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Al borde del precipicio

Las noticias no fueron demasiado buenas este viernes para el vicepresidente y candidato demócrata Al Gore, pero la lucha entre él y su rival republicano George W Bush sigue tan igualada como en las últimas semanas de la campaña. Cualquiera de los dos puede convertirse en presidente, pero ambos tienen sus ambiciones políticas seriamente amenazadas.

Aunque el Supremo de la Florida dio a Gore dos serios disgustos al rechazar su petición para un recuento inmediato de 14.000 votos y al aceptar las papeletas mariposa en el distrito de Palm Beach, el juez que preside el proceso de impugnación podría salvarle la vida si decide que hay que recontar. Pero la sentencia tan sólo es buena si, al mismo tiempo, se limita a las 14.000 papeletas, y aplica los criterios que quiere Gore y la operación empieza de inmediato.

En este caso, es probable que Bush pierda su ventaja y la presidencia. Pero también podría ocurrir que se cuenten, como piden los abogados de Bush, todos los votos de Palm Beach y Miami o, incluso, los de otros tres condados. En este caso, no habrá tiempo ni de saber quién tiene más votos, porque será casi imposible acabar antes de 10 días.

Para Gore sería igualmente desastroso un fallo negativo del Supremo Federal, pero incluso así, Bush podría sufrir un daño irrecuperable a manos de una jueza que podría tener deseos de vengarse de su hermano Jeb Bush, gobernador de la Florida, quien hace poco le negó un ascenso. La jueza tiene ante sí la denuncia de un activista demócrata de Seminole quien pide que se anulen todos los votos en su distrito, por irregularidades técnicas, algo que privaría al candidato republicano de cinco mil sufragios.

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