Hubo un tiempo en que el mundo era un inmenso país de dragones, un espacio sin fronteras en el que estos seres legendarios convivían con los hombres y les transmitían su sabiduría. La autora de este libro recrea ese mundo para comunicarlo con un lirismo y una delicadeza que convierten a estas criaturas fantásticas en una presencia entrañablemente poética para el lector.
La vida de un dragón permanece encerrada dentro de una piedra preciosa y como estas piedras no se destruyen, salvo accidentes, estos seres son inmortales. Si un ser humano y un dragón se acercan hasta el punto de beber el aire que ambos respiran se produce un prodigio. Los dragones “cantan azul” y a veces pueden nacer como fruto del experimento de un alquimista que, entre diversos ingredientes como aroma de verano o una lágrima de luna, mezcle un milagro importante como la sonrisa de un niño que sana tras una larga enfermedad.
Estas son sólo algunas de las características de los dragones que podemos descubrir en un libro que los niños a partir de diez años leerán sin pestañear y que como todo buen libro para niños tiene una segunda lectura que el adulto disfrutará en profundidad. Por ejemplo, una vez que descubre que su autora es cubana –recibió varios premios de Literatura en su país– y que emigró a EEUU en 1991, sabrá captar el doble sentido del relato de una hermosa isla habitada por sabios dragones que un buen día es dominada por un maléfico brujo al que no consiguen expulsar. También se emocionará con la historia del último dragón que batía sus alas para mover las aspas de los molinos y al que todos confundían con una nube henchida, excepto un noble caballero.
Daína Chaviano, País de dragones, Espasa Juvenil, Madrid, 2000, 129 páginas.

Esos maravillosos seres legendarios
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