El Gobierno sigue tirando balones fuera. Y con ello, emula la actitud de quienes no quisieran: sus predecesores en el poder, cuando acosados por su propia inoperancia, sus errores y trapicheos, culpaban a ciertos medios de comunicación de todos sus males. La situación no es la misma, dista mucho, pero la reacción ante la crítica sí. El Ministro Portavoz, Don Pío Cabanillas, le ha querido dar un buen tirón de orejas a la prensa. Su frase: “No puede negarse que el poder ha adoptado una actitud entre los medios que dista de corresponder a una simple inocuidad”, suena a matar al mensajero.
Dice que los medios están olvidando su papel y su razón de ser. Unas palabras totalmente innecesarias e inconvenientes sobre todo viniendo de quien ejerció tan alto cargo en Radiotelevisión española, porque durante su conferencia en el Club Siglo XXI a más de uno se le ha podido escapar la sonrisa al escuchar de su boca que nadie debe aspirar a ser dueño de la información.
Sobran los reproches y faltan soluciones serias y coherentes. Esa es la sensación que queda en la mayoría de la sociedad ante crisis a las que el Ejecutivo ha llegado tarde y mal. Hemos oído a Piqué, en el caso del Tireless, diciendo que no pasa nada; y a Trillo asegurando que, si en primavera no se ha reparado, el Gobierno quiere que se lo lleven a Gran Bretaña.
Cada uno es dueño de sus palabras y de sus hechos, aunque, lamentablemente, las consecuencias las paguen otros. Y en eso estamos.

Matar al mensajero
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