamente, su compromiso a prestar ayuda a todos los pueblos subyugados. Realmente, lo que hizo, y hace, fue colaborar en extender su revolución comunista con el adiestramiento de movimientos terroristas. Chile, Bolivia, Angola, ahora Venezuela, no son más que pequeños ejemplos de cómo el dictador fue el mejor amigo del comunismo y, por ende, el que mayor lacra ha causado al continente americano.
La Declaración, unida a la política renacionalizadora, motivó que Estados Unidos decretara el 20 de octubre un embargo a las exportaciones cubanas. En los siguientes años, el Gobierno norteamericano aprobó y aplicó otras tantas sanciones económicas, cuyos dos últimos ejemplos han sido la ley Torricelli (1992), sancionada bajo la presidencia Bush, y la ley Helms-Burton- (1996), aprobada en el mandato Clinton. El 3 de enero de 1961, el gobierno norteamericano rompió relaciones diplomáticas con el régimen castrista. Por su lado, Cuba evolucionó hacia el socialismo real. Varios factores influyeron en ese tránsito. La invasión de Bahía Cochinos el 17 de abril de 1961, la crisis de los misiles de octubre de 1961, el recrudecimiento del bloqueo, el exceso de idealismo, la ineficacia del sistema, la guerra fría y la desorientación económica ante la subordinación-dependencia del amigo soviético. El 7 de octubre de 1965, el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) adoptó el nombre de Partido Comunista de Cuba (PCC), a la vez que se definía como marxista leninista. Esta reconversión, dirigida personalmente por Fidel, conllevó tensiones en el interior de la organización. Con vaivenes, el socialismo cubano fue avanzando y en 1975 el Partido celebró su I Congreso, justo cuando las primeras tropas cubanas entraron en combate en Angola. Fue confirmado en el cargo de primer secretario general y su hermano Raúl fue elegido segundo secretario. Luego, ambos consiguieron sucesivas reelecciones en los máximos puestos en el partido en todos los Congresos: diciembre de 1980, febrero de 1986, octubre de 1991 y octubre de 1997.
Los estrechos contactos con los países de la órbita socialista propiciaron la entrada de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) en julio de 1972. Ello trajo un tiempo de bonanza y respiro para Fidel, que perduró hasta entrada la década de los ochenta. Llegaron créditos millonarios y en la isla se vivió con desahogo. Eran los tiempos del médico para todos, de escasas colas en la adquisición de bienes de primera necesidad y de las obras sociales. El 3 de diciembre de 1976 fue elegido jefe del Estado por la totalidad de la Asamblea Nacional, desapareciendo el cargo de presidente de la República y con él, Osvaldo Dorticós. Con todo, el comandante acumula ya tres cargos: primer ministro, primer secretario general del Partido Comunista y el citado de máxima jefatura del país. Sobre el papel, sólo le restaba por detentar la dirección de las Fuerzas Armadas. Esta jefatura la asumió definitivamente en enero de 1980 en virtud de un decreto que reorganizaba el Ejecutivo y que en ese momento le confirió además la titularidad de los ministerios de Cultura, Interior y Salud Pública.
Del colapso comunista de la URSS, al socialismo irrevocable de Cuba
En 1989 se produjo el colapso de la Europa del Este y la desintegración de la URSS, cuando el clima social en Cuba estaba más tranquilo y el socialismo se hallaba más relajado, si exceptuamos el juicio al que fue sometido el general Arnaldo Ochoa, héroe en varias contiendas, y otros jefes militares, acusados de tráfico de drogas y alta traición, y que fueron fusilados en julio de 1989. La vida de los isleños cambió radicalmente pero Fidel, vaticinando la hecatombe de los países socialistas, ya había advertido en un discurso que, aunque Cuba se quedara sola, continuaría unida al marxismo-leninismo. Para los nuevos tiempos, la consigna sería "socialismo o muerte". Castro y su Gobierno se aferraron en la resistencia, rodeados por un aislamiento cada vez más enérgico. Llegaron los apagones de 10 horas, los bueyes, la bicicletas chinas, la más aguda crisis económica de la historia cubana y los balseros. La política de autarquía impuesta por la circunstancias se intentó salvar con una tímida apertura económica. El 26 de julio de 1993, en uno de los discursos que mayor expectación en los últimos años, anunció la aprobación de una serie de reformas, cuyo símbolo más conocido fue la legalización parcial del dólar.
Aunque los opositores pensaron que era el fin del "socialismo o muerte" y la instauración del "socialismo de mercado", en 1996 reafirmó que "la revolución en Cuba no tiene alternativa", corroborando un informe difundido el 23 de marzo por el PCC que despejaba cualquier duda sobre la dirección del Estado. En febrero de 1998 fue reelegido presidente para un nuevo período de cinco años durante la constitución de la Asamblea Nacional (Parlamento). Su intransigencia a una apertura democrática le ha valido ser objeto de numerosos atentados. Sus servicios de seguridad hablan de más de 150 en los últimos 35 años. En estos años, el comandante se ha acercado a Latinoamérica si acaso para superar el aislacionismo al que le ha sometido Estados Unidos. A raíz de esta política de aproximación, el régimen restableció durante los ochenta relaciones diplomáticas con un gran número de países y asistió a varias tomas de posesión de otros tantos presidentes americanos. La visita del Papa Juan Pablo II a la isla, en enero de 1998, se convirtió en el hecho más importante de esta política de acercamiento. El viaje, calificado de "histórico", fue un éxito tanto para la Iglesia Católica, que demandó apertura al régimen, como para el líder cubano, quien aprovechó para desautorizar una vez más el embargo.
La ambigüedad internacional, sostén de un régimen caduco
Castro, que no había faltado a ninguna de las diez primeras cumbres iberoamericanas celebradas desde 1991, no participó en la reunión de Lima, de noviembre de 2001, por las graves devastaciones provocadas por el huracán Mitchell en la isla. La cumbre de La Habana, en noviembre de 1999, fue un claro ejemplo de este seguimiento informativo hacia él, atracción que por una vez compartió con la disidencia. Al año siguiente, en noviembre de 2000, durante la celebración de la X Cumbre Iberoamericana en Panamá, fue de nuevo centro de atención por denunciar que unos exiliados pertenecientes a la Fundación Cubano Americana pretendían asesinarle y por el rechazo de su país a firmar una condena conjunta del terrorismo de ETA, ya que consideró que era incompleta por no condenar el terrorismo en todas sus formas y no sólo el del caso español.
Una década de "farsa" para acabar con la disidencia
Desde 1996, su Gobierno comenzó la estrategia de la farsa para acabar de con todos los vestigiosa de disidencia en una década. La maquiavélica estrategia comenzó por tolerar las actividades de la disidencia interna para en abril de 2003 encarcelar a 75 disidentes gracias a la colaboración de agentes infiltrados durante diez años y con algunas pruebas irrefutables como la tenencia de papel o la conexión a Internet. Pero antes de llegar a esto, Castro permitió la publicación del texto "La Patria es de todos" (1996) y consentido las peticiones de democracia de la Plataforma Común (1999) y el "Proyecto Varela" (2001), cuyas demandas fueron incluso presentadas ante la Asamblea nacional en mayo de 2002, en vísperas de la visita de James Carter. En este línea, Castro permitió que esa disidencia se entrevistara con políticos extranjeros como el presidente español José María Aznar (1999), el presidente mexicano Vicente Fox (2002) o el ex presidente norteamericano James Carter (2002). Sin embargo, coincidiendo con la guerra de Irak, Castro lanzó la más dura represión de la disidencia con el arresto de 75 democráticos y pacíficos disidentes que le ha valido a Cuba un endurecimiento de la postura internacional. El 26 de junio de 2002, bajo su directriz, el Parlamento aprobó una reforma que considera el socialismo como "irrevocable". El cambio constitucional de la Carta Magna de 1976 fue la respuesta de La Habana a la exigencia de cambios democráticos pedidos por Estados Unidos.
Sus crisis con España; de la hipocresía a la diplomacia
Las relaciones de Castro con España se han movido entre la hipocresía y lo diplomático, a veces connivente. Hasta 2001 ha visitado España en tres ocasiones. La primera, en febrero de 1984, aprovechando una escala técnica en su regreso a Cuba desde Moscú; la segunda, en julio de 1992, con motivo de la II Cumbre Iberoamericana. El 20 de octubre de 1998 volvió a visitar España, esta vez Mérida, donde llegó procedente de Oporto después de participar en la Cumbre de Oporto la VIII Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica. También han existido crisis. En julio de 1990 se produjo la denominada "crisis de las embajadas", cuando un grupo de cubanos se refugió en la legación, y los contactos entre ambos países se enfriaron hasta el punto de suspender España la ayuda económica. En esa ocasión, Castro calificó de "angustiado administrador colonial", "cínico" e "ignorante" al ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, quien antes había afirmado que "si Castro abre las puertas se le puede venir abajo el régimen". Las relaciones entre ambos Estados volvieron a agriarse en noviembre de 1996 después de que el embajador José Coderch manifestara su deseo de entrevistarse con la oposición interna. El régimen castrista consideró esta afirmación de injerencia y le retiró el placet. Consecuentemente, España estuvo sin embajador 16 meses.
De buena salud, pero con mucha edad
Poseedor de una buena salud, pero con el agravante de la edad, en junio de 2001 sufrió un desvanecimiento y fue auxliado en el municipio habanero de El Cotorro, durante una de sus habituales y prolongadas alocuciones. Varias horas después continuó su intervención pero desde un estudio de televisión. Cinco días después ratificó a su hermano Raúl como su único sucesor. Hace dos meses, en Argentina, volvió a desmayarse. Este martes 15 de julio de 2003 se ha conocido la noticia de su muerte.
Los datos referidos a su vida privada y familiar se guardan en el más estricto secreto, por voluntad suya al considerar que es lo único que tiene, tan sólo se conoce oficialmente que entre octubre de 1948 y 1954 estuvo casado con Mirtha Díaz-Balart, con quien tuvo un hijo, Fidel (15.09.1949), conocido en la isla por Fidelito. Además tiene una hija ilegítima, Alina Fernández Revuelta, nacida en 1956 de su relación con Nati Revuelta y que vive en el exilio desde 1993. Es una dura opositora al sanguinario régimen de su padre. También, desde los primeros años de los sesenta se conoce que está unido a la maestra Dalia Soto del Valle, con la que ha tenido cinco hijos (Alejandro, Alexis, Antonio, Alex y Ángel).
