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Serbia: la contraofensiva de Milosevic

Se cumplen, al parecer, los pronósticos de los que no compartíamos la prematura alegría paneuropea sobre el triunfo de la democracia en Serbia. El último trozo del muro de Berlin tarda en caer. El pro-Milosevic primer ministro de Serbia, Mirko Marjanovic, ha asumido el control del ministerio del Interior, amenaza con quedarse en el poder y acusa a la oposición de “violencia y actos ilegales”. Las negociaciones entre los partidos políticos del antiguo régimen y de la oposición, vencedora de las recientes elecciones, para formar un gobierno de transición están bloqueadas. Los partidarios de Milosevic justifican su contraofensiva, entre otras cosas, por el “peligro” que representan para el país las masivas purgas en las empresas estatales contra el personal directivo del antiguo régimen. La oposición también se desmarca de esta iniciativa popular, que hace temer un caos en la débil economía nacional.

Y por si fuera poco, los mismos partidarios de Kostunica acaban de dar otro motivo a los que no se fiaban mucho de su adhesión a los “valores occidentales”. Han anunciado que van a desplazar a Kosovo al “ejército y la policía yugoslavos”, es decir serbios, de “aquí a finales de año”. El mismo Milosevic no se atrevería desafiar a la comunidad internacional de esta forma.

Al parecer, esta situación en Belgrado hace volver a la realidad a los políticos europeos. Los ministros de Defensa de la OTAN, reunidos en Birmingham, han sido esta vez menos eufóricos con la “revolución” yugoslava y han decidido que las tropas internacionales deben permanecer en los Balcanes hasta que la situación esté más clara.

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