En las páginas de opinión del diario El Mundo del día 25 de octubre se publicó un artículo firmado por Ricardo Alarcón de Quesada, presidente del Parlamento de Cuba, cuyo título era “El embargo cubano es una afrenta para todos”. Debemos agradecer a El Mundo su amplitud de miras y criterio, y su exquisito respeto por la libertad de expresión, porque de otro modo no hubiéramos podido deleitarnos con un ejemplo tan claro de intoxicación estalinista al viejo estilo, que aún consigue engañar a algún intelectual progre despistado.
Aunque la mal disimulada mendacidad del autor provoca risa antes que cólera, merece la pena poner en claro algunos puntos de los que aparecen en el artículo, sólo para que esos intelectuales despistados, acostumbrados siempre a tomar la versión oficial de cualquier gobierno comunista como la quintaesencia de la verdad, tengan algún elemento de juicio añadido antes de representar una vez más el papel de humildes y gozosos lacayos de uno de los regímenes más criminales del siglo.
Empieza este individuo hablando de “40 años de agresión”. Agresión, ¿por parte de quién? El régimen cubano ha privado de sus propiedades y de su libertad a millones de cubanos, y ha asesinado a varios miles. Los que han podido escapar del presidio en que Castro ha convertido Cuba, han tenido que hacerlo en precarias balsas, desafiando a los tiburones y a las balas de los carceleros del régimen, “con una mano detrás y otra delante” como diría el castizo. Y ay de aquél que deje familia en Cuba. Les acortarán la ración y serán reducidos a la condición de parias, además de ser constantemente vigilados e intimidados.
Se queja este eximio prócer de que Cuba tenga que pagar cualquier importación en efectivo y por adelantado y de que la ley norteamericana prohíba las subvenciones o financiaciones oficiales a Cuba. No cae en la cuenta de que a los ladrones y a los estafadores, cual es el caso del gobierno que representa, no gozan -ni deben gozar- de crédito en el mundo civilizado. Tampoco nadie debería comerciar ni hacer tratos con ellos. El Derecho Penal de los países civilizados contempla el delito de receptación, esto es, la compra o apropiación de mercancías o bienes robados cuando se conoce su legítimo propietario.
Protesta este buen señor porque el Congreso norteamericano ha decidido entregar a los “mafiosos” de Miami los bienes “pertenecientes al estado cubano” que obran en poder norteamericano, y califica esta decisión de “despojo absolutamente inadmisible”. En realidad habría que hablar de recuperación parcial de lo robado por Castro a los exiliados cubanos, pero claro, eso sería una “infame tergiversación imperialista”.
Todavía se permite este sujeto hablar de la “verdadera naturaleza, corrupta y antidemocrática, del sistema político estadounidense”. Será porque él es presidente de un parlamento “democrático”, en la acepción que el término ‘democrático’ tenía en la antigua RDA.
La retórica de este personaje recuerda a la de ETA y HB, que no es más que la vieja táctica comunista del uso sistemático de la mentira como arma política y de agitación. Del mismo modo que ETA y HB, en la cima de la infamia más fétida, llaman asesinos a sus víctimas, este sujeto llama ultraderechistas y mafiosos a las víctimas de su repugnante régimen. No es de extrañar que uno de los pocos países del mundo donde los miembros de ETA reciben una cálida acogida sea Cuba.
Sorprende que un periódico tan digno, y que tanto celo ha demostrado en la defensa de la democracia y de los derechos humanos, ofrezca su tribuna a semejantes representantes.

El régimen cubano es una afrenta para todos
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