En una semana, los rusos nos han proporcionado tres cifras diferentes sobre la guerrilla chechena. Los primeros han sido los militares, que tras un decreto presidencial tuvieron que entregar el control de las operaciones en la zona rebelde al Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB).
Un representante del Ejército declaró que el número de “terroristas derrotados y desmoralizados” no superaba los 1.000 y que otros 19.000 han sido aniquilados.
Con este informe optimista, los militares intentaron persuadir a la opinión pública y, especialmente, a la dirección política del país de que el Ejército ha hecho un “gran trabajo” y los que vienen detrás no tendrán problemas para acabar la obra.
Días después aparecieron las declaraciones del jefe del FSB, Nikolay Pátrushev. Con el desprecio tradicional de los de la Inteligencia hacia los “torpes militaruchos”, les puso en ridículo declarando que los combatientes chechenos son unos 5.000 y no están ni desmoralizados, ni derrotados. Así que el FSB tendrá muchas cosas que hacer y, en general, los “fanfarrones” del Ejército no han sido tan eficaces en Chechenia.
Y por fin aparece el general Manílov. En un intento por salvar la situación saca a la luz una nueva versión. Ahora, los “terroristas” son muchos más, aunque “se encuentran en sus casas esperando el momento oportuno para atacar a los rusos”.
Todo esto parece más trágico que ridículo. Demuestra con toda claridad que a los altos funcionarios rusos, especialmente militares, les interesa más sus propios juegos de palacio que la verdadera situación en Chechenia, donde cada día mueren personas y donde la situación es cada vez más alarmante.

¿Cuántos son los combatientes chechenos?
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