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A TODO O NADA, por Víctor Gago

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El presidente ha interrumpido sus vacaciones del solsticio de invierno para darle cuerda a dos sonajeros y hacer un anuncio relevante. Las maracas son de ritmo binario y repiten, hasta en morse, que estamos mejor que el año pasado, pero peor que el próximo en la lucha contra el terrorismo [movimiento a], y que la economía va como un tiro... pacifista, claro ­[movimiento b].  Básicamente, lo que ha hecho Rodríguez Zapatero este viernes es darle un poco de vidilla al pegamento lisérgico.
 
A la peña empieza a entrarle el bajón, después de dos años y medio de juerga alucinógena. El amonal sabe a amonal, y no a sal de fruta. Los zulos son para matar, no para dispensar las limonadas de Pipi Lamstrong. La hipoteca de la casa y la letra del home cinema se enzarzan en un espectacular combate de boxeo sobre barro. ¿Quién se quedará con el tanga?
 
Que el triunfalismo económico de Zapatero descansa sobre el filo de una navaja ya lo han advertido los analistas, aunque no hace falta ser un experto para darse cuenta del abismo en la economía familiar. Alberto Recarte (LIBERTAD DIGITAL), y más recientemente Roberto Centeno (El Mundo) y Lorenzo Bernaldo de Quirós (El Economista) han alertado de la explosiva combinación de un insostenible endeudamiento familiar, un aumento del precio del dinero y del déficit por cuenta corriente, y una caída de los precios del mercado inmobiliario, en el que viene descansando el milagro español.
 
Para Centeno y Quirós, España está incubando una crisis de libro, y sólo es cuestión de saber cuándo se manifestará en la economía doméstica ­[Quirós llega a estimar un plazo de seis a doce meses] y con qué intensidad. La economía española “marcha mejor que nunca”, según Zapatero, “lo que es rigurosamente cierto para un 5% de la población, pero para un 74% de los ciudadanos, que cree más en sus bolsillos que en la demagogia del presidente, marcha regular, mal o muy mal. Por ello, un 80% piensa, con toda la razón del mundo, que el próximo año irá peor”, anota Centeno. Lo que no se explica este catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, es cómo el PP no ha sido capaz de plantar cara al triunfalismo de Zapatero, que las familias no comparten ni la realidad de la economía admite. Pero ésa es otra historia.
 
La única novedad relevante del mensaje de final de año es que Zapatero descarta adelantar las elecciones generales previstas para marzo de 2008. Es la primera vez que asume un compromiso tan claro sobre la convocatoria electoral. Por supuesto, no quiere decir que vaya a cumplirlo. Quiere decir que su palabra está hoy más empeñada que ayer sobre la fecha de las Elecciones Generales. El compromiso supone un movimiento significativo en el tablero de su estrategia para seguir en el poder. Implica que el presidente ha decidido jugárselo a todo o nada con ETA, lo que hace más fuerte a la banda terrorista y más débiles a los españoles.
 
Con un adelanto a mayo de 2007 (coincidiendo con las autonómicas y locales),  Zapatero podría haber especulado electoralmente, al mismo tiempo, con la expectativa de la paz terrorista y con la de un crecimiento en algunas plazas autonómicas.
 
I. La expectativa de la paz
 
Un adelanto a mayo de 2007 le habría permitido gestionar electoralmente cualquier contratiempo a sus planes de negociación. Tanto la exclusión de Batasuna-ETA de las elecciones, como su legalización, tendrán consecuencias en el llamado proceso de paz. El impacto electoral de ambas opciones para el PSOE podría haber sido neutralizado más fácilmente en mayo de 2007 que en marzo de 2008.
 
Con una situación económica aún aceptable en los indicadores y una campaña en la que se mezclarán los intereses locales con la agenda nacional, a Zapatero le habría resultado más fácil minimizar las consecuencias de cualquier adversidad en sus tratos con ETA. Una mayoría renovada, aunque fuera minoritaria y le obligase a seguir dependiendo de la extrema izquierda y los nacionalistas radicales, le permitiría abordar cualquier cesión a ETA con la perspectiva de cuatro años más en el poder para amortizarla.
 
II. La expectativa del voto autonómico
 
En cuanto al efecto de las Elecciones autonómicas, las ventajas para Zapatero de hacer coincidir las Generales habrían sido más que los inconvenientes; más, en todo caso, que esperar a marzo de 2008.
 
El pescado electoral de las Autonómicas está prácticamente vendido. Con dos Españas atrincheradas en bloques autonómicos como consecuencia de las políticas divisionistas del Gobierno, sólo en Navarra y Canarias parece que vaya a haber cierta incertidumbre sobre el resultado.
 
Perdida Madrid, el único que gana algo en las próximas elecciones autonómicas es el PP. En Canarias, los populares no gobiernan desde su expulsión del Ejecutivo regional por CC, pero pueden volver a hacerlo, paradójicamente, gracias al candidato socialista. Aunque Juan Fernando López Aguilar será el más votado, como parecen detectar las encuestas, es seguro que no obtendrá la mayoría absoluta (nadie lo ha conseguido jamás con el sistema electoral vigente en el Archipiélago) y también es seguro que CC está dispuesta a renovar su alianza con el PP con tal de alejar del Gobierno a quien, como ministro, ha puesto a la Fiscalía a investigar al intocable alcalde nacionalista de Santa Cruz de Tenerife, Miguel Zerolo.
 
Por otra parte, cualquier retroceso del PSOE (por pequeño que sea) en Extremadura y Andalucía, será rentabilizado por el PP como un síntoma del desgaste de Zapatero hacia las Generales de 2008.
 
Para un especulador nato como Zapatero, que juega siempre con expectativas y aplaza todo lo que puede su materialización, el adelanto de las Generales para que coincidan con las Autonómicas de 2007 parecería, en principio, la opción más interesante.
 
Si ha decidido no hacerlo es por una sola razón: el riesgo demasiado elevado de que ETA ponga un muerto sobre la mesa a cinco meses de unas Generales.
 
Sólo ese temor (que, en su análisis, debe haber tenido por fundado) explica que el presidente se niegue a exprimir electoralmente el que probablemente esté siendo el último fulgor de la bonanza económica, y prefiera llegar exhausto a 2008: cuando la crisis económica quizá haya estallado en las familias, con una España fracturada por su política de división y las nuevas naciones tirando de sus Estatutos (como ya empieza a hacer Cataluña) para demoler lo que queda de España.
 
Zapatero ha decidido jugárselo todo a una sola carta, la paz con ETA. A esa conclusión ha llegado, antes que nadie, Teresa Jiménez Becerril, la ejemplar activista contra el terrorismo, auténtico Personaje del Año (no como otras, que se llevan el pasteleo). El pasado 24 de diciembre, en declaraciones a la COPE, la hermana del asesinado Alberto Jiménez Becerril clarificaba en esos términos la ludopatía de Zapatero, carísima y letal para los españoles, porque está enganchado a una timba en la que una parte apuesta la libertad y la nación de todos, y la otra, un permiso para seguir en el poder.
 
Habrá que internarlo en un centro de desintoxicación, como a Marisa Medina, cuando esta pesadilla acabe.
 

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