La visita de Jatami a Rusia ha sido calificada por los medios rusos como histórica. No le reciben como a cualquier jefe de Estado, sino como a un amigo y aliado. El mismo patriarca ruso, tan ortodoxo que rechaza cualquier contacto con el Papa, acoge al líder islamista con los brazos abiertos y le llama “mi querido hermano”. La lista de las armas rusas más sofisticadas está a disposición de Jatami. La colaboración militar es a largo plazo; el iraní tan sólo tiene que elegir y pagar. Los rusos se encargan de todo: le llevan las armas a casa con repuestos y preparan en sus centros docentes al personal adecuado.
Pero no se trata sólo de modernizar las Fuerzas Armadas de la República Islámica por un importe que puede ascender a 8.000 millones de dólares. Rusia le ofrece a su amigo la más amplia colaboración en la esfera nuclear. Por el momento, está terminando las obras de la central nuclear de Bushir.
La prensa rusa elogia a Irán por su rechazo a la guerrilla chechena y a los taliban afganos, enemigos de Moscú. “Rusia e Irán son aliados por naturaleza, ya que se sienten marginados por el mundo occidental, especialmente Estados Unidos”, escribe el periódico oficioso ruso Strana.Ru. Además, los dos países “se sienten amenazados por la expansión de la OTAN en Europa, en el Cáucaso y en Asia Central”, añade.
Así, el propósito político del acercamiento de los dos países está muy claro. Rusia pone en práctica su antigua amenaza de crear nuevas alianzas estratégicas con sus vecinos asiáticos, en represalia por la ampliación de la OTAN hacia sus fronteras occidentales. No se trata sólo de Irán. Pronto estará en Moscú el líder chino.

Rusia, hacia nuevas alianzas estratégicas
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