Esta semana se han “celebrado” los aniversarios de las catástrofes de Doñana y Chernóbil. Se han cumplido 3 años de lo de Doñana, donde perduran altos niveles de venenos como el arsénico, por mucho que la Administración, incluida la de Justicia (lo de Justicia es un decir), intenten enterrar el tema. Durante décadas leeremos informes sobre los efectos del vertido que apenas han comenzado a manifestarse.
De lo de Chernóbil se han cumplido ya 15 años. Coincidiendo con tal aniversario, el Pleno del Congreso español ha aprobado un Plan Hidrológico que, salvando las distancias, puede ser otro desastre. Esta vez por decreto. Si llega a realizarse, tras su previsible aprobación en el debate del Senado, será un desastre ecológico para el Delta del Ebro y para decenas de zonas afectadas por embalses. Pero también será un desastre económico.
España es ya el país del mundo con más embalses en proporción a su población. Más de 1.100 grandes presas que pierden hasta un 40% del agua antes de llegar a su destino. Y su destino, en un 80%, es un regadío con frecuencia en declive e hipersubvencionado, en el que se usa hasta el triple del agua necesaria. Eso sin hablar de las colosales superficies de regadío ilegal que hay en nuestro país y en las que nadie mete mano.
Unas simples medidas de eficiencia, ahorro y modernización nos dotarían -sin hacer nuevos embalses- con unos volúmenes de agua muchas veces superiores a los que aporta el PHN, con menos coste, en menos tiempo y con casi nulo impacto ambiental.
Pero -como si viviéramos en una economía planificada de corte soviético- aquí se sigue llevando, como denuncia el profesor Ramón Llamas, la política del embalse y el trasvase regalado al margen de la economía de mercado. Hasta el Círculo de Empresarios se ha echado las manos a la cabeza. Y, lo que es más grave, se hacen embalses para unos supuestos nuevos regadíos que se sabe que nunca se harán, por que son inviables en el actual contexto económico. Total, es pólvora del rey.
Y, para probar el rigor “técnico” con el que se manejan las inversiones, nada más que ver cómo se añaden caprichosamente obras por cientos de miles de millones de pesetas cuando hay que ganarse apoyos (como ha pasado con Aragón, Cataluña, C-La Mancha o Extremadura).
La comunidad científica prácticamente en pleno critica durísimamente el plan (y ojo, porque son los mismos científicos que en su día criticaron el plan del PSOE y con los que el PP hizo buenas migas cuando era oposición compartiendo sus planteamientos). Pero a SEOPAN y alguna que otra empresa (entre ellas alguna hidroeléctrica) el plan va a beneficiarles sobremanera.
Si al final nos gastamos billones en un trasvase que previsiblemente no llevará ni un tercio del agua proyectada -como ya ha pasado con el Tajo-Segura- para abastecer zonas cuajadas de regadíos ilegales, y en unos embalses que jamás regarán nada, no importa. Es pólvora del rey.

PHN y pólvora del rey
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