El Islam es algo más que una religión, es toda una cultura. No habiendo una separación entre César y Dios, la religión regula todas las actividades. Es un modo de vivir no sólo personal, lo es también social. La religión marca la ley civil. La Ley es Dios. En esto muestra que no se trata de algo superficial, penetra hasta lo más intimo, y lo más superficial, del hacer de los humanos. Esta Religión no es un añadido o un adorno. Es un modo de ser integral, que va desde reglas de higiene, de alimentación, a la meditación espiritual. Esa es su fuerza desde todos los puntos de vista.
La profunda coherencia de esa Religión hace que sea muy difícil el vivir en un mundo no islámico. Vivir integrado en el mundo occidental, es decir de acuerdo con sus leyes y costumbres, es estar prácticamente obligado sufrir una aculturación severa. El mundo occidental es el fruto, laico, de la religión cristiana. Es un mundo que ha sido constituido a partir de la tradición judeo-cristiana y helénica. Son los valores de esas tradiciones los que han conformado las leyes y los modos de vivir y relacionarse.
Dentro de ese mundo occidental, las tradiciones de base, con el paso del tiempo, han sufrido algunas alteraciones, entre ellas la aceptación del ateísmo como otro modo de pensar y no como un crimen, o la igualdad, es decir que valen lo mismo, al menos ante los ojos de la ley, el hombre y la mujer. La libertad de opinión en todos los terrenos esta reconocida y defendida por la ley. Todo esto, que algunos llaman laxitud, es lo que ha permitido el desarrollo de esta sociedad occidental y es su vertebración. Aceptar este modo de vida puede implicar para muchas personas procedentes de otras culturas una verdadera aculturación, lo que dificulta la integración. Y es hoy un problema en los países que reciben inmigrantes.
En el caso de los creyentes en el Islam, esta aculturación implica un cierto abandono, parcial a lo menos, de algunos valores religiosos importantes. Y la religión islámica es una religión integra, que no puede, o no debe, cortarse en trozos para adaptarse a otro modo de vida. La integración no puede hacerse al precio de abandonar la fe.
Los problemas interculturales no son de fácil solución, no basta con la buena voluntad, ni con la ocultación, son problemas que vienen de siglos. En algunos casos la política de integración debería, según algunos, ser sustituida por una política pluricultural. Y la experiencia reciente en Asia y en Europa ha mostrado los peligros que encierra el policulturismo sobre un mismo territorio. India-Paquistán, Israel-Palestina, Indonesia, Bosnia, Kosovo…son testigos de la dificultad. La tolerancia no es un valor universal.
NOTA:
Hay varias traducciones del Corán al español, citaremos dos: La traducción de J.Vernet de la Editorial Optima de Barcelona y la edición del Corán preparada por Julio Cortés, Editorial Herder de Barcelona. Ambos arabistas reconocidos internacionalmente. Recomendamos el uso de Las Concordancias del Corán, de Hanna E. Kassis y Karl I. Kobbervig, editado por el Instituto Hispano-Arabe de Cultura, Madrid, que es de gran ayuda para la lectura del Corán.

y 11. Los problemas interculturales
En Internacional
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