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El magnate acorralado

En una reciente entrevista con la prensa, el abogado español del oligarca ruso, Domingo Plazas, declaró que Gusinski está “muy preocupado por las presiones que siguen ejerciendo desde Rusia contra sus empresas”.

El letrado tiene toda la razón: hay bastantes motivos para esta preocupación. Al parecer, los rusos están empeñados en recuperar a Gusinski. Como no se fían de que la acusación de “fraude” sea bastante convincente para la justicia española, decidieron añadir al caso un poco de “corrupción y de sangre”. Sin duda ninguna, la fiscalía y los servicios de seguridad están presionados desde el Kremlin. Por eso, en el caso colaboran los mejores jueces e investigadores policiales.

Es muy probable, afirman varios expertos, que los nuevos ataques contra Gusinski estén bien justificados ya que, en los últimos diez años, todos los grandes negocios del país estaban relacionados, de una u otra forma, con la corrupción y el tráfico de influencias. Los de Gusinski, al parecer, no han sido ninguna excepción.

Según observadores rusos, el nuevo aspecto del caso Gusinski está dirigido también contra el todopoderoso alcalde de Moscú, Yuri Luzkov, amigo personal del magnate y adversario de Putin en las últimas elecciones presidenciales. Las investigaciones de la fiscalía están acompañadas por una amplia campaña propagandística en Rusia sobre el empeño del presidente de limpiar el país de la corrupción y del crímen organizado, los dos males que han alcanzado dimensiones astronómicas en la época del antiguo presidente, Borís Yeltsin.

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