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Arenas y Cospedal libran su 'batalla' por el poder en los despachos

Con Rajoy sin pisar su despacho de Génova, el PP se prepara para su particular batalla. Arenas-Mato y Cospedal, sin olvidar el peso de Soraya.

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Con Rajoy sin pisar su despacho de Génova, el PP se prepara para su particular batalla. Arenas-Mato y Cospedal, sin olvidar el peso de Soraya.

La séptima planta de la sede nacional del Partido Popular ya no tiene inquilino. El despacho del presidente lleva prácticamente vacío desde que Mariano Rajoy hiciera el paseíllo ante los medios de comunicación para subir las escalinatas de La Moncloa. Los papeles no se amontonan encima de la mesa y sólo entran los servicios de limpieza. La última vez que el ocupante hizo aparición fue durante la celebración del Comité Ejecutivo Nacional, a mediados del mes de enero.

Así se entienden mejor las llamativas declaraciones de Esteban González Pons, cuando dijo de Génova que es "como un internado cuando los chicos y las chicas se van de vacaciones. Quedamos los huérfanos que no vienen nuestros padres a buscarnos". Un partido a medio gas a la espera de que su congreso nacional, que se celebrará en Sevilla la próxima semana, sirva de revulsivo y vuelva a calentar los motores.

En ese cónclave, la formación tiene como principal misión diseñar su organigrama interno, desde el Comité de Dirección hasta otros menos conocidos como el Electoral o el de Derechos y Garantías. De quienes conformen estos órganos se podrá deducir quién es el nuevo rey del aparato, una vez Rajoy está más dedicado a sus quehaceres gubernamentales. Y de ahí que la teórica calma reinante se traduzca más bien en una tensa espera donde las fricciones se viven dentro de los despachos, y no necesariamente en la madrileña calle Génova.

Los contactos entre Arenas y Cospedal

Hasta la fecha, dos son los bandos bien diferenciados, a los que el presidente ha ido repartiendo caramelos como si le gustara la guerra fría que, micrófonos apagados, nadie disimula. Por un lado están los históricos, quienes con orgullo entonan el "somos del partido". A Javier Arenas bien se le podría definir el fontanero jefe, con Ana Mato sujetando la llave maestra. Su alianza es inquebrantable, y ambos se han encargado de la Política Autonómica y Local y la Organización, respectivamente. Así quieren que siga siendo.

Pero son mucho más. Su poder se extiende entre los denominados trabajadores de la casa. Un ejemplo a no descuidar es que, en todas las noches electorales, Mato es requerida para dar el bote de la alegría en el famoso balcón de la sede; reclamo que no todos reciben. Sobre Arenas, un histórico afirma: "Nada se mueve sin que él lo sepa. Puede que esté en Sevilla, pero su poder se nota hasta en los cimientos".

Con una compenetración tan clara, a María Dolores de Cospedal le costó hacerse un hueco, pero pronto quedó de manifiesto que era la nueva general secretaria. De hecho, no hay batalla interna que se le resista, destacando el conflicto valenciano. Tanto es así que su nombramiento, aún velado, es el único claro de cara a Sevilla: volverá a erigirse como número dos del PP. Es el "gran secreto a voces", que ella misma deslizó al afirmar que se encontraba "bien" compaginando el cargo con el de presidenta de Castilla-La Mancha.

El despacho de Cospedal en el fortín popular también se ubica en la séptima, aunque últimamente tampoco lo utiliza con asiduidad. Sí que estuvo en él esta semana, pese a que no hubiera rueda de prensa el lunes, que han dejado de ser regulares en este periodo de transición. Su ausencia es uno de los motivos por el que gran parte de los movimientos internos no se celebren en Madrid, sino en otros territorios como Toledo o Sevilla.

Las fuentes consultadas aseguran que son Cospedal y Arenas quienes se están encargando de ocupar las sillas vacías. Con la atenta mirada de Mato, que un día a la semana deja el Ministerio de Sanidad para encargarse de la Organización, en manos de su íntimo Juan Carlos Vera. "Estoy a disposición de mi partido", afirma, en relación a la posible reelección como vicesecretaria. Los suyos dicen que la secretaria general no podría poner ningún pero encima de la mesa, habida cuenta de que fue ella quien creó el precedente. Lo mismo ocurriría en el caso del líder andaluz.

De las conversaciones entre Toledo y Sevilla -con hilo directo con Mato- tendrá que salir un boceto de organigrama, que se le dará a Rajoy en los próximos días, si no con el congreso ya iniciado. "Esto no es Valencia", y de ahí que se espera que el presidente se limite a dar un puñado de nombres; de aquellos que quiere que formen parte de algún órgano, como el Comité Ejecutivo. "O que rechace alguno", si bien es poco previsible. Así pues, la negociación clave pasa por Cospedal y Arenas.

Poco se está filtrando, salvo que ambas partes quieren mantener su cuota de poder, si no aumentarla. El partido, mientras, espera con cierto nerviosismo. Una de las personas que aguardan es González Pons que, si bien tendría asegurado repetir como vicesecretario de Comunicación, podría obtener un plus, aunque algunas voces descartan crear ahora la figura del coordinador. Con la secretaria general habló en los últimos días, y se dice que está más animado después de que Rajoy optara por no incluirlo en su gabinete.

"Que nadie se lleve a engaño. Este es otro tipo de batalla", traduce un cargo popular, sobre la situación que se vive en el partido. "Esto no es el PSOE, aquí las luchas de poder se libran en los despachos", añade. Y afecta a absolutamente a todo el mundo, en mayor o menor medida. 

El poder de Soraya en el partido

Un puzzle que no estaría completo sin fijar la mirada en La Moncloa y, en concreto, al complejo de la Vicepresidencia. Soraya Sáenz de Santamaría conformó, junto a Mato y Cospedal, lo que se vino a denominar el cinturón de seguridad de Rajoy; sus tres mujeres. Son un poder inmenso en el Ejecutivo y el Grupo Popular, y también se dejará notar con fuerza en Génova. Para empezar, un nexo claro con la dirección de la formación será Alfonso Alonso que, como portavoz en el Congreso, tendría hueco en maitines.

Pero, yendo un paso más allá, la número dos del Ejecutivo disfruta de una reconocida amistad con Arenas, escenificada clarísimamente en los últimos tiempos. Acudió a Sevilla nada más ser nombrada vicepresidenta para asistir a la toma de posesión de la nueva delegada del Gobierno de Andalucía. No lo hizo con nadie más. Además, poco después acudía a Málaga, de la mano de "su amigo Javier", para clausurar un foro sectorial. Una alianza, unida a su poder en sí mismo, que lo convierte en imprescindible para entender la nueva estructura popular.

Dentro de una semana, quedará resuelta la incógnita, aunque el mantra que sobrevuela es el de que Rajoy seguirá dando caramelos. A Arenas, porque tiene que salir como triunfador del congreso, con unas elecciones a la vuelta de la esquina. A Cospedal, porque entiende que le debe mucho tras cuatro años muy convulsos en clave interna. Y a Sáenz de Santamaría,  porque, a día de hoy, le tiene cedido –ni más ni menos- que el mayor peso de su gabinete. Habrá que saber cuántos caramelos tienen cada uno o, traducido, cuantas sillas han ocupado con afines en los diferentes órganos de decisión.

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