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Zapatero y "el mar de injusticia universal"

Traducción del artículo que Zapatero publicó este sábado en The Financial Times en el que el presidente del Gobierno, tras ofrecer sus condolencias a las víctimas de los atentados del jueves en Londres, reitera su idea de que el terrorismo es consecuencia de "la injusticia" en el mundo. Además alude a las "enormes desigualdades" como germen de la violencia.

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El consenso mundial es necesario para derrotar el terrorismo
 
La atrocidad del terrorismo ha vuelto a atacar a los europeos. Tras un ataque terrorista lo más inmediato, obviamente, debe ser ocuparse de las víctimas. El 7 de julio, otro día más de maldad, les transmití a los ciudadanos y al Gobierno británicos nuestro total apoyo y solidaridad. Queremos que aquellos que han sufrido estos atentados sepan que pueden contar con nosotros para que les ayudemos en la medida de lo posible.
 
Segundo, todo el peso de la ley debe recaer sobre aquellos que planearon, llevaron a cabo o son responsables de esta atrocidad. En España haremos todo lo posible para garantizar que esto suceda.
 
Pero este nuevo episodio de violencia y locura nos obliga a ir más allá. Nos sirve como brusco recordatorio de la urgente necesidad de derrotar al terrorismo.
 
Dada nuestra extensa y dolorosa experiencia de más de 30 años combatiendo esta lacra, en España sabemos que en la batalla contra el terrorismo es vital preservar el Estado de Derecho, mantener la unidad de los demócratas y dar a las fuerzas de seguridad el apoyo que necesitan, y también profundizar en la cooperación internacional.
 
Hace unos meses, la conmemoración de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid nos dio la oportunidad de hacer una profunda y útil reflexión sobre cómo avanzar en esta lucha.
 
El terrorismo sólo puede ser derrotado con una respuesta colectiva por parte de la comunidad internacional. Al perseguir su causa criminal, los terroristas no tienen reparos a la hora de abusar de las múltiples posibilidades que les dan el mundo de hoy y su tecnología para extender su ideología de muerte y manejar rápidamente la información, gente y objetos necesarios para llevar a cabo sus crímenes. El terrorismo se ha convertido en una amenaza global que requiere una respuesta global.
 
Debemos comenzar haciendo un esfuerzo por comprender las condiciones que facilitan la expansión del fanatismo y el apoyo al terror. No podemos ignorar conflictos que se han estancado o las enormes divisiones políticas, económicas y sociales presentes en muchas sociedades, y que varias veces sirven de falsos pretextos para la violencia terrorista. Es poco realista esperar alcanzar la paz y la estabilidad en un mar de injusticia universal.
 
El foro apropiado para consolidar el consenso político contra el terrorismo debe ser la ONU. Esta organización tiene que proporcionar los medios – incluido un marco legal y las herramientas operativas necesarias– para encabezar la lucha internacional contra el terrorismo, de forma que ésta pueda llevarse a cabo de forma más efectiva.
 
En el frente legislativo, la adopción de una convención global contra el terrorismo no puede esperar más. A nivel operativo, debemos reforzar mecanismos de cooperación entre las fuerzas de policía, los tribunales y los servicios de inteligencia, para prevenir nuevos ataques y aislar a la par que acabar con organizaciones terroristas, al igual que con aquellos que las apoyan, financian y justifican.
 
La lucha contra el terrorismo también es una batalla para ganar la convicción de la gente. Debemos trabajar para extender la creencia de que nada puede justificar el terrorismo. Ninguna idea, da igual lo legítima que sea o pueda parecer, puede justificar el asesinato. Este es el motivo por el que, como fenómeno, no es propiedad exclusiva de ninguna civilización, cultura o religión. Por esta misma razón, propuse en el Consejo General de las Naciones Unidas una Alianza de Civilizaciones, basada en la convicción, la comprensión y el respeto a los demás. Si no conseguimos inculcar a todas las naciones la creencia de que la tolerancia es indispensable, nuestra batalla será aún más ardua.
 
Este esfuerzo global debe, naturalmente, estar complementado por la cooperación regional y bilateral. En lo que se refiere a Europa, está claro que a la vista de la amenaza terrorista que nos afecta a todos, la Unión Europea debe ofrecer una integración mucho más profunda: interconexión inmediata entre servicios de inteligencia, equipos de investigación conjuntos, la entrega inmediata de los acusados de acciones criminales, la aplicación a lo largo de la Unión de los dictados de los tribunales de los estados miembros, y la acción decisiva para controlar los flujos financieros que alimentan al terrorismo. La UE debe convertirse inmediatamente en una única zona de seguridad, sin resquicios que puedan aprovechar los terroristas. Debemos dejar de lado los sistemas judiciales y policiales estancos que los criminales siguen explotando para sus fines.
 
Todo esto es necesario porque la UE es un área de leyes, libertad y democracia y debe seguir siéndolo. La tristemente larga experiencia de España en la batalla contra el terrorismo nos ha enseñado que la lucha debe llevarse a cabo con el máximo respeto a la ley, sin traicionar la esencia de la democracia y preservando nuestros derechos y libertades fundamentales. Simplemente, no podemos otorgar a los terroristas la victoria que sería el que nosotros renunciáramos a nuestros principios.

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