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Acebes deja en Valencia un brillante discurso de principios con San Gil como referencia

Mayor Oreja, Esperanza Aguirre, Álvarez Cascos, Alejo Vidal Quadras y el discurso más brillante de Ángel Acebes han hecho de María San Gil el centro de atención del congreso popular. El ex secretario general reivindicó a otro símbolo de la libertad, la alcaldesa de Lizarza, Regina Otaola y dejó un mensaje corto y claro: "Menos PP no son más votos". La selección de abrazos de Aznar auguró más discursos intensos en la próxima jornada.

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El congreso de "Bulgaria-Valencia"
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Mayor Oreja, Esperanza Aguirre, Álvarez Cascos, Alejo Vidal Quadras y el discurso más brillante de Ángel Acebes han hecho de María San Gil el centro de atención del congreso popular. El ex secretario general reivindicó a otro símbolo de la libertad, la alcaldesa de Lizarza, Regina Otaola y dejó un mensaje corto y claro: "Menos PP no son más votos". La selección de abrazos de Aznar auguró más discursos intensos en la próxima jornada.
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(Libertad Digital) Todas las cámaras buscaban a María Dolores de Cospedal. La flamante secretaria general del PP parecía que iba a ser la protagonista del congreso. Pero dos de los dirigentes con más peso entre la militancia ya apuntaban nada más llegar al recinto ferial de Valencia en otra dirección. Jaime Mayor Oreja decía a los periodistas que la cita tenía "un nombre propio: María San Gil". Poco después llegaba Esperanza Aguirre que tiraba de su ya clásico "no me resigno" para renegar de la marcha de San Gil y Ortega Lara.
 
Las primeras intervenciones en el plenario de dirigentes que aferrados al marianismo como Valcárcel, Barberá, Camps y García Escudero retomaban el guión búlgaro de la autocomplacencia, aclamación al líder y ausencia total de autocrítica.  Pero cuando hablaba Trillo se oyó un murmullo atronador. Llegaba José María Aznar que se fundía en un emotivo abrazo con Ángel Acebes que contrató con el gélido saludo sin ni siquiera mirarles a la cara a Mariano Rajoy y Manuel Fraga. No fue este el único saludo que dio que hablar. Otro ilustre veterano, Rodrigo Rato, apreció por sorpresa, tras aplazar un día un viaje a Singapur y, como Aznar, sólo buscó a Acebes para darle un sentido abrazo.
 
La primera gran ovación de la tarde fue para Ángel Acebes. El secretario general saliente subía al estrado emocionado. Pero la emoción no impidió a Acebes pronunciar el primer y hasta ahora único discurso de gran calado político de este Congreso. Fue en ese momento cuando lo que anticipaban Mayor y Aguirre se hacía realidad. La protagonista indiscutible, además del propio Acebes, era María San Gil.
 
Ausente tras el incalificable trato recibido por Rajoy y los dirigentes que le rodean, la todavía presidenta del PP vasco recibió la segunda ovación de la tarde cuando Acebes decía: "Nunca podremos agradecer lo suficiente a ese puñado de hombres y mujeres que, con María San Gil a la cabeza, llevan luchando" desde hace tanto tiempo "para que los españoles tengan tanta libertad". Poco después se refería a otra de las personas más desencantadas con el nuevo PP: "La imagen de Regina Otaola izando la bandera de España quedará en la memoria colectiva de España como uno de los momentos más nobles del Partido Popular". De nuevo, gran ovación.
 
Un discurso de despedida, el de Acebes, pero cargado de mensajes de futuro, pero sin las tan habituales frases huecas de otras intervenciones: "Un partido que defiende a su gente es un partido mucho mas fuerte. Menos PP no es igual a más votos. Cuando los socialistas nos instan a dejar de ser a como somos no nos lo dicen para ayudarnos, ni les mueve un interés por España. Saben que muy pocas cosas favorecerían más al PSOE que un PP desdibujado".  Más de uno, y de dos, en el plenario de debió dar por aludido.
 
Tras el emotivo adiós de Ángel Acebes, la actividad se trasladó a la comisión donde se discutía la ponencia política. Allí, el ex ministro Francisco Álvarez Cascos afirmó que el partido "no se sentirá cómodo hasta que no vuelva María San Gil", una afirmación que fue seguida de una nueva ovación por parte de los compromisarios, que minutos más tarde tendría oportunidad de volver a aplaudir a la dirigente vasca cuando Alejo Vidal Quadras propuso un "brindis por María".

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