Al margen del jaleo acerca de quién cortará el bacalao en la Unión Europea, no hemos oído nada sobre el tema que más nos interesa: ¿qué consecuencias tendrá la adhesión de nuevos socios? Es positivo que habrá igualdad de derechos y que Polonia tendrá el mismo voto que España. Pero, ¿qué pasa con las obligaciones?¿O habrá derechos sin obligaciones?
Está muy claro que los países del Este entrarán en la UE para recibir ayuda. ¿Y cuál será su aporte a la comunidad europea? Curiosamente, al gran patrocinador de la rápida ampliación, Alemania, se le olvida su propia experiencia: en diez años no ha conseguido que el Este de su país se integre en la sociedad moderna. Y eso, a pesar de que la RDA era la nación más avanzada del mundo comunista. Entonces, ¿qué se puede pedir a Polonia o a Bulgaria?
Pretendemos que, en unos cuantos años, alcancen niveles europeos en lo economico, social y político. ¿Es posible? ¿O el Este será un abismo donde desaparecerán millones de euros: antiguos marcos, pesetas, francos o liras? ¿No hemos oído la reciente advertencia del Banco Mundial: en Polonia, la mejorcita de todas, la corrupción es como en Nigeria?
¿Qué nos dará a cambio la rápida adhesión de nuevos socios? ¿Viajar sin visado a Letonia para contemplar las marchas nazi-fascistas patrocinadas por el gobierno, o a Rumanía para disfrutar de la “democracia” neocomunista mezclada con la miseria tercermundista y la producción medieval?
Lo que está más claro es que habrá que aumentar la tirada de “La Farola” para que los nuevos socios de la UE la vendan en las calles madrileñas. Y es que muchos de ellos no se fían del futuro de sus propios países y prefieren emigrar. Hay que pensar también dónde tendrán que irse los españoles, porque entre la mano de obra barata del Sur y del Este, en la Europa sin fronteras no habrá trabajo ni con “contratos-basura”.

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