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LA RAZÓN APUNTA AL ETARRA MARTITEGI

Se cumple el primer aniversario del atentado de la T4 de ETA sin que se conozca a su autor material

Este domingo se cumple un año del atentado de la T4 del Aeropuerto de Barajas cometido por la banda terrorista ETA, pero calificado de "accidente" por el presidente del Gobierno socialista, que acabó con la vida de dos inmigrantes ecuatorianos, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, además de provocar numerosos y cuantiosos daños materiales. Meses después se supo que tras el atentado continuaron las negociaciones del presidente Rodríguez Zapatero con ETA; lo que sigue sin saberse con claridad un año más tarde es el autor o autores materiales del crimen terrorista. 

Noticia publicada el 30-12-2007

L D (Agencias) La banda terrorista, que no mataba desde el 30 de mayo de 2003, cuando un coche-bomba acabó con la vida de dos policías nacionales en Sangüesa (Navarra), reapareció asesinando a Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, de 35 y 19 años, respectivamente, sorprendidos por la enorme explosión que destruyó casi por completo el módulo D del aparcamiento de la T-4.
 
El aviso se recibió a las 08.10 horas, momento en el que la Policía comenzó a desalojar los 309.000 metros cuadrados de aparcamiento, distribuidos en seis módulos de cinco plantas cada uno, y a buscar la furgoneta con la carga explosiva, que no fue localizada hasta 37 minutos después, ya que los terroristas habían facilitado "bailados" los números de la matrícula.
 
No hubo tiempo de intentar desactivar la bomba, porque quedaban sólo diez minutos para la hora fijada para la explosión, que causó daños por valor de 30 millones de euros en el aparcamiento y de 4,5 millones en la terminal y en las pasarelas que comunicaban ambos edificios.
 
Un año después del atentado, los autores materiales del mismo no han sido aún identificados, según fuentes jurídicas consultadas en la Audiencia Nacional -donde el juez Santiago Pedraz dirige las investigaciones-, aunque sí ha sido desarticulado el considerado "núcleo central" del grupo que lo perpetró.
 
Así lo destacó el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, después de la detención el pasado 1 de septiembre en la localidad francesa de Cahors de los etarras Luis Ignacio Iruretagoiena, Oihan Barandalla, Ander Múgica y Alaitz Aramendi.
 
En una información publicada este domingo por La Razón se añade el nombre de Jurdan Martitegi, etarra perteneciente al denominado “grupo Vizcaya”, como uno de los autores del atentado de la T4. Martitegi habría residido en un piso franco en Cahors (Francia) en donde se podrían haber obtenido alguna de las pistas que incriminan al etarra, las fuentes antiterroristas citadas por La Razón insisten en la fiabilidad de las evidencias aunque no ofrecen más detalles por no perjudicar la investigación.
 
La bomba de Iruretagoiena
 
Las Fuerzas de Seguridad consideran que la casa de Cahors era la "fábrica" de coches-bomba de ETA y que allí se confeccionó el artefacto explosivo que luego fue cargado en la furgoneta -robada el 27 de diciembre en Francia a un vecino de Oñati (Guipúzcoa) que permaneció tres días retenido por los terroristas- con la que se cometió el atentado.
 
La bomba, "muy sofisticada" y de gran potencia, llevaba la "firma" de Iruretagoiena, según los investigadores, que estudian la vinculación de éste con otros dos etarras detenidos en Francia este año, José Juan García González e Iker Mendizabal, a quienes se intervinieron sustancias con las que supuestamente experimentaban en busca de explosivos cada vez más destructivos.
 
Según el informe remitido por la Policía Científica al juez Pedraz, ETA empleó en la T-4 una mezcla de explosivos: uno de naturaleza inorgánica con una base de nitratos -como el amonal o el amosal- y un segundo, exógeno, que se empleó como multiplicador del efecto detonante.
 
La magnitud de la explosión fue tal y causó tantos daños que los trabajos de demolición duraron dos meses y la reconstrucción del aparcamiento afectado se prolongó hasta el pasado septiembre.
 
El día 20 de ese mes un Citröen rojo fue el primer vehículo que accedió al renovado módulo D, donde un monolito -en la plaza 403- y una columna seccionada -en la 614- recuerdan a los dos jóvenes a los que ETA asesinó enterrando de paso, una vez más, la esperanza del fin del terrorismo.



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