
L D (EFE) Estratega de la campaña electoral con la que el SPD conquistó la Cancillería en 1998 y actual hombre fuerte del partido, Müntefering llega a la jefatura prácticamente empujado por su predecesor en el cargo y canciller de la República, Gerhard Schroeder.
Su elección no se ha producido por la vía del "golpe de estado", como la de Oskar Lafontaine, que en 1995 se impuso al tímido Rudolf Scharping con un discurso que hizo vibrar el corazón del SPD.
Tampoco viene para subsanar un vacío de poder, como Schroeder, que se erigió en presidente en 1999 tras la intempestiva dimisión de Lafontaine, seis meses después de la victoria electoral del SPD.
El suyo sería un relevo tranquilo y hasta natural, de acuerdo con su talante afable, si no fuera porque su designación como sucesor de Schroeder se produjo sobre el telón de fondo de una crisis que amenaza derivar en desbandada de la militancia.
Sesenta y cuatro años, casado y padre de dos hijas
De 64 años, casado, padre de dos hijas y con aspecto de hombre corriente, Müntefering parecía condenado a ser el "chico para todo" de Schroeder hasta que éste le designó como jefe del partido.
Una decisión inesperada de Schroeder y un salto cualitativo para Müntefering, que en los últimos seis años ha sido, sucesivamente, ministro de Transportes y Obras Públicas, secretario general del SPD y jefe del grupo parlamentario en el Bundestag (Caámara Baja).
Dotes de organización, talante aglutinador y credibilidad: éstas son las cualidades "probadas" de Müntefering, que Schroeder espera sirvan para imprimir cohesión en las filas del SPD, necesitado de digerir las reformas que se están acometiendo en la presente legislatura.
Nacido en el seno de una familia trabajadora católica y muy conservadora, Müntefering entró en política a finales de los años sesenta, como otros jóvenes de Mayo del 68. Diplomado en comercio industrial, su patria política es el Estado de Renania del Norte-Westfalia, el más populoso del país y uno de los últimos bastiones de la socialdemocracia alemana.
El "alma" del SPD
Müntefering –el "alma del SPD", como se le denomina– cuenta con una larga experiencia parlamentaria y en la gestión pública. Accedió por primera vez a un escaño en el Bundestag en 1972, y entre 1992 y 1995 fue ministro de Trabajo, Sanidad y Asuntos Sociales en Renania del Norte-Westfalia.
Schroeder le llamó en 1998 para organizar la campaña que le llevaría a la Chancillería; conseguido ese objetivo, le convirtió en ministro de Transportes de su primer Gabinete. No llegó a estar un año al frente de la cartera (octubre de 1998-septiembre de 1999), ya que el canciller, necesitado de un aliado fiel al frente del SPD, lo nombró secretario general del partido. Su misión ahí pasaba por mediar entre las corrientes de la formación, tras el cisma que supuso la retirada de Oskar Lafontaine.
Su papel, fundamental en la aprobación de la Agenda 2010
Schroeder creía superada esa fase cuando lo retiró del puesto para convertirlo en jefe del grupo parlamentario, en 2002. El nuevo objetivo era sujetar las riendas de los 251 diputados, ahora que había que convertir en leyes el controvertido plan de reformas –la Agenda 2010– impulsado desde la Chancillería, que ha sido tachado por algunos socialdemócratas de renuncia a los principios del Estado Social.
Müntefering salió airoso de esa prueba. En cambio, se acentuó la crispación en el SPD, con un secretario general, Olaf Scholz, poco convincente y un presidente, Gerhard Schroeder, demasiado ocupado en la gestión de Gobierno como para atender a las bases del partido.
"La política requiere organización", es una de las máximas de Müntefering. Deberá aplicarse el cuento en ésta nueva "misión imposible".
