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Rajoy se prepara para "un problema gordo en las calles" tras el verano

El Gobierno baraja un escenario extremo tras las vacaciones en las calles. Pero Rajoy asegura que mantendrá el rumbo: "No podemos elegir".

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El Gobierno baraja un escenario extremo tras las vacaciones en las calles. Pero Rajoy asegura que mantendrá el rumbo: "No podemos elegir".
Rajoy, en la toma de posesión del comisionado de la Marca España | Diego Crespo

"Tras las vacaciones, vamos a tener un problema gordo en la calles". Tras subir el IVA, eliminar la desgravación por vivienda, dejar sin extra de Navidad a los funcionarios y reducir el subsidio del paro, en un nuevo y durísimo plan de ajuste para cumplir con el objetivo de déficit público, el Gobierno se prepara para un otoño caliente. El propio Mariano Rajoy, preguntado expresamente por el posible malestar social que pudieran provocar las nuevas reformas, afirmó lacónico: "No es grato".

El temor a una helenización en las calles se barrunta en los círculos del Gobierno prácticamente desde el inicio de la era popular. En su primer Consejo Europeo, el presidente advirtió a sus homólogos comunitarios que la reforma laboral que estaba diseñando le iba a suponer una huelga general. Y así fue, aunque el fracaso sindical fue total en tanto en cuanto el país optó por acudir a trabajar. Pero los meses pasan, los ajustes se acumulan, y el Ejecutivo admite una creciente desafección con sus políticas.

La posibilidad de que las protestas vayan a más tras las vacaciones estivales se convirtió en el plato fuerte, y de difícil digestión, de las conversaciones tras la intervención de Rajoy en el Congreso. "Va a ser horrible", auguró sin medias tintas un alto cargo del Partido Popular, que se enfrenta a la "ardua batalla" de defender los ajustes. En las filas azules no pasó desapercibido que minutos después del anuncio del nuevo tijeretazo varias docenas de funcionarios se agolparan frente al Congreso para protestar, "estuvieran o no organizados".

El presidente, dicen los suyos, es consciente del malestar ciudadano. A él no le gustan las medidas emprendidas, aseguran. Tanto que algunos lo ven "tocado" después de la sesión del miércoles. "No disponemos de más ley ni de más criterio que el que la necesidad nos impone", dijo Rajoy a micrófono abierto. "No podemos elegir, no tenemos esa libertad", añadió. Gobierno y PP ponen todo el énfasis en que cale esta idea: lo planteado son obligaciones de la Unión Europea a cambio de la ayuda bancaria -imprescindible para que fluya el crédito- y España no tiene más remedio que cumplir.

Habrá que hacer mucha pedagogía, admiten fuentes gubernamentales. "Nuestra meta es la recuperación económica y la creación de empleo y lo hecho no es otra cosa que los cimientos para conseguirlo", afirmó un ministro económico, en conversación informal. Pero, puesto encima de la mesa el argumentario oficial, no pudo sino afirmar que "todo apunta" a que "tras las vacaciones muchos factores pueden propiciar problemas sociales".

El Ejecutivo trabaja con un escenario extremo. En septiembre-octubre los ajustes anunciados, en partidas muy conflictivas, ya se habrán acometido, a los que hay que sumar los planteados en Sanidad y Educación o la subida del IRPF anterior. Pero podrían venir más recortes: "Hay medidas guardadas en el cajón por si no controlamos el déficit", admiten fuentes solventes. Por ejemplo, en relación a las pensiones. El cúmulo de circunstancias podría ser una bomba de relojería que tuviera su fotografía en las calles.

En voz de un diputado del PP, "nos vamos a ver con una cuesta más empinada aún, con las becas reducidas o simplemente eliminadas, los uniformes y libros de los niños más caros, con los sueldos recortados", radiografía. "Ahora estamos en julio, con todo el mundo pensando en las vacaciones. Pero en septiembre ya no tendremos nada a lo que acogernos y todo será malo, y esto puede ser peligroso", concluyó.

Hasta la fecha, según un ministro, las protestas han sido sectoriales, no generales, a lo que sumar la desafección total con los sindicatos. "Se les considera parte del problema; de hecho, si algo se nos pide es que reduzcamos las subvenciones", incide. Pero, "tras el regreso de las playas", una manifestación de uno y otros puede dar como resultado "una imagen difícil".

Las primeras muestras ya se están viviendo, con varias sacudidas sociales en Madrid, pero lo gordo lo esperan para después. No pocas voces en el PP piden "dar ejemplo" y ajustar ya en la administración -central, autonómica y local- como muestra de que todos se aprietan  el cinturón, que "el esfuerzo es compartido". El Gobierno asegura que está manos a la obra, y que los anuncios vendrán en breve. El sacrificio, inciden, será de todos, "equitativo" según Rajoy.

"Todos debemos explicarnos porque hay muchísimos españoles que nos están mirando y lo están pasando mal", afirmó el presidente en uno de sus últimos actos de partido. Ésa es la hoja de ruta, aunque los populares, con el sabor agridulce de unos ajustes que hacen trizas su ideario, andan en algunos casos cabizbajos. Con la idea de que "lo que viene va a ser terrorífico". Pase lo que pase, asegura Rajoy, la senda está marcada y él no se va a salir de ella. De ahí que la clave sea incidir en que "es necesario un sacrificio", al estilo de 1996. Pero José María Aznar también aguantó lo suyo, rememoran. "La huella de España en el mundo es imborrable. Nos esperan grandes pasos, dejemos detrás de nosotros grandes huellas".

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