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Fraga, una vida consagrada a la política

Desde la dictadura hasta la transición, ponente constitucional, fundador del PP y presidente gallego.

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Su cuerpo le falló antes que la cabeza. Primero empezó a tropezarse, después necesitó que alguien le ayudara a caminar y finalmente se vio postrado en una silla de ruedas. Hasta su último día en el Senado, escenario final de su dilatada vida política, recortaba aquellos artículos en prensa que le llamaban la atención e, incluso, seguía mandando esos recortes a sus compañeros. Atendía a los medios de comunicación, seguía las sesiones, participaba en los plenos... pero, al final, también le falló la cabeza.

Manuel Fraga Iribarne deja la primera línea de la actividad política tras dedicarse en cuerpo y alma a ella. No repetirá en las listas electorales del Partido Popular tras la petición de su familia, si bien ésta ya no era necesaria: su estado de salud no le permite encabezar ninguna candidatura.

Desde abril del presente año, cuando tuvo que ser operado de la cadera, apenas se le ve y todo cuanto se sabe de él es a través de los suyos, y éstos cuentan que el Fraga de antes no es el Fraga de ahora; que ya no devora los periódicos (su gran pasión) y que incluso le dejan ganar a los juegos de mesa.

Nació en Villaba, Lugo, el veintitrés de noviembre de 1922 y ya en vida es un político histórico. Ministro de Información y Turismo en la última etapa de la dictadura franquista (1962-1969), inmediatamente después de la muerte del caudillo fue también vicepresidente del Ejecutivo y ministro de la Gobernación, bajo la presidencia de Carlos Arias Navarro.

Su lugar en la historia lo labraría en la confección como ponente de la Carta Magna de 1978, convirtiéndose en padre de la Constitución. Un texto cuya reforma pasará la próxima semana por la Cámara Alta, donde tiene escaño, y a la que no acudirá. "No debe, no puede", admiten en el PP.

El Partido Popular se lo debe todo, dicen oficialmente. Creador de Reforma Democrática, antesala de Alianza Popular, fue el fundador del actual partido de centro-derecha. En su currículum, además de otros muchos cargos como embajador o eurodiputado, la presidencia de la Junta de Galicia durante quince años, hasta 2005; año en el que, ya anciano, ganó los comicios pero, por un puñado de votos, el PSOE y el BNG le arrebataron el poder.

Tras esta derrota, se trasladó a Madrid, donde siguió su andadura en el Senado. Los años le pesaron entonces como una losa y los órganos del PP a los que era invitado, en calidad de presidente fundador del partido, se convirtieron en el espejo de su decadencia.

Al principio, y aún con muestras de que empezaba a envejecer, siempre levantaba la mano en el turno de réplica y ponía en evidencia a Mariano Rajoy, con quien pocas veces disimulaba sus desavenencias pese a que ambos se forjaron en Galicia. Ahora, como todos, le gana la preocupación por un hombre que hizo historia.

Fraga a Rajoy se lo rebatía todo, pero bien es cierto que también le apoyó tras su segunda derrota electoral. Que si tenía que ser más contundente, que si se ponía de perfil en asuntos como la Memoria Histórica....pero su voz cada vez se hizo más incomprensible, más difícil de apreciar: "No me he enterado de nada de lo que ha dicho", espetó un nuevo cargo del PP, que participó con él en una comida en Santiago de Compostela, hace ahora exactamente un año.

Esa apatía con Rajoy chocaba frontalmente con su admiración por Alberto Ruiz Gallardón, su pupilo político. El amor era recíproco: "Es un adelantado a su tiempo, un hombre enamorado de España y de la vida, que ha sabido advertir los cambios del mundo", dijo de él el alcalde de Madrid, para concluir: "Supo romper amarras a favor de las nuevas generaciones, se trata de la persona más importante del pensamiento liberal conservador y del centro reformista en España".

El presidente fundador del PP se metió en más de un lío por Alberto: desde alimentar sus aspiraciones políticas a enfrentarse abiertamente contra Esperanza Aguirre, entre otros asuntos, por el caso Cobo. Llegó a sugerir que Rajoy pensó en "montarle una gestora" a la presidenta de la Comunidad.

Capítulos, más o menos elogiosos, de una trayectoria que desde hacía meses sus compañeros veían visos de concluir. Hoy los elogios son cerrados: "Gracias por ayudar a la reconciliación de los españoles", sentenció Esteban González Pons. "Padre de nuestro partido pero, aún más importante, padre de la España actual", añadió otro alto cargo.

Y es que, dicen en el PP, hoy es el momento de quedarse con lo bueno y esperar a que su situación médica mejore o que, al menos, esté tranquilo. Reconocen que está "nada más que regular". Lo que es seguro es que ya no le volveremos a ver entrando por la puerta de la sede nacional del partido, enfurruñado por preguntas "que son una tontería", pero siempre contestando a los periodistas. Con su silla vacía en el Comité Ejecutivo Nacional, ya nadie le tose a Rajoy.

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