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El linaje vasco en el epicentro del chivatazo

Los investigadores creen que la razón del chivatazo fue salvar la negociación Gobierno-ETA. Para ello, había que evitar la detención de Gorka Aguirre.

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Gorka Aguirre, ex dirigente del PNV. | Archivo

Veinticuatro horas antes del chivatazo a ETA, la Policía Nacional había desplegado un importante dispositivo en uno de los montes que separan las localidades guipuzcoanas de Oyarzun y Rentería. Allí, en la conocida sidrería Eguiluce, ubicada en el caserío del mismo nombre, se producía un encuentro con presencia de personas relevantes dentro de la estructura de extorsión y recaudación de la banda.

Al complejo hostelero llegaron sobre las 14.00, la hora para la que se había realizado la reserva, el dueño del bar Faisán, Joseba Elosúa Urbieta y el veterano etarra José Ramón Sagarzazu Olazaguirre, uno de los principales responsables de la economía etarra. A ellos se unió uno de los dirigentes más influyentes en el seno del PNV y responsable de relaciones exteriores del EBB, Gorka Aguirre Arizmendi.

Los investigadores policiales determinaron que el dirigente del PNV se había desplazado hasta allí para entregar a Elosúa, con Sagarzazu como testigo, cierta cantidad de dinero procedente del pago de un empresario vasco extorsionado por la banda terrorista. Dinero al que los tres interlocutores se refirieron en todo momento como "nueve botellas de vino" –cada botella serían 6.000 euros, según los investigadores–.

Esa cantidad sería recogida el día siguiente, el 4 de mayo de 2006, por el recaudador de ETA José Antonio Cau Aldanur en el bar Faisán de Irún. Su arresto, tras cruzar la frontera francesa, iba a desembocar en una operación contra la estructura de extorsión y recaudación de ETA que acabaría con más de una decena de detenidos a ambos lados de la frontera.

La relación de Gorka Aguirre con el aparato de extorsión de ETA no era algo nuevo para los investigadores policiales. Es más, las Fuerzas de Seguridad habían detectado la participación del veterano dirigente del PNV en diferentes transacciones referentes a la extorsión de ETA desde el año 2004. Su papel era el de crear vías de contacto entre los la banda terrorista y empresarios extorsionados afines al PNV para negociar las cantidades y el modo de pago.

Es por este motivo por el que los teléfonos de Aguirre se encontraban intervenidos por la Policía, lo que permitió grabar conversaciones del dirigente político relativas a la extorsión de ETA con algunos de los implicados en la estructura económica de ETA, así como con otros ex dirigentes políticos, como Xabier Arzalluz, que le llamó para interesarse por la extorsión que estaba sufriendo un empresario amigo.

Por ello, una de las personas a las que la Policía tenía pensado arrestar aquel 4 de mayo de 2006 era al miembro de la Ejecutiva del PNV. Una detención que habría coincidido en el tiempo con el encuentro que ese mismo día iban a mantener en el Palacio de La Moncloa el por entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con el líder del PNV, Josu Jon Imaz, quien iba a dar todo su respaldo a la negociación política que el Ejecutivo estaba llevando ya a cabo con la organización terrorista ETA.

Los investigadores policiales consideraron que la intención del chivatazo no era echar por tierra en sí la operación policial, sino impedir que entre los arrestados estuviese Gorka Aguirre, lo que no habría sentado nada bien en un PNV, que fuera el único aliado de Zapatero. Lo que primaba era salvar el proceso de negociación. No en vano, la operación policial se llevó a cabo dos semanas más tarde y entonces el dirigente del PNV no fue arrestado, simplemente se le llamó a declarar en calidad de imputado a la Audiencia Nacional.

Gorka Aguirre no era entonces –falleció en marzo de 2009– únicamente un destacado dirigente del partido que fundase Sabino Arana, sino que dentro de la mentalidad etnicista del PNV era lo más parecido a un descendiente del más auténtico linaje vasco.

Nacido en Amberes (Bélgica) en 1959, era sobrino del que por obra y gracia del PNV fuera primer lehendakari del Gobierno vasco, José Antonio Aguirre, quien fue proclamado por su partido en el puesto en octubre de 1936, en plena Guerra Civil, y que seguiría ejerciendo como lehendakari en el exilio hasta su fallecimiento, en 1960.

Por si fuera poco, era yerno de Luis María Retolaza, uno de los dirigentes más destacados del PNV durante el Franquismo y que fuese posteriormente consejero vasco de Interior entre 1980 y 1988, con Carlos Garaikoetxea, primero, y José Antonio Ardanza, después, en el Palacio de Ajuria Enea.

Aguirre, poco proclive a los actos públicos y a las declaraciones a los medios de comunicación, fue miembro de la Ejecutiva del PNV durante veinte años, entre 1988 y 2008. Llegó a la dirección peneuvista de la mano de Xabier Arzalluz, de quien fue un estrecho colaborador, y se mantuvo en ella con Josu Jon Imaz.

Fue siempre el encargado dentro del PNV de llevar las relaciones del partido con ETA y sus diferentes estructuras políticas, fruto de los buenos contactos que con este sector mantenía desde antes de la democracia. Así, fue uno de los interlocutores –junto a Joseba Egibar– ante ETA y Herri Batasuna (HB) de la negociación que condujo al Pacto de Estella y la tregua-trampa de 1998. Seis años antes, ya había representado al PNV en las conversaciones que mantuvo con HB para tratar de que ETA dejase las armas.

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