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Rusia: una nueva doctrina militarista

No hay que ser ningún profeta para ver que Rusia regresa a lo suyo, a lo de siempre, a lo de los zares, del padre Stalin y de Briézniev. A veces se cambia la fachada. Primero, la imperial fue sustituida por la bolchevique. Ahora es la “dictadura de la ley”, según el presidente Putin, en vez del “liberalismo” de Yeltsin. Sea como sea la tapadera, el contenido siempre es el mismo: un Estado nacionalista y autoritario manejado por un poder absoluto. Un Estado basado en la fuerza, la opresión y la agresividad externa. Esta última es necesaria, especialmente, para encubrir los desastres socio-económicos y jugar con el nacionalismo del pueblo.

Los tímidos intentos de Gorbachov de cambiar la tradición han fracasado. El decadente Yeltsin, con la corrupción a tope, las mafias y la miseria popular, destruyó por completo las esperanzas de que Rusia tuviera un día una sociedad civil.

Así que, ¡Arriba, Rusia!

Por cierto, este lema no fue copiado del franquismo. Radica de la época de Pedro el Grande (comienzos del siglo XVIII), fundador del imperio ruso. Dicen que el presidente Putin es su admirador y hasta tiene el busto de este zar en su despacho kremliniano. El monarca fue también fundador de San Petersburgo, patria chica de Putin, y de la flota rusa.

El hecho de que la entrevista con Kuroyédov aparezca en el diario Strana.Ru, muy próximo al Kremlin, no deja ningún duda: Rusia va en serio en su expansión mundial.

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