Es lo que se preguntan los norteamericanos en este segundo fin de semana en que, a pesar de seguir sin presidente, ni parecen preocupados por la posibilidad de que el proceso se alargue, ni por las consecuencias que puede tener. La tranquilidad es evidente, a pesar de la subida de tono de las disputas en este fin de semana, tanto por el recuento manual en tres distritos de la Florida, como por los votos llegados del extranjero.
Los representantes de George Bush denunciaron fraude en el recuento manual de las cartulinas perforadas, pero lo que realmente les indignó, a ellos y a una multitud de comentaristas, fue el rechazo de muchas papeletas llegadas del exterior porque no llevaban matasello postal. Iban casi todas en sobres enviados desde estafetas militares, que no tienen obligación de marcar el día de salida y para los que la ley de la Florida no exige el matasello.
Esta cuestión es ya motivo de otra querella republicana, uno más en la ya larga serie de casos ante los tribunales, que motivan chistes en Internet y hasta en los menús de los restaurantes: "¿cuántos abogados hacen falta para ganar una elección? Uno para votar, otro para contar, otro para recontar y otro para cobrar", anunciaba la pizarra de una pizzería. Otros ven en ello la voluntad divina: "si Dios hubiera querido que Gore o Bush llegaran a presidente, no habría creado la Florida".
De momento, la gente ha empezado a viajar para reunirse con sus familias en la fiesta más tradicional del país, el Día de Acción de Gracias del próximo jueves, en que la conversación habrá de girar necesariamente en torno a la situación sin precedentes que vive el país. En pocos días, después de digerir el pavo y los boniatos, es probable que la paciencia se evapore ante los posibles escenarios.
Según la constitución de la Florida, en las disputas entre las ramas ejecutiva y judicial, en este caso entre la secretaria de Estado Harris y el Supremo, el árbitro final es el legislativo: el Congreso de la Florida, de mayoría republicana, nombraría a los electores que han de votar el 18 de diciembre, naturalmente en favor de George Bush. No está claro a qué instancia apelará Gore, cuyos abogados convencieron tanto a la primera como la segunda instancia federal que habían de rechazar las peticiones de Bush, pues las cuestiones electorales son estatales y no federales. Posiblemente, o el Supremo o el Congreso federal tomarán cartas en el asunto si la situación está pendiente en enero, algo que parecía imposible hace una semana pero que ya pocos descartan. No hay precedentes de un forcejeo de este tipo que puede obligar a las tres ramas del poder, ejecutiva, judicial y legislativa, a enfrentarse como nunca ha ocurrido.
Los apologistas de Gore señalan que ni hay violencia ni tanques en las calles, pero éstas son escenas que los norteamericanos creen reservadas a dictadores pintorescos o militares con sombreros raros y les habrá de espantar que su tan querida separación de poderes, cuyos "controles y equilibrio mutuos" consideran la fuente de su libertad, les deje totalmente en el limbo.

¿Hasta cuándo?
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