Ramón Irigoyen, Anécdotas de Grecia. Macedonia de humor. Planeta, Barcelona, 2000, 222 pp.
Ramón Irigoyen es de Pamplona y ha publicado varios libros de los más variados géneros además de practicar el periodismo en todos los soportes y medios, incluido el electrónico. La verdad es que él empezó como poeta y uno de sus poemarios, "Los abanicos del Caudillo", consiguió en su día escandalizar al personal. Como había estudiado Filología Clásica tradujo a Eurípides, Catulo, Horacio y Marcial y como también aprendió griego moderno y estuvo viviendo en Atenas más de tres años, tradujo magníficamente a Cavafis y a Elitis. Todo esto es importante para valorar mejor este libro.
"Anécdotas de Grecia" es su segunda incursión en la historia antigua presentada a través de su vertiente más frívola. La primera fue "La locura de los Césares", anécdotas de Roma que publicó hace un año en la misma editorial. Pertrechado de una erudición a toda prueba y de un envidiable sentido del humor, Irigoyen va desgranando datos y hechos contrastados en las mejores fuentes y aderezados con divertidos paralelismos con la época actual.
En la contracubierta del libro se dice que las anécdotas son a la historia lo que las anotaciones a la literatura. Es verdad, aunque se parecen más a las acotaciones en las obras de teatro que en algunos autores (pienso por ejemplo en Valle Inclán) son tan importantes como la parte dialogada. No es que Irigoyen haya superado a la Historia pero ha sorteado, con su ingenio habitual, los escollos que presenta un género arduo y que tiene lectores generalmente muy especializados. No son los que leerán este libro precisamente aunque estoy segura de que lo apreciarían de manera muy especial.

La letra con risa entra
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