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Demasiado ricos

El gobierno norteamericano se encuentra con un problema totalmente desconocido, para el que ninguno de los sabios económicos tiene una solución por falta de experiencia. El dinero recogido gracias a los superávits fiscales y las proyecciones para que siga acumulándose es tanto que el erario público casi no podrá evitar convertirse en propietario de bienes privados, algo que no solo es anatema para el líder del capitalismo mundial, sino que inevitablemente distorsionará la economía del país.

Al presentar ante el Congreso el nuevo panorama, el presidente del Banco Central, Alan Greenspan, habló también del aspecto negativo, que es la parálisis súbita del crecimiento, pero añadió que la productividad es tal que prevé superávits cada día mayores. Es mejor, dijo, tener este problema que el de los déficits, pero la solución es mucho más difícil, como demostró la reacción de los legisladores: los republicanos vieron una bula para bajar impuestos y los demócratas empezaron a pensar en los programas sociales que podrán financiar con el dinero que les sobra.

Aunque Greenspan trató de mantenerse neutral y advirtió que las medidas fiscales son una decisión política y no monetaria, sus palabras provocaron reacciones de disgusto entre los demócratas. Para empezar, no atribuyó el espectacular crecimiento al ex presidente Clinton, sino al aumento de productividad generado no por acciones del gobierno, sino por el desarrollo tecnológico, comparable tan solo a los avances de hace un siglo. Siguió diciendo que le parece mejor recortar impuestos, especialmente el de plusvalías, que aumentar el gasto público, y acabó recomendando la privatización parcial de las pensiones.

Todos saben que las palabras de Greenspan tan solo servirán para animar la discusión: los demócratas se quedarán con su advertencia de que recortar los impuestos no sirve para impedir una recesión y los republicanos con su consejo de bajar los impuestos. A fin de cuentas, Greenspan reconoce que los errores son frecuentes e inevitables y que el mismo gigantismo de la economía norteamericana le da una dinámica que escapa a los pronóstico fiables.

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